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Medio: Ahora el Pueblo
Fecha de la publicación: domingo 01 de agosto de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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Empleando con astucia su interpretación de los números, el joven ingeniero explicaba ante las cámaras de televisión aquella teoría sobre un supuesto fraude electoral. El canal universitario de la ciudad de La Paz fue el primero que le brindó una amplia cobertura dentro su horario estelar y, como era de suponer, no desperdició esa oportunidad para difundir un notorio argumento derechista, opositor y malicioso. Mientras más detallada era la descripción de la teoría de aquel ingeniero graduado de la Universidad Católica Boliviana, más se le acercaba la delgada presentadora, hasta casi sentarse al borde de la silla del set que emulaba un tablero de ajedrez, al mismo tiempo que mantenía la mirada clavada en el monitor de la computadora portátil.
Gracias a una hoja de cálculo y algunas cuentas de Facebook, el invitado se había vuelto una sensación, tanto en los medios tradicionales de comunicación como en las redes sociales. Laptop en mano había “demostrado” una y otra vez que las actas empleadas para las elecciones del pasado 2019 habían sido alteradas. Con cada entrevista, intervención o comunicación mejoraba su teoría de la conspiración, ajustaba sus números digitales y afinaba aquel argumento imaginario, al que se sumaron seguidores, quienes estaban encargados de amplificar, difundir y esparcir esos pensamientos oscuros y falaces.
El equipo técnico que acompañaba al joven, en esa acordada entrevista, respaldaba con vehemencia cada una de sus afirmaciones que eran lanzadas con osadía. Una gran cantidad de información había sido alterada, manipulada y convertida en tablas, gráficos de barras y círculos alegóricos, empleando para ello el programa Excel, con el único objetivo de describir escenarios fantasiosos y apocalípticos. Justo cuando creí que la periodista se pondría de pie y pediría una ovación ante la explicación, que aquel nativo digital brindaba a su inesperada teleaudiencia, decidí cambiar de canal y preferí ver cualquier otro programa, me asqueó tanta mentira.
Pasaban los días y los argumentos que aseguraban el supuesto fraude electoral crecían avivados por quienes creían todo lo que se decía en las redes sociales, mientras que el ingeniero Excel aparecía en programas de televisión y concedía entrevistas a diferentes radioemisoras del país, en las que seguramente le resultaba más complicado describir con palabras lo que en sus hojas de cálculo demostraba, dándose modos para hacer llegar su teoría conspirativa. Cual influencer de moda, rápidamente comenzó a conquistar seguidores, quienes le manifestaban su apoyo y al calor de los vítores virtuales decidió que era su oportunidad para formar parte del Tribunal Supremo Electoral (TSE) o si la suerte lo acompañaba podía verse como un próximo asambleísta nacional.
Gracias a las herramientas informáticas hoy es posible llegar a más personas con nuestros pensamientos y opiniones, estas herramientas pueden ser tan buenas que ayuden a construir o tan malas que sirvan para destruir, depende de quien la utilice. Los espacios cibernéticos para el debate están abiertos y son las redes sociales los escenarios donde lo imposible se vuelve posible, donde un personaje anónimo cobra protagonismo y también, donde un profesional sin mayor trascendencia, encontró el lugar perfecto para evangelizar con su teoría, empleando para este fin unos cuantos números puestos en las celdas digitales del Excel.
Alguna vez manifesté, en tono de broma, que: “Con un PowerPoint puedo enseñar cómo realizar una cirugía a corazón abierto”. En Internet encontramos ese tipo de diapositivas y muchas otras que son utilizadas por individuos que recurren a estos elementos para el desarrollo de sus actividades cotidianas, cayendo en un plagio, en un copiar/pegar ordinario, sin agregar mayor valor que su triste improvisación. Algo de eso precisamente ocurrió, con un par de fórmulas que se encuentran en portales básicos de probabilidad y estadística o en algún viejo vídeo de YouTube, este capo ingeniero hizo creer a un grupo de ingenuos que había encontrado, lo que al parecer todos estaban buscando, lo que desesperadamente deseaban encontrar, lo que necesitaban demostrar, las pruebas de un supuesto fraude electoral.
Es sorprendente la ausencia de liderazgo de esa oposición, derechista, fascista y mentirosa, que mostrando una clara desesperación recurrió a un argumento desestabilizador y que más tarde sería presentado por un puñado de ciudadanos como elemento suficiente para decidir por el pueblo; individuos que no respetaron lo establecido en la Constitución Política del Estado y con la Biblia en la mano determinaron el futuro del país.
Resulta más que curioso que haya sido precisamente un graduado de la Universidad Católica Boliviana (UCB) el encargado de sembrar la duda acerca de la legitimidad de las elecciones pasadas y que hayan sido las aulas de esa misma universidad el lugar elegido para planificar y concretar el golpe de estado, sin embargo, estas coincidencias solo nos hacen ver que aquellos seguidores del mesías informático fueron, los que con banderas en las espaldas y crucifijos en sus manos, quienes exigieron la dirección del TSE para garantizar la “transparencia” en los siguientes comicios nacionales.
En el año 2020 cuando el plan golpista colapsaba, nuevamente el ingeniero Excel salió a pedir a sus seguidores que instalen su aplicación para dispositivos móviles, la que habría sido totalmente actualizada y estaba lista para realizar un seguimiento minucioso a los actos electorales en curso. No le quedaba más, al final habían fracasado sus planes políticos por falta de respaldo, resulta irónico que sus miles de seguidores virtuales no le hayan significado ni un solo apoyo real.
El 55% del total de votos dio la victoria contundente al MAS-IPSP, con lo que quedó demostrado que no existió fraude alguno. Desde aquella noche los medios de comunicación no volvieron a solicitar la opinión del ingeniero Excel, por lo menos no en un horario estelar, reduciendo su participación a unos cuantos posts o tuits que esporádicamente eran publicados, más por nostalgia que por convicción.
Cada vez son mayores las pruebas que sustentan el golpe de estado y desmienten la teoría del fraude electoral, teoría que nació en la imaginación de aquel ingeniero que quiso aprovechar el conflicto político para alcanzar sus propósitos egoístas, ruines y malintencionados, a partir de la manipulación de los números en unas pocas celdas del Excel, celdas que hoy claman por justicia.(Ramiro Mora es asesor en Tecnologías de Información y Comunicación)(Veronica Ergueta, Experta en Investigación para el Desarrollo Local)



