Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 01 de agosto de 2021
Categoría: Institucional
Subcategoría: Vocales
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En la semana, apareció una asociación de exautoridades
electorales nacionales y departamentales, víctimas de “persecución política”,
encabezada por Idelfonso Mamani, exvocal del Tribunal Supremo Electoral (TSE).
¿Cuál el objetivo? Buscar el resarcimiento por el daño ocasionado en su contra
con los procesos judiciales iniciados por el caso “fraude” en las elecciones de
octubre de 2019. ¿Merecen? Veamos.
La mayoría de estos vocales fue elegida en 2015. El 21 de
febrero de 2016 (21F) organizaron el referéndum para consultar al pueblo si
estaba de acuerdo que el presidente y vicepresidente puedan ser reelectos dos
veces de manera continua. El pueblo dijo NO. Los perdedores, Evo Morales y
Álvaro García, desconocieron el resultado.
El referendo costó 166 millones de bolivianos.
El 27 de enero de 2019, estos vocales organizaron unas
primarias inservibles para legitimar a Morales y García, binomio ilegítimo e
ilegal. Ambos habían sido habilitados, paradójicamente, de forma
inconstitucional por sus amigos del Tribunal Constitucional Plurinacional, en
noviembre de 2017. Las ridículas primarias fueron cuestionadas desde la
sociedad civil.
Los vocales se ampararon en el artículo 29.III de la Ley de
Organizaciones Políticas: “Los partidos políticos y las alianzas podrán
inscribir uno o más binomios para la elección primaria, ante el Tribunal
Supremo Electoral, hasta sesenta (60) días antes de la elección
primaria”.
Esta norma fue aprobada también para favorecer al binomio
ilegal del MAS. Pues la lógica dicta que unas primarias tienen sentido cuando
hay competencia entre binomios, no cuando todos ganan porque son únicos.
Ninguno de los vocales cuestionó esta norma ilógica durante su elaboración.
¿Por qué no lo hicieron? Por cobardía o porque estaban de acuerdo con la
repostulación de la dupla inconstitucional.
Las primarias costaron 27 millones de bolivianos.
El 4 de diciembre de 2018, el TSE habilitó al binomio ilegal
del MAS. ¡Increíble, pero cierto! Los mismos vocales que habían organizado el
referendo del 21F y habían registrado la derrota de Morales y García, los
habilitaban. De este modo, pusieron por encima del pueblo las ambiciones de dos
políticos.
Algo más. Los mismos vocales que habían organizado las
primarias en cumplimiento de una ley, ahora violaban otra ley, la del Régimen
Electoral, que en su artículo 15 establece el carácter vinculante de un referendo:
“Las decisiones adoptadas mediante Referendo tienen vigencia inmediata y
obligatoria, y son de carácter vinculante. Las autoridades e instancias
competentes son responsables de su oportuna y eficaz aplicación”.
Los vocales respaldaron su decisión en la ilógica sentencia
Constitucional 0084/2017 del TCP. Por cobardía o por militancia no se
percataron que una sentencia del TCP es vinculante cuando se enmarca en la
mismísima Constitución, no cuando la viola. Dejaron de lado el “gobierno de la
Constitución” y retrocedieron al “gobierno de los hombres”.
Si permitiéramos este retroceso, siete magistrados podrían
decir mañana que la tortura es constitucional, en franca violación del artículo
114 de la Constitución, y obligarnos a practicarla. Lo vinculante no está en el
artículo de la ley que dice que todo lo que decida el TCP es vinculante, sino
en el razonamiento para fundamentar su decisión.
El 20 de octubre de 2019, estos vocales organizaron las
elecciones que fueron anuladas luego de que 36 peritos de la OEA descubrieron
el fraude cometido en el momento que la exvocal del TSE Lucy Cruz, delegada de
Morales, ordenó cortar el sistema de Transmisión de Resultados Electorales
Parciales (TREP) para que “desconocidos” alteren, durante la
interrupción, papeletas y hacer ganar al binomio del MAS en primera vuelta. No
podían hacer fraude sólo en el sistema informático. Hubiese sido fácil de
descubrir. Para ser imperceptible, tenían que alterar el origen de los datos:
las papeletas.
Las elecciones nacionales costaron 217 millones de
bolivianos.
Los vocales hicieron tan mal su trabajo que el mismo partido
que los eligió, en la Asamblea Legislativa, los destituyó. Es más, la propia
Fiscalía, controlada por el MAS, les inició un proceso y pidió su
encarcelamiento.
En los tres actos electorales inservibles orientados a
favorecer al binomio ilegal del MAS tiraron al inodoro 410 millones de
bolivianos.
Si los vocales hubiesen cumplido la Constitución, respetado
las instituciones democráticas y defendido el voto del pueblo, nada de lo que
hemos vivido los bolivianos en octubre y noviembre de 2019 hubiese sucedido; y
ninguno de ellos hubiese entrado a la cárcel.



