Medio: La Razón
Fecha de la publicación: domingo 08 de agosto de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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El movimiento golpista que llevó a Hugo Banzer al poder
comenzó en Santa Cruz el 19 de agosto de 1971 y culminó en La Paz el día 21,
dando inicio a un septenio sobre el que se hace necesario refrescar la memoria
colectiva al cumplirse los 50 años.
Derechos Humanos. El sacerdote y activista
Federico Aguiló, en consonancia con las denuncias del propio Jaime Paz Zamora
ante el Tribunal Russell y las de la COB ante la ONU y la OIT, hizo cálculos
numéricos de lo que fue la represión fascista en aquellos tiempos (Nunca más
para Bolivia, Cochabamba, 1993). Las cifras de Aguiló admiten precisiones y
ampliaciones, como las que hizo la Comisión de la Verdad, pero nunca fueron
desmentidas: detenidos, 3.059 personas (15% mujeres y 85% varones);
residenciados y confinados, 1.259; exiliados forzosos, 663; torturados, 125 (25
de los cuales no vivieron para contarlo); muertos y desaparecidos en
enfrentamientos y masacres, 429 (por lo menos 24 cayeron en la universidad de
Santa Cruz); en lo que se llamó la Masacre del Valle de 1974, figuran 78
personas; asesinatos políticos, 39.
Terrorismo de Estado. René Zavaleta Mercado afirmó
que la función de la represión no se dirigía solamente a enfrentar a quienes
resistían al régimen, sino que también buscaba la implantación de “horizontes
de referencia”, o sea que el modelo banzerista generalizaba el terror como un
movimiento de reconstitución ideológica.
Inicialmente Banzer declaró vigente la Constitución de 1967,
“en todo aquello que no contradiga el espíritu y naturaleza del Gobierno
Nacionalista y sus realizaciones” (D.S. 09875, 7 de septiembre de 1971). Esto
le permitió manejar el país discrecionalmente con “decretos-leyes” (parlamento
ya no existía desde 1969). Se aprobaron normativas autoritarias como la Ley de
Seguridad del Estado, la Ley Fundamental de la Universidad Boliviana (sin
vestigios de autonomía) y decretos que autorizaban detenciones políticas por
“el tiempo que fuere necesario”.
La libertad de expresión, de hecho, fue suprimida y se
implantó una suerte de autocensura en los medios. Una buena parte de la planta
profesional de los periodistas, reporteros y radialistas fue víctima de
despidos, persecuciones y destierros. Las radioemisoras mineras fueron víctimas
de asaltos y clausuras.
Del mismo modo, los derechos de libre asociación fueron en
la práctica ignorados o pisoteados. Los únicos partidos políticos permitidos
fueron, en la primera etapa, los dos aliados del gobierno, el MNR y la FSB.
Violencia, represión y fraude. El 9 de noviembre de
1974, Banzer lanzó una serie de nuevos decretos instaurando un “Nuevo Orden”
que prohibía formalmente toda actividad política, disolvía los sindicatos y
promovía la nominación directa de “coordinadores” sindicales por el Ministerio
de Trabajo. Las cosas debían permanecer sin alteración hasta 1980, año en el
que la dictadura anunciaría medidas constitucionales.
Pero, soplaban nuevos vientos desde el norte y la
resistencia popular por la democracia había horadado los cimientos de la
dictadura. Una masiva huelga de hambre, iniciada en La Paz a fines de 1977 por
un grupo de mujeres mineras a favor de una amnistía irrestricta y el retorno de
todos los exiliados, le dobló la mano a Banzer. De ahí en adelante su régimen
se desmoronó sin remedio. Convocó a elecciones adelantadas en 1978, pero
organizó un inmenso fraude para favorecer a su candidato Juan Pereda,
exministro de Gobierno.
“El banzerismo había surgido con la violencia, se había
mantenido con la represión y quería perpetuarse con el fraude”, sostuvo la
Asamblea Permanente de Derechos Humanos en una publicación contundente e
irrefutable.
Cuando Marcelo Quiroga Santa Cruz inició un juicio de
responsabilidades en el Congreso, recapitulando los desmanes represivos y el
manejo de los recursos del país como un botín, los militares banzeristas lo
condenaron a muerte. García Meza y Arce Gómez ejecutaron la sentencia
asesinando a Marcelo el 17 de julio de 1980.



