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Medio: La Razón
Fecha de la publicación: domingo 08 de agosto de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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Como si se tratara de un enviado por algún comando especial
intergaláctico para luchar contra Evo Morales que se pretendía eternizar en la
presidencia, según lo afirman convencidos quienes fueron despojados del triunfo
del 21F de 2016, como si fuera un jovenzuelo acelerado que nada más arenga y se
encomienda a Dios para lograr sus objetivos, Luis Fernando Camacho supo
conducir durante 21 días las movilizaciones y las citas multitudinarias para,
en nombre de Dios, luchar contra la “dictadura masista” y finalmente contra ese
hasta ahora no demostrado fraude electoral que se convirtió en la puesta en
escena clave para que en las cabezas y en los corazones de las clases medias
citadinas se enquistara la idea ya no solo de un Evo que se había burlado de la
voluntad en las urnas tres años atrás, sino que nuevamente lo hacía para
imponer, a través de malas artes, un triunfo en primera vuelta en las
elecciones del 20 de octubre de 2019.
Luis Fernando Camacho ha superado con creces los desempeños
de antecesores suyos como Germán Antelo y Rubén Costas en la presidencia del
Comité Cívico pro Santa Cruz. Y no solo eso, porque quienes esperaban que el
retorno de Branko Marinkovic desde Brasil, luego de una década de autoexilio,
se tornara apoteósico, se quedaron con los crespos hechos, porque no habían
asumido conciencia de que 10 años eran demasiados y no cabía esperar más para
que un nuevo liderazgo como el asumido por este hijo de un empresario que fuera
presidente de la Confederación del rubro, con antecedentes paramilitares y
falangistas para el triunfo de la dictadura de Banzer en agosto de 1971, se
perfilara con energía y mística para cuestionar al poder ya no desde la
comodidad y el confort que permiten las redes sociales, sino desde las calles,
esas en las que el MAS y sus organizaciones sociales fueron ganando espacios y
concretando victorias parciales desde 2002 hasta lograr alcanzar el gobierno y
el poder.
Camacho no es el de la sonrisa publicitaria forzada con
apariencia de querer vender alguna nueva pasta dental exhibiendo
innecesariamente las encías. Esa imagen corresponde a los días en que ya había
alcanzado los objetivos que se trazó con los activistas cívicos que lo
acompañaron entre el 21 de octubre y el 12 de noviembre de 2019. Camacho es más
bien el de los dientes apretados y los ojos cerrados utilizando la Biblia,
dispuesto a emprender viaje hacia La Paz para arrancarle a Evo su renuncia.
Actuó en nombre de Dios, vitoreado por la cristiandad cruceña y los cambas que
viven en ciudadelas como el Plan Tres Mil y la Villa Primero de Mayo que no
dudaron en alterar el orden público, bloqueando calles, avenidas y anillos,
controlando a quienes osaran romper con la paralización total de la ciudad. Tal
cantidad de gente coordinada por el Comité Cívico necesita dinero para
transportarse y comer, a fin de cumplir con cada larga jornada de vigilia y
protesta. ¿De dónde salió ese dinero? ¿Quién financió el transporte y el
alimento para que se pudiera aguantar durante tres semanas? Es la parte de la
historia que necesita averiguaciones todavía pendientes.
Protestas. Santa Cruz de la
Sierra fue un bastión en las movilizaciones contra el gobierno de Evo Morales
en 2019.
LA PAZ.
Camacho era esperado por los “pititas” collas de La Paz,
sincronizadamentre acompañado a través de Marco Pumari por los incendiarios
antimasistas del Comité Cívico Potosinista en la ciudad del Cerro Rico, y
cuando la crisis alcanzó su pico más alto, es quien consolidó el retiro del
apoyo policial y militar a un gobierno que reacciona tarde, que ya no controla
nada, y ni siquiera tiene la capacidad de articular movilizaciones sociales que
no pasen por la participación de militantes convencidos penetrados por
vándalos, saqueadores e incendiarios de propiedades públicas y privadas, y por
eso el MAS, al ser rebasado por el lumpen, sobre todo en zonas paceñas como El
Pedregal, donde caen cuatro muertos a manos de policías y militares, Ovejuyo y
Chasquipampa, termina estigmatizado como horda de facinerosos y delincuentes.
