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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 25 de julio de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Reconciliación para Bolivia: ése es el pedido de la
Iglesia Católica cuando las posiciones en el país se atrincheran y el
reencuentro se ve lejano. “Hay que ordenar varias cosas que están en la
penumbra en Bolivia. Para sanar las heridas, necesitamos una
investigación imparcial de parte de un sistema judicial que no responda a
intereses políticos”, dice el presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana
(CEB), monseñor Ricardo Centellas.
El tema recobró vigencia por el rechazo a
la reconciliación que expresó el expresidente y líder del MAS, Evo
Morales. “No comparto cuando algunos dicen que haya reconciliación. No va a
haber reconciliación con fascistas, racistas, salvo que entendieran que nuestra
ideología y nuestro programa está bien para Bolivia”, dijo el pasado
domingo en radio Kausachun Coca.
Dos días antes, el arzobispo de la Arquidiócesis de La Paz,
monseñor Percy Galván, había invocado a terminar con la pelea irracional y con
la revancha para comenzar a construir en unidad un mejor país. Después de las
declaraciones de Morales, el presidente de la CEB reforzó el llamado
al reencuentro “sin condiciones”, por el bien de Bolivia.
“Las heridas nos detienen en la vida. Si
queremos avanzar, el paso es la reconciliación y es posible. No es que para
algunos existe la reconciliación y para otros, no”, reafirma el obispo
Centellas, también arzobispo de Sucre, en conversación con Página Siete
desde la capital.
Después de las declaraciones de Evo Morales rechazando la
posibilidad de diálogo con quienes no comulguen con su ideología,
¿es posible la reconciliación en nuestro país, monseñor?
La Conferencia Episcopal en varias oportunidades ha convocado
al pueblo boliviano a una experiencia de reconciliación para superar tantas
heridas sociales que persisten en nuestro país. Hay que entender la
reconciliación como una experiencia humana y cristiana de renovación total para
partir de nuevo en la vida. Por supuesto que se tiene que eliminar todo
resentimiento, todo prejuicio, todas las condiciones que han provocado
las heridas personales, familiares y sociales; porque si no se eliminan es
imposible que se pueda partir de nuevo y hay que hacerlo sin condiciones. Si
uno pone condiciones, hacer una experiencia de perdón, de reconciliación,
de acercamiento, es imposible.
Lo que nos toca a los bolivianos es encontrarnos con
sinceridad, con un espíritu de diálogo, fomentando una cultura del encuentro,
cada uno asumiendo su responsabilidad, porque no es cuestión de olvidarse
de las cosas, tampoco es así. Cada uno tiene que asumir su responsabilidad y
una vez que asuma su responsabilidad se puede comenzar una nueva etapa de
camino conjunto en Bolivia. A esto convocó la Conferencia Episcopal porque lo
vemos conveniente para superar tantas experiencias duras que hemos tenido en
2019, en 2020. Es posible comenzar una nueva etapa en Bolivia para afrontar de
manera conjunta las crisis sanitaria, económica y educativa. Son
problemas cruciales que deben afrontarse como pueblo, como comunidad, como una
Bolivia íntegra.
Pero hay heridas abiertas, de un lado y del otro, hay
muertos. ¿Cómo hacemos para que la justicia no se transforme en venganza, para
que haya justicia?
Primero hay que convencerse de que toda herida se puede
sanar. No hay herida que no se pueda curar porque si no, entramos
en un fatalismo en la vida. Nosotros, en la Iglesia, siempre hablamos del
perdón. Todo pecado se puede perdonar, pero eso no significa que el pecado se
borre de la noche a la mañana. Cada uno tiene que asumir su responsabilidad.
Ahora, las heridas están abiertas, por supuesto, hay tantos muertos y no
solamente en Senkata y Sacaba. Los últimos 15, 16, 17 años ha habido cantidad
de muertos. ¿Cómo se curan esas heridas? Haciendo la investigación
imparcial, haciendo que el sistema judicial no responda a intereses políticos,
que sea realmente un órgano independiente, cualificado e imparcial. Y no sólo
imparcial sino ágil. La mayoría de los que están en la cárcel, casi el
70%, no tienen sentencia. Hay demasiada retardación de justicia. El sistema
judicial tiene que cambiar radicalmente.
