Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: domingo 18 de julio de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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¿Quiénes respaldaron el sangriento golpe de Estado que Luis García
Meza y Luis Arce Gómez encabezaron hace 41 años? ¿Cuáles eran sus intereses?
Normalmente la respuesta se ha limitado a señalar al exdictador Hugo Banzer y a
intereses empresariales. Estos sectores temían la inminente llegada de un
gobierno izquierdista, tras la victoria electoral que había tenido la Unión
Democrática y Popular (UDP) en junio. Un asesinato que desató una ola de
indignación que dura ya más de dos generaciones inició aquel golpe: la muerte
del líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz. Quiroga se aprestaba a volver
al Parlamento, con un respaldo popular notablemente multiplicado, iba a
proseguir el juicio de responsabilidades contra el exdictador. Así, sin duda,
el primer beneficiario de la asonada resultaba Banzer. ¿Pero quiénes eran los
beneficiarios de última instancia? Ello porque, probablemente, no fue un
cuartelazo más como las decenas que hubo a lo largo de 18 años. En la
preparación, consumación y proceso posterior intervinieron personalidades que
en alguno o varios momentos de la historia centraron la atención mundial. ¿Fue
tan gratuita y casual su confluencia en aquel que acabaría siendo denominado
como ¿ Cochabamba, 13 domingo 18 de julio de 2021 GARCÍA MEZA, PEÓN DE UN
NARCOGOLPE INTERNACIONAL HISTORIA. Se cumplen 41 años de la última asonada
militar. Tras aquel golpe confluyeron diversos personajes históricos. Texto:
Rafael Sagárnaga Fotos: Archivo, ABI, AFP y APG FINAL: Luis Arce Gómez en los
últimos meses de su vida en la cárcel de Chonchocoro NO SE DETIENE 14 A FONDO
el “narcogolpe fascista”? La lista de notables personalidades golpistas bien
puede empezar con el general argentino Leopoldo Fortunato Galtieri. Según
diversas investigaciones, como las de Ted Córdova Claure, Stuart Chirstie,
Magnus Linklater y Francisco Matrorell, Galtieri llegó a Bolivia unos meses
antes del golpe. Comandó a 70 especialistas argentinos que prepararon el golpe
de Estado boliviano de 1980, en la Oficina de Operaciones Psicológicas del
Ministerio del Interior. Pero este general argentino no sólo conspiraba contra
el gobierno boliviano. En Argentina, en esos tiempos, el ala liderada por
Galtieri había lanzado una advertencia al presidente, general Eduardo Viola: “O
mejoraba la situación económica del país o sería destituido”. Conspiraba
incluso más allá, pues varios de sus asesores también fueron enviados a
Centroamérica para apoyar a gobiernos o fuerzas de ultraderecha. Dieciocho
meses más tarde, Viola renunciaba y Leopoldo Fortunato Galtieri juraba como
presidente argentino. A partir del cuarto mes de su mandato sus decisiones y
mensajes tuvieron repercusión mundial porque desató la Guerra de las Malvinas.
EL OTRO GRAN SOCIO Así, un general con demasiado poder dentro de la tercera potencia
latinoamericana, que cobraría trágica fama, fungía como gran socio del golpe
garciamecista. Pero no necesariamente fue el más célebre de los personajes que
participaron en la asonada. A García Meza y Arce Gómez no podía faltarles uno
de los más apreciados socios de las dictaduras bolivianas de aquellas décadas:
Klaus Barbie Hees, nada menos que el excomandante de la Gestapo (la policía
secreta alemana) en Francia, entre 1940 y 1944. Ese año, Alemania se batía en
retirada, Barbie fue ascendido a capitán de las SS y recibió condecoraciones en
mérito a su labor represiva. El libro “Klaus Barbie, un novio de la muerte”
(Peter Mc Farren y Fadrique Iglesias), una minuciosa y fundamentada biografía
de este criminal fugitivo, señala: “La carta de recomendación destacaba ‘su
talento excepcional para la inteligencia y la criminología’. Lo que le otorgó
un voto de confianza para lograr atribuciones especiales en la persecución de
numerosas organizaciones enemigas”. Para tener una idea del perfil criminal de
Barbie, probablemente baste recurrir a los Archivos del Holocausto, y tan solo
al capítulo Francia. Él y sus subordinados fueron responsables de enviar a
campos de concentración a 7.500 personas y de asesinar a otras 4.432. También
se les culpa por el arresto y tortura de 14.311 combatientes de la Resistencia.