La ecuación es perfecta: los movilizados de la Unión Juvenil
desde el Cristo de Santa Cruz de la Sierra, que la emprenden contra campesinos
en Montero o Yapacaní, y en la zona sur de Cochabamba la Resistencia Juvenil
acosa, humilla y agrede a militantes y a supuestos militantes del llamado
“proceso de cambio”; se encuentran sintonizados con los bloqueadores paceños de
los suburbios residenciales de la sede de gobierno, temerosos y parapetados
contra la indiada que podría descolgarse de sus zonas urbano-rurales.
Durante la crisis, Camacho reúne a diario a una multitud
desde las 19.00 a los pies de ese Cristo Redentor esculpido por el talentoso
artista plástico Emiliano Luján y que se erigió en uno de los principales
símbolos de la ciudad cuando en 1961 sus 7,5 metros fueron instalados en esa
rotonda que es como un paréntesis de la que fuera la avenida Norte que conecta
con la carretera que lleva a Warnes y Montero, más tarde avenida Banzer y ahora
finalmente denominada Cristo Redentor, aunque sus primeras cuadras sigan bajo
el denominativo de Monseñor Rivero (Daniel), quien fuera arzobispo de Santa
Cruz en tiempos del Cuarto Congreso Eucarístico, cuando se inauguró este
monumento al hijo de Dios que ilumina y bendice la insurrección contra el
evismo.
Luis Fernando Camacho Vaca, de padre cruceño y de madre
beniana, es el macho alfa del Cristo de la Banzer. El primer líder cruceño del
nuevo siglo tiene mucho que ver con eso de levantar el nombre de Dios por
causas justas y aunque oficialmente la avenida más larga e importante de Santa
Cruz de la Sierra ya no lleve el nombre del General, no hay cruceño o cruceña
que no diga “vamos por la Banzer”.
Para saber quién es este presidente del Comité Cívico pro
Santa Cruz no es necesario investigar su trayectoria como, por ejemplo, la de
Oscar Ortiz, de quien en esta serie periodística de Memoria y Archivo hemos
dicho que fue el consumador de la presidencia de Jeanine Áñez en el Senado,
junto a Arturo Murillo. Camacho no tiene antecedentes más que los de sus responsabilidades
con una empresa de seguros de vida y contra accidentes, y asuntos tributarios
pendientes como muchísimos de los que existen en el país. De él podemos
enumerar acciones que lo posesionan como el materializador callejero de la
derrota política de Evo Morales que termina asilándose para salvar el pellejo,
porque aunque exhiba una extraordinaria habilidad para hacerse el distraído, el
jefe de esta manada de lobos dispuestos a jugarse al todo o nada para sacar a
Evo del poder sabe que el pellejo del defenestrado presidente está en riesgo y
de eso sabe con detalle el general Gonzalo Terceros, en ese momento comandante
de la Fuerza Aérea.
Expresidente. Evo Morales, tras
ganar las elecciones de 2019.
Camacho ora y arenga en el Cristo de la Banzer. Camacho
llega con la carta de pedido de renuncia a Evo y un grupo organizado de
masistas no lo deja ingresar por el aeropuerto de El Alto; debe volver sobre
sus pasos, pero no se da por vencido porque al segundo intento logra penetrar a
La Paz como el Libertador enviado por el Cristo cincelado por Emiliano Luján
para instalar su cuartel en esa otra Casa Grande (Exprés), no la del Pueblo,
sino la de la zona Sur de La Paz con cinco estrellas reconocidas por la
hotelería internacional y en la que recibe a Jeanine Áñez y a Oscar Ortiz,
luego de que estos arriban en helicóptero desde El Alto hasta el Colegio
Militar del Ejército de Irpavi.
Camacho, luego, el mismo 10 de noviembre, mete una Biblia
monumental para decir que “ha vuelto al Palacio”. A la mierda el Estado laico,
viva la Iglesia Católica, viva la religión oficial de la República de Bolivia.
Camacho demuestra que la política, en primer lugar, aunque no tengamos certeza
de cuánto sabe sobre los santos evangelios, es una cuestión de fe o por lo
menos el mecanismo para movilizar almas en contra del “tirano” bajo su influjo.
PODER.
