Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: lunes 26 de julio de 2021
Categoría: Representación Política
Subcategoría: Escaños
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El Gobierno ya puso fecha para el tercer censo del siglo XXI
en Bolivia (16 de noviembre de 2022) y líderes de varias regiones del país
sacaron inmediatamente sus calculadoras para hacer proyecciones sobre los recursos
económicos que podrían recibir sus distritos como efecto de los resultados del
nuevo recuento poblacional. Otros, comenzaron a esbozar nuevas composiciones en
los concejos municipales y en la Asamblea Legislativa Plurinacional.
Se entienden esas aspiraciones, pero no es conveniente
especular sobre el resultado de un proceso tan complejo sin antes garantizar
que sus cimientos sean lo suficientemente firmes. Primero hay que construir la
casa y luego pensar en cómo se repartirán las habitaciones.
El censo de 2012 tuvo muchos tropiezos, desde su realización
con una cartografía desactualizada y en medio de conflictos de límites, los
cuestionamientos a la preparación del personal que se encargó de recabar los
datos y hasta la ausencia de una encuesta poscensal, recomendada para evaluar
los resultados de este tipo de estudios, fundamentales para la planificación
del desarrollo local y nacional, sectorial y territorial.
Por eso se dieron resultados que al menos llamaron la
atención, como el que concluyó que la población que se identifica como
perteneciente a un pueblo indígena bajó de 62% en 2001 a 41% en 2012, pese a
que el período entre los dos últimos censos mostró un claro proceso de
tendencia identitaria indígena.
En su número 35, la revista Temas Sociales publicó un
extenso artículo del especialista René Pereyra Morató, en el que se hace un
repaso de algunas de las dificultades que atravesó el último censo. En él, se
observa con especial interés el tema de la cartografía.
“La cartografía incompleta impidió disponer del número de
boletas censales. Sólo para mencionar como ejemplo lo que sucedió en La Paz: en
Ayata (Muñecas) sólo llegaron 12 boletas cuando la población estimada era de
310 personas; en Caranavi faltaron cerca de 2.000 boletas, ya que tres colonias
no fueron actualizadas. El mismo caso de falta de boletas ocurrió en Mecapaca,
San Pedro de Tiquina, Teoponte, Mapiri, Jichupata y Patacamaya. Es más, como se
reportó, la mala previsión del número adecuado de boletas hizo que el censo se
extendiera en algunas ciudades hasta el día siguiente”, describe en uno de sus
párrafos.
También ese año se cuestionó la capacitación de los
responsables de realizar las preguntas y la ausencia de una encuesta poscensal,
falencias que esta vez el Gobierno ha prometido subsanar, luego de haber
anunciado la fecha del estudio y, con ello, haber dado certezas a las regiones
que reclamaban este estudio para planificar su desarrollo.
La ministra de Planificación, Gabriela Mendoza, explicó que
se necesita como un año para la actualización cartográfica y anunció que las
actividades pre censales comenzarán en octubre, por lo que se deberá apretar el
acelerador para que esta base fundamental para el censo esté concluida en un
tiempo oportuno. Ella espera que eso ocurra en unos siete meses, lo que
significa que ya en abril o mayo de 2022 se podría contar con este requisito,
para avanzar luego con mayor firmeza al día de la recopilación de datos.
Además, el Gobierno ha garantizado los recursos necesarios
para la realización del censo (se habla de 83,9 millones de dólares) y ha
previsto una movilización de más de 300 mil personas, 3.800 de las cuales
trabajarán en la actualización cartográfica.
Todo apunta a que se prepara un terreno favorable para superar
las falencias que se detectaron en el censo de 2012 y será bueno que, dejando
temporalmente las calculadoras a un lado, autoridades locales y nacionales
contribuyan a que este esfuerzo vaya por buen camino y que efectivamente el
censo cimiente una base justa de distribución de recursos económicos y
poder político.
La preocupación en este momento debería ser garantizar la
idoneidad de la llamada etapa precensal, ya que de ello dependerá la robustez
de los datos que arroje el censo de noviembre de 2022, cuyos resultados se
conocerían un año después y dos antes de las nuevas elecciones nacionales.



