Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: martes 22 de octubre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
No existe justificación creíble para el frenazo del recuento
rápido, ya que decir, como el TSE, que se trata de “evitar confusiones con
el resultado del sistema de cómputo departamental” carece de base lógica y
choca con la experiencia acumulada por el país en largos años. En realidad, la
trampa consiste en ocultar los datos del recuento que prueban que la
segunda vuelta es un hecho y sustituirlo con el lento conteo físico,
departamental; mientras preparan y arman más triquiñuelas, como las de Potosí y
todos los lugares con poco o ningún control ciudadano, como muchos del
extranjero y del campo “profundo”.
El enfoque del TSE, achacando potenciales problemas al
sistema informático, trata de tapar que el primer sistema que ha caído es el
del prepotente triunfalismo del régimen y su anuncio de ganar con 70%. El
conteo rápido, tal 100%, de la empresa que le había dado previamente 20 puntos de
ventaja al oficialismo establece que Morales, del Movimiento Al Socialismo
(MAS), rebasa con apenas 3,5% al candidato Mesa, de Comunidad Ciudadana (CC), y
que, sin más remedio, habrá segunda vuelta el 15 de diciembre.
Esta mínima diferencia no puede alterarse de ninguna manera
legítima, porque para que ello, tomando en cuenta que el recuento preliminar
oficial al 8,37% daba 45,2% al MAS y 38.1% a Comunidad Ciudadana (CC), sería
indispensable que la votación del candidato opositor se congele en seco,
entre en coma terminal y que el MAS obtenga la casi totalidad del porcentaje
faltante para completar el recuento.
Adelantándose a las explicaciones que el TSE improvisaba
hasta varias horas después de frenar el recuento o quizás orientándolo en lo
que debe decir, el candidato Morales Ayma se proclamaba ganador, afirmando que
los votos del campo tardan en llegar y que ellos le darían la victoria. Trataba
de trasladar al presente una situación de hace 17 años, cuando las nevadas
dificultaron el tránsito de las ánforas de remotas locaciones rurales.
Pero Morales olvida que en los años transcurridos la
revolución de las comunicaciones y la transmisión de datos hacen que la
información de las ciudades, y la de prácticamente cualquier recinto, por
remoto que sea, llegan simultáneamente el mismo día de la elección. Para el
conteo rápido y preliminar no es necesario que las ánforas y los votos arriben
a los centros de cómputo porque, con las fotografías de las actas transmitidas
se construye una muestra representativa de la votación, que varía casi nada con
el escrutinio físico.
Para que el MAS pueda ganar en primera vuelta será necesario
un milagro que haga nevar desde Yacuiba a San Buenaventura y Puerto Suarez… o,
tal vez, una providencial caída del sistema computarizado. Eso puede hacerse,
contando con la complicidad cerrada y total del TSE.
Lo que ese organismo, subyugado por el régimen, no puede
hacer es controlar la reacción ciudadana ante una falsificación y nuevo
atropello de la clarísima mayoría que dio la espalda al régimen.
El MAS no puede proclamarse ganador en primera vuelta porque
la Constitución llama así al que obtiene la mitad más uno de los votos o 40% y
una diferencia de más de 10 puntos sobre su inmediato seguidor, y el partido
del régimen no lo ha logrado. No ganaron nada.
Si el régimen trata de repetir la violación de la voluntad
democrática que en 2016 prohibió la reelección y hoy vuelve a cerrar la puerta
a sus personeros, provocará que las situaciones de rebeldía popular -como las
de Ecuador o Chile- se presenten aquí, no debido a que el MAS se vaya, como
amenaza el Vice, sino por la viciosa insistencia de sus personeros a quedarse a
la fuerza y con fraude.
Los otros sistemas que han caído el domingo 20 de octubre
son el del corporativismo prebendal impuesto por el MAS, el sistema de partidos
en su totalidad, con el entierro de todas las siglas y el naufragio de la que
intentó construir Demócratas. Bolivia es hoy una democracia sin partidos,
porque el único que ostenta esa condición -el MAS- es propiamente una coalición
de organizaciones corporativas y sindicales; mientras que su inmediato
competidor no tiene estructura partidaria.
Las siglas que subsistirán no son verdaderas organizaciones,
sino consorcios especializados en el alquiler de siglas vacías.
Definitivamente, estas elecciones han inaugurado un nuevo
tiempo, en el que quienes desde el poder nos incitan a no volver al pasado, no
dándose cuenta que hoy son ellos, precisa y justamente, los representantes de
ese repudiado pasado.