Y creo que cuando se habla de reconciliación, hay muchos
elementos que se deben trabajar. Es partir de nuevo pero arreglando, ordenando,
varias cosas que están en la incertidumbre, en la penumbra en Bolivia. Si no
aclaramos bien las cosas, si no respetamos las leyes como están
estipuladas en la Constitución Política del Estado -pero todos, no sólo algunos
las deben respetar-, si no somos capaces de respetar, imposible que
exista la reconciliación.
Un ala del Gobierno comenzó con un discurso conciliador. ¿Ha
hecho el Gobierno lo necesario para alentar la conciliación?
De una parte hubo un discurso conciliador pero, de otra
parte este discurso del golpe no es nada conciliador. Yo creo que el
Gobierno tiene que despojarse de un partidismo. Tiene que ser un gobierno para
todos, en este caso para toda Bolivia. La única camiseta que nos une es la
de Bolivia porque los partidismos lo único que hacen es profundizar
estas heridas sociales que tenemos.
La reconciliación es algo necesario para cualquier humano,
una experiencia que necesitamos porque todos fallamos, todos somos imperfectos.
Hay heridas pequeñas y grandes heridas sociales en Bolivia que requieren un
reordenamiento. No es cuestión de cambiar personas, tienen cambiar
sistemas, estructuras. Si no cambian las estructuras, la corrupción sigue y se
afronta la realidad, el sufrimiento del pueblo, de forma muy parcial. Lo
parcial es superficial y no da la cura que precisa Bolivia.
El MAS incrementa las investigaciones del llamado
caso “golpe” e incluso ha acusado a la Iglesia de ser parte, al
fomentar las negociaciones en 2019. ¿Cuál es la posición de la CEB al
respecto?
Nosotros hemos presentado tres comunicados y el último
documento La presentación de los hechos. No son los únicos, hemos presentado
varios desde 2019, pero estos últimos reflejan la posición de la
Conferencia Episcopal y aclaran que nosotros colaboramos con un proceso de
pacificación. Siempre que hay movimientos sociales de confrontación, de
enfrentamiento en el país; hemos llamado a encontrarnos como bolivianos
en un ambiente de diálogo. Jamás la CEB dice: “Esto hay que hacer” sino
que acerca a las partes en conflicto por petición de los mismas.
Facilitamos el encuentro para que las partes busquen alternativas de solución.
En la vida humana y cristiana no hay problema sin solución.
Ante los fracasos, ante las heridas, siempre hay alguna alternativa. Por eso,
es importante el encuentro entre personas, instituciones, para que hallen
las vías para seguir adelante. Y ésa es la posición de la Iglesia.
En este ambiente polarizado Evo Morales ha acusado al
arzobispo de Santa Cruz de llamar a campesinos “demonios de un
solo color”. ¿Hubo esa intención?
Hemos sacado un comunicado desde la secretaría de la CEB
indicando que cuando el obispo habló de los demonios no se refería a ninguna
persona ni a ningún grupo, se refería a actitudes humanas. Algunas actitudes
son demoníacas, como cuando uno expresa sólo violencia, cuando uno busca
exclusión, porque una actitud de dividir va contra lo humano. Una
actitud por la humanización es trabajar por la comunión, por la
fraternidad, por la solidaridad. Y cuando uno no es capaz de trabajar en ese
sentido, tiene actitudes y expresiones demoníacas, es decir que van
contra el bien común. No es un invento del hermano obispo, sino que está en la
Biblia.
Hay que entender lo que uno quiere expresar, y cuando a veces
uno no entiende, hay que preguntar. Pero cuando uno saca de contexto
ciertas expresiones fácilmente se puede tergiversar y manipular expresiones
cuando son reflexiones reales sobre cosas que nos pueden pasar a
todos, porque ¿quién no reniega, no pelea, no insulta? Tenemos que cuidarnos
para que en todo momento seamos personas que trabajemos por el bien
común, por procesos de humanización. Estamos para eso en el mundo,
si no, no tiene sentido vivir.
Hablando de acciones concretas, ¿existe la posibilidad de que
la Iglesia llame a un diálogo nacional de reconciliación?