Entre sus crímenes destacó especialmente el de Jean Moulin, uno de los más
grandes héroes de la historia francesa. MÁS QUE UN NAZI FUGITIVO Por todo ello,
tras la derrota alemana, Klaus Barbie pasó a ser uno de los criminales de
guerra más buscados tanto por Francia como por Israel. Sin embargo, ese “su
talento excepcional” le granjeó ciertas poderosas amistades que lo protegieron
y le dieron oficio. Se iniciaba la Guerra Fría y el exjefe de la Gestapo en
Francia tenía conocimiento del contraespionaje y combate de grupos comunistas.
Pronto pasaría a ser parte de los operativos del estadounidense Cuerpo de
Contra Inteligencia (CIC), primero y de la Agencia Central de Inteligencia
(CIA), luego. Mc Farren e Iglesias especifican: “La relación oficial entre
Klaus Barbie y el Gobierno de EEUU se remonta a abril de 1947, poco tiempo
después de que -paradójicamente- este país pactara la persecución de los
responsables del régimen nazi con el resto de sus aliados. Pero la praxis de
los norteamericanos en la lucha contra su nuevo rival, el comunismo de la Unión
Soviética, pudo más que los pactos y las posturas éticas”. Trabajó en el
hemisferio norte hasta 1951, cuando las presiones para su captura y las de
otros exnazis reclutados se acentuaron. En marzo de 1951 el CIC incluyó a
Barbie y su familia en la denominada “Ruta de las ratas”. Fueron complejos
operativos para que los exnazis reclutados por EEUU huyesen a Sudamérica. Allí
donde las sublevaciones de izquierda habían empezado a atizarse y cundirían en
los siguientes años. Y como anillo al dedo, Barbie, con el apellido cambiado a
Altman, llegó a Bolivia en 1955. Fue amigo personal y luego asesor del dictador
René Barrientos, precisamente en tiempos de la emergencia de la guerrilla de
Ernesto Che Guevara. Fue protegido durante los siete años de la dictadura de
Hugo Banzer (1971-1978), incluso frente a expresos pedidos del presidente
francés Georges Pompidou. Fue nombrado teniente coronel del Ejército de Bolivia
por Luis Arce Gómez cinco meses antes del narcogolpe fascista. El excapitán SS
y exagente de la CIA coordinaba entonces el apoyo al narcogolpe de grupos
paramilitares fascistas y de poderosos narcotraficantes. UN ESTADO SOÑADO Sólo
eso pues, tal cual destacan las fuentes consultadas, Barbie no hizo negocios
con el narcotráfico. Tampoco pasó de reclutar y asesorar a los paramilitares
fascistas. Siempre demostró independencia y planes propios. Durante su largo
romance con los dictadores había hecho fortuna con diversos emprendimientos,
especialmente con la venta de armas. Mientras que al parecer acariciaba un
sueño de sus lejanos ideales. Mc Farren e Iglesias destacan que apenas
estabilizó su posición en La Paz empezó a “reactivar viejos contactos labrado
en coincidencias ideológicas y ejecutivas durante la guerra (…). Muchos
investigadores y periodistas, como Linlater et al o Goñi, coinciden en que la
red estaba extendida e infiltrada en varios gobiernos dictatoriales de la
región. Quizás no como la ficcional leyenda que se extendió sobre la red
Odessa, pero con muchas coincidencias que asoman a la realidad principalmente
en las técnicas de interrogación, la forma de compartir información y el
combate descarnado contra proyectos ‘potencialmente comunistas’”. Así Barbie
estableció nexos con nazis fugitivos como Gerhard Mertins, Reinhard Gehen,
Walter Rauff, Otto Skorzeny, Friedrich Scwend y Hans Rudel, entre otros. La
mayoría asesoraba o tenía nexos con las dictaduras sudamericanas. El periodista
Kai Hermmann, en el filme documental “El enemigo de mi enemigo” declaró que
Barbie buscó formar un grupo liderado por nazis europeos en el golpe de García
Meza. También que más allá de la intención estadounidense de formar un eje
anticomunista entre Chile y Bolivia, quería fundar un Estado
nacional-socialista. Barbie, ya desde 1978, había empezado a formar el grupo
denominado “Los novios de la muerte”, en Santa Cruz, con cerca de una decena de
nazis y neonazis. MÁS “CELEBRIDADES” Fue denominada “la última gran apuesta por
construir el IV Reich en Latinoamérica”. Para ello al entorno del golpe
garcíamecista llegaron otras “celebridades” del acontecer mundial,
especialmente dos terroristas italianos: Pier Luigi Pagliai y Stefano Della
Chaie, fugitivos de la justicia italiana por diversos atentados y asesinatos.
