Medio: La Razón
Fecha de la publicación: martes 03 de agosto de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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De veras creen en la
imparcialidad, la neutralidad y la santidad de la OEA? Ahora mismo, el
organismo multilateral está en tela de juicio por muchos de sus actos en la
región, especialmente su rol en las elecciones en Bolivia de 2019.
El presidente
argentino Alberto Fernández dijo que es “una suerte de escuadrón para avanzar
sobre los gobiernos populares” y su colega de México, Andrés Manuel López
Obrador, quien dijo que “no debe descartarse la sustitución de la OEA por un
organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie”.
Ni qué decir de Luis
Arce, que se hizo eco del mandatario mexicano al decir que la región necesita
de un organismo que “respete la autodeterminación de los pueblos y no de cabida
a la hegemonía de un solo Estado”.
En ese ámbito de
duros cuestionamientos a la OEA no son casuales las actuaciones de su
secretario general, Luis Almagro, que resulta implacable con los gobiernos de
Cuba y Venezuela, especialmente, y condescendiente con otros países que
sostienen una línea hegemónica de Estados Unidos.
Otrora canciller de
José Mujica y expulsado en 2018 del Frente Amplio de Uruguay, precisamente por
alentar el derrocamiento de Nicolás Maduro, Almagro fue pieza clave antes,
durante y después de las anuladas elecciones generales de 2019 en Bolivia.
Transitó de manera sospechosa entre amores y desamores con Evo Morales al menos
desde 2016.
Entonces había
pedido a Morales respetar los resultados del referéndum que le dijo a éste No a
la reelección. “Ningún juez puede levantar el dictamen del único soberano: el
pueblo”, escribió sobre la iniciativa oficialista de recurrir entonces al
Tribunal Constitucional.
Y cuando el tribunal
dio su fallo favorable a Morales, Almagro escribió el 29 de noviembre de 2017:
“En realidad, el artículo 23 de la Convención Americana de DDHH citado en
sentencia del Tribunal Constitucional de Bolivia no contempla el derecho a
perpetuarse en el poder”.
Para entonces,
Morales comenzaba a hacer planes para los comicios de 2019. En medio de sus
afanes apareció Almagro con un discurso cambiado, incluso capaz de molestar a
sus admiradores: “Decir que Evo Morales no puede participar, eso sería
absolutamente discriminatorio con los otros presidentes que han participado en
procesos electorales sobre la base de un fallo judicial reconociendo la
garantía de sus derechos humanos”.
Fue en La Paz que
dijo eso, el 17 de mayo de 2019, cuando visitó a Morales en la Casa Grande del
Pueblo y luego el Chapare, cual si fuera entrañable amigo y aliado político.
La visita y los
halagos no fueron casuales; Almagro perseguía una estrategia: lograr instalar
la misión de la OEA en las elecciones y “contribuir a cortar con un proceso de
reelección que sobrepasaba el marco legal”. Esto último lo describen los
periodistas uruguayos Gonzalo Ferreira y Martín Natalevich en su libro Luis
Almagro no pide perdón (Planeta, 2020), para el que hablaron con él 20
horas.
“Había que estar, y
la manera de estar era asumir determinadas responsabilidades y retos
políticos”, dice Almagro, según el libro.
“Pero yo tenía que
tener esa posibilidad de evitar eso (victoria de Morales en primera vuelta), si
pasaba. La lógica era la segunda (segunda vuelta). Después te preocupás un poco
cuando empieza a dividirse la oposición (se ríe), pero ni así”, complementa
Almagro.
Nada más al
fallar/suspenderse el sistema de conteo rápido (TREP) el domingo de elecciones,
la misión de la OEA pegó el grito al cielo. El TREP es solo una herramienta de
información, no es el resultado final, pero sirvió para que los detractores de
Morales comiencen a echar sombra sobre los resultados, que en criterio de un
estudio de la Universidad de Salamanca no sufrieron modificaciones.
Ahí estuvo Almagro,
y su representación en Bolivia ya había discutido las líneas previas con el
funcionario estadounidense Kevin O’Reilly cuando se reunieron en La Paz el 25
de julio de 2019 para “levantar la voz” contra el “fraude” tres meses antes de
los comicios. ¿Ha sido neutral? Solo sus aliados en Bolivia creen que sí. No
fue neutral, fue nefasto.