Como decía, nosotros facilitamos el encuentro, pero no
obligamos a que se encuentren. Pero podemos invitar, como lo hemos hecho
en varias ocasiones, de manera informal de manera formal, con comunicados
oficiales de la Conferencia. Hemos hecho un llamado general a la
reconciliación. Consideramos, desde nuestra lectura de la realidad, que en
Bolivia hace falta que nos encontremos como bolivianos:
instituciones políticas, sociales, cívicas. Ahora, si las partes en
conflicto nos convocan a una facilitación de un encuentro, por supuesto
que lo vamos a hacer. Podemos alertar, podemos convocar en general. Estamos
ofreciendo nuestros servicios para facilitar el encuentro de las partes
y aquí hay muchas partes que están en conflicto.
En otro tema, la pandemia ha traído luto y angustia,
¿cómo sobrellevar el dolor?
La pandemia es un fenómeno social global, en primer lugar, el
mundo entero está en esto. Por supuesto que todas las consecuencias de la
pandemia -muerte, enfermedad, sufrimiento, angustia y una cierta psicosis- hay
que trabajarlas con mucha serenidad.
Desde el punto de vista cristiano, con mucha fe porque cada
situación es totalmente distinta. El otro día me he enterado que un sacerdote
ha gastado en dos meses de hospitalización en terapia intensiva más de 300 mil
bolivianos. ¿Cómo paga? En su vida va a tener 300 mil bolivianos.
La pandemia es una etapa dura en la vida, pero hay que verla
como un espacio de aprendizaje. Todo lo que ocurre en la vida siempre nos tiene
que enseñar algo. Y si algo nos está enseñando la pandemia es la
solidaridad, la compasión, la tolerancia.
Como humanos hemos tenido grandes avances; la
tecnología no tiene límites, es increíble cómo ha crecido. Pero no hemos
crecido de la misma manera en lo humano; tenemos todavía egoísmos
tremendos, tenemos individualismos. El proceso de globalización, por ejemplo,
apunta a eliminar a los pequeños para que los grandes sigan creciendo.
Hay que leer desde ese punto de vista la pandemia: es una
oportunidad para aprender y para crecer en humanidad. Como bolivianos podemos
soportar mejor la pandemia y sus consecuencias uniéndonos todos, hablando el
mismo lenguaje, con comunicación fluida para que no entremos en
incertidumbre ni en pánico. Y esta unidad y esta transparencia
faltan en Bolivia
La pandemia ha evidenciado la existencia de muchos
grupos evangélicos, algunos antivacunas. ¿Están creciendo en
detrimento de la Iglesia Católica?
Eso ha empezado en los años 40 y 50 del siglo pasado,
no es de ahora. En Bolivia según el registro del Estado hay más de 1.500
grupos, aunque es difícil llevar la estadística porque cada vez aparecen unos
y desaparecen otros. De estos 1.500, 500 deben tener personería jurídica.
Y cuando se habla de estos hermanos separados, hay corrientes. Algunos son muy
fatalistas y promueven la no vacunación Pero la comunidad mundial entera se ha
dado cuenta que un paliativo es la vacuna. Los que estamos vacunados si nos
llega la enfermedad sufrimos menos y para lo que no están vacunados el
riesgo es mayor. En esto no hay que cerrar los ojos, la realidad, las pruebas
científicas muestran que es mucho más conveniente vacunarse para afrontar
esta enfermedad.
¿Hay esperanza para el reencuentro de los bolivianos?
Indudablemente, donde hay personas, creyentes o no, hay esperanza. Como boliviano, como hombre de fe, quiero convocar a todos los bolivianos para que vivamos y busquemos un ambiente de paz y reconciliación. Las heridas nos detienen en la vida. Si queremos avanzar, el paso es la reconciliación y es posible. No es que para algunos existe la reconciliación y para otros, no. Que Dios nos bendiga, que nos ilumine para abrir la mente y el corazón para partir de nuevo en la vida y avanzar de manera integral.
HOJA DE VIDA
- Inicios
Nació el 7 de noviembre de 1962 en Suquistaca, de la parroquia de
Camargo, Chuquisaca.
- Religioso
Fue ordenado sacerdote en agosto de 1988, obispo en septiembre de
2005.
- Cargos Actualmente
es arzobispo de Sucre y presidente de la CEB.



