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Medio: La Razón
Fecha de la publicación: domingo 01 de agosto de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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Durante el periodo comprendido entre los años 60 y
80 los golpes de Estado, entendidos como la toma de poder de manera ilegal y en
muchos casos violenta que desconoce un mandato democrático, fueron comunes en
la región y en particular en nuestro país. Fuerzas militares en alianza con
grupos políticos hacían uso de la fuerza imponiendo de esta manera gobiernos
dictatoriales con la finalidad de ostentar el poder, aplicando medidas
conservadoras y alineadas al sistema económico internacional.
Las ráfagas de las ametralladoras, las balas que se
escuchan a lo lejos, los tanques y tanquetas circulando por las ciudades, el
inusitado vuelo de helicópteros y aviones militares, generaban miedo en la
población, que confundida trataba de informarse con ansiedad de lo que estaba
sucediendo en el país, sintonizando las pocas radioemisoras que existían en
Bolivia y el canal estatal que era el único medio de comunicación audiovisual
con horarios restringidos en cuanto a su programación. En ocasiones de golpe de
Estado, de manera excepcional la televisión estatal iniciaba su transmisión en
cualquier momento, instante en el cual se entonaba la marcha militar y
posteriormente el mensaje del nuevo presidente.
Las características de la toma del poder por parte
de los gobierno dictatoriales se caracterizaron por las persecuciones y
amedrentamiento de adversarios políticos que en un extremo eran ejecutados; el
confinamiento de compatriotas obligados a abandonar el país con destinos
lejanos y en muchos casos sin retorno; el establecimiento de los famosos
“estado de sitio” que restringían la circulación vehicular y el libre tránsito
de personas; detenidos y presos políticos, representaban la circunstancia
perfecta en un momento de confusión y crisis. La débil resistencia popular de
organizaciones sociales que con marchas, conformación de barricadas y bloqueos,
manifestaban su disconformidad con este hecho; sin embargo, debido a la
confrontación desigual, era diezmada con el avasallamiento y la opresión del
más fuerte en detrimento de los más débiles, el pueblo.
Solamente después de 1982 se recuperó la democracia,
con la presencia de Hernán Siles Zuazo como presidente elegido por el voto
popular, y uno de los pilares de la revolución nacional y la alianza de clases.
Se iniciaba un nuevo periodo en la política boliviana con una democracia
incipiente, plagada de esperanza en un nuevo futuro que valoró la libertad de
pensamiento, la convivencia pacífica y en comunidad de todos los bolivianos.
En el siglo XXI, este modelo de golpe de Estado y
sus características ya no son habituales y de hecho las nuevas generaciones no
tienen la experiencia de haberlos vivido. En la actualidad, son otras las
características que envuelven a esta desdicha, el contexto ha cambiado, mas no
el resultado final que es la toma del poder. La falta de respeto a la voluntad
popular, la interpretación antojadiza de la normativa, el amedrentamiento por
parte de la fuerza militar, la utilización premeditada de las tecnologías de la
información y las redes sociales, entre otros, son los ejes del nuevo modelo de
golpe de Estado, claro está que esto no quiere decir que una interrupción al
estado democrático con las características del siglo pasado no se vuelva a
repetir, existirá siempre esa posibilidad.
Hasta 2019 pasaron diferentes gobiernos, con una
democracia que consolidaba su transición de representativa a participativa. Sin
embargo, en noviembre del mismo año, con la llegada abrupta a la presidencia
por parte de Jeanine Áñez, se produjeron al menos cuatro hechos ilegales e
irregulares, que son parte del nuevo modelo de golpe de Estado: utilización de
las redes sociales como un medio subversivo; se interrumpió el mandato de un
presidente democráticamente elegido mediante el voto popular y que debía
concluir su mandato en enero de 2020; se interpretó e implementó un
procedimiento inconstitucional, vale decir que no existió destitución
parlamentaria sino renuncia forzada por diferentes actores minoritarios de la
población; y un factor decisorio, las Fuerzas Armadas del país, que decidieron
el desenlace de este suceso, pidiendo la renuncia del presidente en un acto de
amedrentamiento.
Las diversas interpretaciones seguirán por parte de
la población, como también por los analistas políticos, quienes seguramente
continuarán con la confrontación de ideas en torno a los hechos que generaron
el alejamiento del expresidente Morales, pero sin lugar a dudas, en la memoria
de todos los bolivianos quedará grabada la imagen de un militar colocando la
banda presidencial a una persona que hasta ese momento era desconocida.



