Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: jueves 29 de julio de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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En tres meses se
cumplirán dos años de la crisis política y social que estuvo a punto de llevar
al país a una guerra civil y parece que no se hizo nada por cerrar esa herida y
así sepultar los afanes violentos de algunos actores políticos que anteponen su
interés personal y el de sus partidos al bienestar nacional.
Por el contrario, el
sistema judicial, que en este país funciona como una veleta y sin que sus
actores ya ni se sonrojen, esta vez alimenta la tesis oficialista de que en
octubre de 2019 hubo un “golpe de Estado” con decisiones como la que
recientemente anunció el fiscal general, Juan Lanchipa, respecto al caso
fraude.
Un año y ocho meses
después de haber instruido el inicio de acciones legales contra los exvocales
del Tribunal Supremo Electoral justamente por sospecha de fraude electoral
cometido en las elecciones del 20 de octubre de 2019, Lanchipa anunció su
sobreseimiento y el cierre de este proceso, en una conferencia de prensa
en la que no aceptó preguntas.
Su anuncio, que se
produjo después del pedido de su destitución realizado por la ex diputada
masista, protegida del Gobierno e impulsora del caso “golpe”, Lidia Patty,
estuvo sustentado en una pericia informática realizada a pedido de la Fiscalía
General del Estado y con base en información que le fue proporcionada por ese
organismo.
No sólo eso, pagó
por el trabajo más de 31.000 dólares, con dinero de todos los bolivianos,
incluso de los que consideran que hubo un fraude y no un golpe.
Ese peritaje fue
decisivo, pero no la auditoría de integridad electoral que en 2019 realizó la
Organización de Estados Americanos (OEA) y que concluyó que “hubo una
manipulación dolosa e irregularidades graves que hacen imposible validar los resultados
emitidos originalmente por las autoridades electorales bolivianas”.
Por ello, no está
demás anotar algunas diferencias, y también similitudes, entre estos dos
trabajos.
La pericia fue
pagada por la FGE y elaborada en Salamanca con base en datos proporcionados por
la institución contratante, mientras que la auditoría se hizo a pedido del
gobierno (entonces de Evo Morales), amparada en un convenio suscrito con la OEA
y con base en datos recopilados in situ por los responsables del trabajo.
La pericia fue
elaborada por un docente con doctorado en Ciencias de la Computación y en
Inteligencia Artificial y dos estudiantes de informática, ninguno con
experiencia forense electoral, mientras que la auditoría fue realizada por 36
especialistas y auditores de 18 nacionalidades, entre ellos abogados
electorales, estadísticos, peritos informáticos, especialistas en documentos,
en caligrafía, en cadena de custodia y en organización electoral.
La pericia se
realizó más de año y medio después del cuestionado proceso electoral y la
auditoría a los días y con base en el trabajo previo de seguimiento que hizo la
OEA antes, durante y después de la elección, fruto del cual emitió un informe
preliminar que alertó que había varias inconsistencias en el proceso, con
lo que además coincidió la misión de la Unión Europea.
Eso sí, ambos
trabajos encontraron similares irregularidades, como usuarios no identificados
con capacidad de acceso al sistema informático del proceso electoral y la
existencia de servidores externos.
“El análisis
pericial del proceso electoral ha determinado que se produjeron varias
negligencias por parte de la empresa Neotec, encargada del sistema TREP. Sin
embargo, no se ha demostrado la existencia de manipulación en los datos, ya que
no existen diferencias significativas entre todas las bases de datos utilizadas
durante el proceso electoral”, refiere parte del documento de la pericia.
En este contexto,
Lanchipa ha tomado una decisión sustentada en la pericia y no en la auditoría,
que además tiene carácter vinculante por propia decisión del expresidente
Morales, quien ahora también otorga el peso decisivo al trabajo hecho en
Salamanca para decir que la denuncia de fraude es “la mentira del siglo”.
Todo hace ver que,
con esta pericia, lo que se busca es limpiar la imagen de Evo Morales, aún a
costa de cambiar los hechos y el curso de la historia.



