Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 23 de octubre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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El día de las elecciones, a pesar de todas las
arbitrariedades cometidas durante todo el proceso electoral, arbitrariedades
que han sumado, una a una, rabia y desconfianza, la gente ha ido a votar con
una tranquilidad y un aplomo colectivo impresionantes.
Sin insultos, sin ni un solo acto de violencia, demostrando
una vez más en la historia de este país que las soluciones vienen desde abajo.
Hemos demostrado que el problema está en los políticos y que los odios que
cultivan les sirven a ellos, y a nadie más.
Esa actitud generalizada ha sido un mensaje colectivo que
decía: respeten nuestro voto, por favor.
Es la suspensión inesperada, sospechosa, irresponsable e
inexplicable del conteo rápido, suspensión para la que la presidenta del
Tribunal Electoral no ha dado ninguna explicación, lo que ha levantado la
desconfianza, la rabia y la ira explosiva.
Lo sucedido en todos los tribunales departamentales es
responsabilidad de la sala plena del tribunal supremo de la mentira electoral,
que bien se ha ganado el nombre de sala funeraria de la democracia. La
desconfianza en los resultados electorales que nos anuncian tiene esa causa y
esa responsabilidad.
¿Cuál es la salida?
La salida el domingo era no suspender el conteo rápido, tan
simple como eso.
¿Cuál es la salida hoy? ¿En manos de quién dejarían esa
salida? Así como no dejaría a un bebé pequeño, un animalito y ni siquiera una
planta al cuidado de personajes como Quintana, Romero o García Linera; de
la misma manera dejar la salida en manos de hombres así, cuyo único interés es
el poder y el dinero, es suicida. Dejar, por otro lado, la salida en manos de
Camacho del Comité Cívico Pro Santa Cruz, dejar la salida en manos de machistas
que entienden esta disputa como una disputa de poder, es abrirle las puertas al
fascismo; es abrir los ataúdes una vez más para que gane, una vez más, el más
fuerte, el más sanguinario, el más impune.
Convertir el fraude en un enfrentamiento racista es
impulsar, desear y promover el racismo.
Convertir el fraude en una polarización social del país
entero es fascistizar la discusión. Esto no es indígen@s contra blanc@s; ni
citadin@s contra campesin@s; ni cambas contra collas.
Los sentimientos regionales en Sucre, Potosí, Tarija, Pando
y Santa Cruz frente a un tribunal electoral que no tiene credibilidad, nos
colocan frente a una crisis política generalizada. Se engaña el Gobierno si
cree que puede reeditar la burla del voto como lo hizo en el referendo. Se
engaña el Gobierno si cree que este es un problema de Mesa, el problema está
también en su mesa.
Por eso creo que es urgente que un grupo grande de mujeres
tome la iniciativa de proponer una solución al país para salir de la lógica de
pelea de gallos, propia de caudillos y salvadores que se erigen como
encarnación de la patria y del pueblo.
Convoco a Cecilia Requena, Loyola Guzmán, Carmen Almendras,
Graciela Toro a la renunciante vocal del Tribunal de Sucre, a las escritoras
Liliana Colanzi y Magela Baudoin, a la politóloga Elena Argirakis, a la mujer
policía que se negó a reprimir Potosí, a la presidenta del Tribunal Electoral
de Santa Cruz; convoco a las periodistas de consciencia, que las hay
muchas, a que formemos una mesa de diálogo para proponerle al país otra salida,
que no sea la de desatar el odio.
La lógica de unos contra otros y si no estás conmigo estás
contra mí es la lógica de pelea de gallos que viene gobernando y gastando al
país históricamente.
Estoy convencida de que podemos llegar a una agenda de
soluciones democráticas diferente a la que pueden plantear hombres deshumanizados
y angurrientos de poder.
Así como no les dejaría al cuidado de la wawa, de la
mermelada, ni del caldo; no les dejo al cuidado de la democracia ni del voto.
Podemos hacerlo y salir, por una vez en la historia, de esta
gastada lógica patriarcal. Es cuestión de lanzarnos a sembrar esperanzas, a
repartir flores, a gritar rebeldías, a abrir puertas en el cielo y no nichos en
el cementerio. Nosotras nos jugamos el país, no el poder; nosotras nos jugamos
las libertades, no el gobierno. Nosotras nos jugamos las esperanzas, no los
cargos.



