Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: lunes 21 de octubre de 2019
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Su militancia grita en el Palacio Evo no estás solo, pero
Evo está solamente rodeado de llunkus. No habló Álvaro García Linera, ni Ramón
Quintana ni Manuel Canelas. Fue Evo el que tuvo que tomar la palabra y no supo
reconocer la derrota. Dicen haber ganado, pero sus rostros reflejan una
incapacidad de reaccionar, no son capaces de reconocer la derrota.
Con arrogancia, Evo anuncia su triunfo y no dice ni una
palabra de la inminente segunda vuelta. Lo que se nota es que no se la
esperaban, hace rato que no salen a la calle, su perplejidad muestra que se
estuvieron mintiendo a sí mismos en ese círculo tóxico en el que se ha
convertido el MAS hace mucho tiempo.
Patearon a l@s indígenas del Tipnis y eso el Beni se los
cobró.
Quemaron el bosque chiquitano y eso Santa Cruz se los cobró.
Malgastaron el dinero en palacios, helicópteros y propaganda
dulzona y falsa, y eso se cobró en todo el país.
Dejaron de dialogar con la gente y nos faltaron el respeto a
tod@s y eso la población se los cobró.
Los movimientos sociales fueron una pantalla con dirigentes
sin bases y eso la población se los cobró.
Asfixiaron a los medios de comunicación manipulando hasta
las listas de invitad@s y eso tampoco les sirvió.
El voto obtenido por Carlos Mesa es un voto que tiene como
único contenido inequívoco el repudio al MAS y sus arbitrariedades, por eso se
puede quizás decir que Mesa no ganó, sino que es Evo quien perdió. No le sirvió
no hacer debate ni ir a las entrevistas, su prepotencia es lo que lo llevó a
esta derrota ya irreversible a esta hora.
La tranquilidad con la que la gente fue a votar, la fuerte
movilización generalizada por el control del voto en un clima en el que nos han
quitado ya todo, hace que la votación tenga una fortaleza importante. No
podrán negar los resultados ni podrán ensayar retórica alguna para no reconocer
que deben ir a una segunda vuelta.
Irónicamente, l@s masistas están en el Palacio Quemado
y no en la Casa Grande del amo que se convertirá en el símbolo nítido del
extravío del evismo.



