Medio: El Diario
Fecha de la publicación: domingo 08 de agosto de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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El Dr. Víctor Paz Estenssoro al asumir por cuarta vez la presidencia de la República de Bolivia en 1985, renunció a la jefatura de su partido el MNR, y sentenció: “ahora soy presidente de todos los bolivianos”. pues esa es la conducta jurídico política y lo que dispone la Constitución, ya que el Estado es uno solo y la cabeza del gobierno de ese Estado debe ser también uno solo y para todos, en el sistema de gobierno presidencialista.
Apartándose de la lógica jurídica, el gobierno del populismo-masista en su segunda versión, siguiendo a la primera de populismo cargado de odio, racismo y autoritarismo, que duró casi catorce años, ha imprimido desde el día mismo que el señor Luis Arce Catacora asumió la presidencia del Estado, una política de descalificación, revanchismo y condena a la otra mitad de los bolivianos que no votaron por el populismo. Y no desaprovecha oportunidad alguna en mantener ese discurso, aun en celebraciones de fechas históricas como el 16 de julio y el 6 de agosto, cuando debió hacer referencia a los hechos históricos mismos y su importancia para la independencia de los pueblos de América.
En el anterior gobierno del populismo-masista, el entonces presidente Morales Ayma solía dar la representatividad del pueblo boliviano en su conjunto a los miembros de la Conalcam, organismo absolutamente al servicio de los intereses de ese gobierno, persiguiendo y encarcelando a los dirigentes cívicos, políticos y regionales de oposición, en esa torcida visión de: “están conmigo o están contra mí”, muy propia de los dictadores que no entienden que el Estado está compuesto por territorio, población y gobierno, donde la población es diversa en sus pensamientos, opiniones y tendencias políticas, y en un sistema de gobierno democrático, las mayorías y minorías son parte del gobierno.
El socialismo marxista, que inspira a los gobiernos populistas, impone o pretende imponer a la fuerza un solo pensamiento, una sola ideología y, por supuesto, en el ejercicio del poder, un solo partido político y un caudillo vitalicio. Las libertades y derechos son suprimidos, el pueblo solo tiene la obligación de obedecer y trabajar para el Estado. Pese a ello, en la Cuba sometida hace sesenta años por el castrismo-comunismo, se han levantado voces valientes de protesta contra el régimen, que no ha vacilado en reprimir violentamente a una expresión de descontento y hartazgo.
Una de las atribuciones del presidente del Estado, según la actual Constitución Política, en su Art. 172, numeral 2, es: “Mantener y preservar la unidad del Estado boliviano”, y en consecuencia poco o nada se puede lograr para conseguir la unidad, con la política del odio político y racial y peor aún con la narrativa de que en octubre-noviembre de 2019 hubo un golpe de Estado, y que no hubo fraude electoral, como el que provocó el levantamiento del pueblo y determinó la renuncia y huida del caudillo que pretendía quedarse en el gobierno por siempre.
Se han elevado voces como la de la Iglesia Católica, de intelectuales y periodistas que piden y sugieren que se busque la unidad y concordia del pueblo boliviano, ahora tan dividido por las políticas de odio y revancha del populismo, pero esta pacificación solo será posible si los que detentan el poder dejan de lado su discurso provocador a miles de jóvenes “pititas”, que se echaron a las calles en defensa de su voto. Ante la patriótica propuesta de concertación, el dirigente de los cocaleros del Chapare y del partido oficialista, Evo Morales, se pronunció: “No comparto cuando algunos dicen que haya reconciliación. No va haber reconciliación con fascistas, racistas, salvo que entiendan que nuestra ideología y nuestro programa está bien para Bolivia”. El pensamiento Evo Morales es absolutamente autoritario y hegemónico, como lo fue su gestión de gobierno, pues dice: o aceptan mis ideas (?) o nada.
El gran pensador paceño Franz Tamayo sentenció: “A título de mayoría, el partido de gobierno comienza a devorar a la Nación, para acabar a su turno devorado por su jefe, el hombre de acción, ello es posible solamente gracias a que el patrimonio de todos, que es el poder y el dinero público, es puesto al servicio de la criminal empresa”.
El amor al prójimo, como lo enseñó Jesucristo, debiera ser la guía de los coyunturales gobernantes en su gestión de gobierno, pues no olvidemos que: “el que ama construye, y el que odia destruye”.