Los apolíticos de La Paz que votaron por el No a la
repostulación de Evo Morales y la “izquierda de Sopocachi” terminan
coincidiendo en lo que no quieren, porque lo que quieren no es necesario que
importe. No quieren que Evo se eternice en la silla presidencial. No quieren
que Bolivia sea como Cuba o Venezuela. En fin, no quieren que los indígena
originario campesinos retengan la torta del poder y sigan monopolizando la
repartija de beneficios que facilita la burocracia gubernamental y en ese gran
contexto habría sido justo y agradecido hacerle un homenaje a este Camacho que
no se desdice ni en una coma por todo lo encarado, a diferencia de sus
circunstanciales cómplices políticos que lloriquean cuando el Ministerio
Público los llama a declarar o bajan el perfil para intentar pasar inadvertidos
la tormenta de la recuperación del Estado de derecho que ha vuelto a poner al
MAS en el centro de los poderes públicos con su triunfo del 18 de octubre de
2020, cuando las coartadas sobre prorroguismo y fraude han quedado atrás.
Más imágenes: Camacho deja la Biblia en el hall central del
Palacio Quemado y el 12 de noviembre sube al balcón principal a festejar el
triunfo. Participa inicialmente de la organización y arranque del nuevo
gobierno, con dos ministros en el gabinete (Presidencia y Defensa), lo que
significa que el aparato político del gobierno de la transición, producto de
una sucesión que viola el artículo 169 de la Constitución —en la que el astuto
macho alfa de la conspiración no participa en lo más mínimo—, va a pasar
necesariamente por su mirada y decisiones. A continuación, al presidente del
comité cívico nada más le queda fundar su propia agrupación ciudadana, que el
24 de enero de 2020 emerge con el nombre de Creemos y lo conduce a la
candidatura presidencial.
La idea de la transición gubernamental a la cabeza de
Jeanine Áñez, desde sectores camachistas, es conformar un gabinete de
ciudadanos, perfil que Murillo, Ortiz y la propia Áñez desestiman, porque
quienes imponen la nueva rosca de poder son estos militantes del Movimiento
Demócrata Social, el partido de Rubén Costas, que declara que ellos no
participan oficialmente del gobierno como estructura partidaria.
El ministro de Defensa, Luis Fernando López, que había sido
un asesor clave en materia político militar, decide quedarse con Áñez y romper
con su amigo del alma, decisiones que terminan favoreciendo a Camacho, lo que
le permite marcar distancia de un gobierno que usa la pandemia con sus tiempos
excepcionales para convertirse en un régimen de corruptos, de represores
políticos y extorsionadores judiciales.
Colaboradores. Jeanine Áñez,
rodeado por quienes la colaboraron en su proclamación como presidenta, el 12 de
noviembre de 2019.
Sin sospecharlo, Murillo, que se hace dueño y señor del
Ejecutivo, provoca que Camacho suba y suba en las encuestas como candidato
presidencial, lo que obliga a Áñez a bajarse de la carrera electoral. No es
poco: el ya jefe de Creemos se ha cargado a un presidente que gobernó durante
14 años y ahora se carga a una candidata que en principio pintaba como factor
de unidad opositora frente al MAS.
Camacho es una topadora y, al mismo tiempo que se ha
desmarcado con nitidez de la impresentable transitoriedad gubernamental, sube
del 1% hasta el 15% de la preferencia electoral, cifra con la que queda tercero
en las elecciones que gana Arce Catacora. La corporación de opinadores y
algunos otros sectores lo presionan para que, al igual que Áñez, deponga su
candidatura, pero, como su lógica no es la de los pactos forzados e
inconsistentes, sigue al frente, y aunque sabe del riesgo de perecer en el
intento, recibiendo solamente la votación cruceña (45%), no se baja, porque no
hay factores que le permitan coincidir con Comunidad Ciudadana (CC) que, al
igual que un año antes, vuelve a perder en las urnas. Ni sumando los votos de
Mesa con el macho alfa de octubre-noviembre de 2019 habrían logrado ganarle al
MAS-IPSP.
Tuto era conceptualmente el mejor candidato neoliberal, pero
su 1% en las encuestas lo obliga a renunciar a la candidatura. Mesa, el
supuesto caballo ganador, único con posibilidades de ganarle al MAS según sus
autoengañosas encuestas, llega a la misma cifra que Tuto frente a Evo en 2005,
28%. Doria Medina, sin pena ni gloria, se queda sin candidatura
vicepresidencial, debido a que Jeanine se baja porque hace un gobierno más que
lamentable, convertido en funcional a los intereses de recomposición y
rearticulación del MAS. Ortiz termina como el título de la novela del gran
Osvaldo Soriano: Triste, solitario y final, botado por Áñez del cargo de
ministro de Economía y Finanzas Públicas, al influjo de su excolega y examigo
Arturo Murillo, ahora encarcelado en Miami por lavado de dinero y sobreprecios
de materiales para reprimir al pueblo masista.
