Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: lunes 21 de octubre de 2019
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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En las elecciones de 2014, la oposición logró, en
su conjunto, sumando los parlamentarios de Unidad Demócrata (compuesta por
Unidad Nacional- Movimiento Demócrata Social) y el Partido Demócrata Cristiano,
51 asambleístas: 40 diputados y 11 senadores. UD obtuvo 30 diputados y nueve
senadores. El PDC concretó 10 diputados y dos senadores. Dentro de UD, el
partido de Rubén Costas (MDS), debido a una hábil negociación, metió en la
cámara de diputados 17 representantes y UN tuvo que repartir el resto (13) entre
sus militantes, los invitados y los del MNR. De esa manera se quedó con sólo
cinco diputados de su propio partido.
En la Cámara de Senadores, de nueve
senadores que obtuvo UD, seis eran de MDS y tres de UN, pero, en este caso,
repartidos entre invitados y emenerristas, UN obtuvo un solo senador
titular. En el caso del PDC, de sus 10 diputados y dos senadores, la mayoría
eran invitados o aliados emenerristas. De tal manera que “tutistas” sólo había
uno.
Después de casi cinco años de gestión
parlamentaria, ¿qué queda de la bancada de oposición?
Varios parlamentarios que entraron al Congreso por
el voto opositor, ni bien se posesionaron se pasaron al bando oficialista,
argumentando que habían entrado a servir a Bolivia o que eran invitados y no
tenían ninguna obligación de hacer caso al partido o alianza que los llevó a
ocupar un curul.
La bancada de UD terminó dividida en más de tres
pedazos. Los demócratas, por un lado, manteniendo su cohesión interna gracias a
la idea de construir un proyecto nacional. Por otro, UN, a pesar de tener un
líder nacional, terminó casi sin ningún diputado ni senador, ya que algunos se
fueron a demócratas y otros se declararon independientes. El PDC, de Tuto, sus
senadores y diputados se fueron cada uno con su proyecto personal para
sobrevivir sin norte ni guía. Los emenerristas, que astutamente metieron
diputados y senadores por UD y PDC, terminaron sin poder reconstruir las bases
de su histórico partido, porque las ambiciones personales los perdió.
“Ser parlamentario de oposición con un gobierno que
tiene dos tercios en el Congreso es deprimente”, me decían varios diputados y
senadores. “Los oficialistas te obstruyen tus gestiones, paralizan tus
fiscalizaciones y todo el rato están buscando chantajearte”. Del 100% de
los diputados de oposición, apenas 20% tiene oficinas. El resto son
diputados de pasillo, porque en estos espacios es donde tienen que atender a la
gente.
El Gobierno todo el tiempo, a pesar de tener dos
tercios, busca chantajear y cooptar a los parlamentarios opositores con
viajecitos al exterior, cargos en las directivas de las dos cámaras o espacios
en las 12 comisiones, y 30 comités.
Hay parlamentarios de oposición que están
cinco años en directiva a cambio de su silencio y apoyo a todo lo que proponga el
régimen. La semana pasada, desde la bancada masista, se reprochaba, mediante un
twit, a algún congresista de oposición diciéndole “que no tuvo ningún asco de
favorecerse del MAS, con viajes por el mundo y otras benevolencias. Durante
cinco años, más cercana a la bancada del MAS que a la suya y ahora ¿tiene
asco?”
El mayor déficit de la bancada opositora fue la
falta de cohesión política y de liderazgo nacional. Entraron y cada uno buscó
su lugar en espacios, y grupos que se arman al interior: los leales, los
orgánicos, los librepensantes, los invitados y los que se ponen en subasta. Los
leales y orgánicos son los que salvan a los parlamentarios de oposición, ya sea
en diputados o senadores.
Son los que asumen su rol a plenitud y, pesar
de las dificultades y trabas que encuentran, saben moverse, y han puesto en
figurillas al régimen desde la cámara. Gestionan, fiscalizan y proponen
proyectos de ley con inteligencia, usando sus redes de contactos.
Muchos diputados y senadores han descollado porque
usan todo su potencial. “Estos parlamentarios tienen olfato político. A falta
de una inteligencia hard, tienen desarrollada su inteligencia soft, que les
permite leer el contexto y detectar oportunidades allá donde sólo se puede ver
problemas u obstáculos”. Esto ocurre especialmente con algunos congresistas que
entraron como suplentes, pero han descollado más que sus titulares.
La pregunta que se viene: con la futura bancada
opositora, ¿se salvaran estos problemas? ¿Habrá liderazgo y cohesión política
que evite el desbande y que, como varios partidos que el 2014 entraron con más
de 10 diputados, terminen sin casi nadie? Los invitados y librepensantes han
sido siempre, no todos, un dolor de cabeza en la gestión de los parlamentarios
opositores, ya que su margen de autonomía es amplio.
Por ello, es importante que las bancadas elaboren
con antelación su reglamento interno de comportamiento para limitar acciones
aisladas. En todo caso, en la gestión que se iniciará el año 2020 estará
signada por la determinación que de que el curul, desde ahora, pertenece al
partido como un mecanismo para evitar el transfugio.