Áñez pierde su libertad, y enfrenta una interminable lista
de acusaciones que van desde sedición y terrorismo, pasando por masacres y por
contravenciones a la Constitución y a las leyes. En buenas cuentas, la
transición y las candidaturas contra el partido azul quedan despedazadas,
mientras Luis Fernando Camacho se encamina sin mirar a los costados hacia su
triunfo producido el 7 de marzo en las subnacionales que le permiten acceder a
la Gobernación del departamento de Santa Cruz con el mismo porcentaje con el
que Arce había ganado la presidencia, 55%. Todos quienes estuvieron directa o
indirectamente ligados a las reuniones de la Universidad Católica del 10, 11 y
12 de noviembre de 2019 han perdido en la transición, la propia Áñez que apenas
logra un tercer lugar con un 13% en el intento de ser gobernadora del Beni por
la Alianza Ahora, un invento de último momento electoral.
La Paz. Camacho, junto a Pumari y
León, en el Palacio Quemado.
Durante el año en que Bolivia se hundió en la peor crisis de
Estado de los últimos tiempos, expresada en su desinstitucionalización
democrática, quien ha salido ileso y triunfante de ese crítico momento es Luis
Fernando Camacho. Recuerda a esos tiroteos cinematográficos en los bares de los
polvorientos pueblos del lejano oeste norteamericano en los que mientras todos
se matan, siempre hay uno, muy ágil, que se escabulle por debajo de las mesas sin
dejar rastro.
Nada amedrenta a este que alguien calificó del “nuevo
Banzer”, comparación que nada tiene que ver con estos tiempos de fake news y
TikTok en los que Luis Fernando Camacho no tiene relación directa con el cúmulo
de desmanes y atrocidades cometidos por el gobierno de Áñez. ¿De qué se lo
podría acusar por lo sucedido en octubre y noviembre de 2019? Máximo de haberle
pedido la renuncia a Evo, si se considera este un acto de sedición contemplado
en el artículo 123 del Código Penal.
Nada más. Nada menos. Legitimado y empoderado en su
condición de nuevo gobernador del departamento más extenso y económicamente más
fuerte del país, declara sin dubitar que acudirá a declarar a la Fiscalía
cuando se lo convoque, para ratificar todas y cada una de las acciones
emprendidas que, según su visión y convicciones, llevaron a recuperar la
verdadera democracia en Bolivia. Su frontalidad y el hacerse cargo de todo lo
actuado en los violentos días de fines de 2019 explican por qué Luis Fernando
Camacho deberá ser considerado para la historia el autor principal de la caída
de Evo Morales.
¿Qué le falta a este hombre de la derecha boliviana,
orgulloso de su antimasismo, rabioso anticomunista que todavía no comprende que
Evo, su gran enemigo, no es comunista, al menos no de acuerdo con el manual
ideológico de los años 70? Conocer Bolivia. Superar las aprisionantes barreras
de una clase dominante ombliguista en su regionalismo para intentar comprender
las lógicas diversas del Estado Plurinacional. Rubén Costas decía que su
partido había logrado alcance nacional. Los hechos demostraron que no había
sido cierto. Los Demócratas cruceños dejaron de existir como partido. A Camacho
le toca explicarle al resto del país que autonomías y federalismo no
necesariamente son sinónimo de separatismo, que lo suyo puede ser alternativo a
lo nacional popular expresado a través no solo del MAS, sino fundamentalmente
del Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos (IPSP), donde se
encuentran nucleadas las organizaciones sociales, negadas en sus existencias
por conservadores y liberales, negación que los ha llevado a un sistemático
fracaso, en los que la nueva izquierda boliviana terminará gobernando por lo
menos 20 años, si es que no logra reproducir el poder en 2025.
La Razón publica una serie de
artículos relacionados con el poder y los medios de comunicación en Bolivia. El
periodista Julio Peñaloza Bretel investiga trayectorias de la esfera política
con peso específico, así como las relaciones complejas y conflictivas entre personalidades
públicas y la estructura mediática urbana dominante en el país. La base de esta
propuesta está inspirada en la necesidad de acudir a la memoria para combatir
el olvido y el desconocimiento.
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