Luego del golpe también fueron implicados en el atentado neofascista a la
estación de trenes de Bolonia. Costó 85 vidas y es considerado el mayor acto
terrorista de la historia italiana. Habían tenido nexos con las dictaduras
OCASO: García Meza en sus primeros años como presidiario en Chonchocoro. NAZI:
Klaus Barbie durante el juicio al que fue sometido en Lyon, Francia Cochabamba,
15 domingo 18 de julio de 2021 NO SE DETIENE NARCO: Roberto Suárez Gómez, “el
rey de la cocaína”, junto a su guardia personal GOLPISTAS: Las dos principales
cabezas del golpe de 1980: Luis Arce Gomez y Luis García Meza de Augusto
Pinochet y Francisco Franco. Se sumaron al grupo. “Los novios de la muerte” se
convirtieron, primero, en una guardia operativa del rey de la cocaína Roberto
Suárez Gómez. Luego del golpe pasaron a ser el grupo paramilitar que
administraría el narcotráfico centralizado por la propia dictadura, que restaba
poder a varios peces gordos. Así lo reveló en 1982 una investigación de la
revista italiana Panorama con testimonios de infiltrados y exnovios de la
muerte. Al rompecabezas que suma a militares ultraderechistas argentinos,
paramilitares, nazis funcionales a la CIA y narcotraficantes tras el narcogolpe
sólo le faltaba una pieza: la controvertida postura de Estados Unidos frente a
los hechos y que añadió nuevas celebridades a la trama. Durante el septenio que
gobernó Banzer, reprimiendo duramente a toda manifestación de izquierda, se
había disparado el narcotráfico incluso en la propia familia Banzer. Pero EEUU,
con asesores y el apoyo de la CIA, respaldó lo primero y se desentendió de lo
segundo. Así lo revelan libros como “El asesinato de Torres” y “El dictador
elegido” de Martín Sivak. Para el golpe de García Meza la postura oficial
estadounidense cambió radicalmente y era: gobiernos democráticos y guerra
contra las drogas. Por ello, el Gobierno de García Meza no fue reconocido. Arce
Gómez resultó objeto de escandalosas revelaciones de la prensa estadounidense
sobre sus nexos con el tráfico de drogas. Extrañamente no se hizo lo propio con
sus aliados argentinos ni con sus exagentes. EL PODER TRAS EL TRONO
Oficialmente, EEUU había cambiado sus políticas y suspendido su respaldo a las
dictaduras. El Congreso recortó gastos y replegó a sus fuerzas de apoyo militar
y estratégico. Sin embargo, EEUU enfrentaba en Centroamérica fuertes problemas
frente a las guerrillas izquierdistas y el gobierno sandinista de Nicaragua.
Entonces, tras bambalinas, surgió una intensa relación entre la CIA, la
ultraderecha del Partido Republicano y la dictadura militar argentina. La
operación contó con el visto bueno al más alto nivel. Tal cual revelan Juan
Salinas en “Narcos, banqueros y criminales” y Anabel Hernández en “Los señores
del narco”, esa sociedad tuvo efectos globales. Los militares argentinos
fungirían como los principales aliados de los servicios de inteligencia y la
ultraderecha estadounidenses en Latinoamérica. La narcodictadura boliviana
quería eternizarse en el poder, García Meza anunció un gobierno de 20 años,
gracias a la economía de la droga. La CIA, la ultraderecha republicana y los
argentinos resolvieron una difícil ecuación: ¿cómo sostener la guerrilla de la
“Contra” nicaragüense y otras fuerzas en Centroamérica sin fuentes de financiamiento
oficiales? La fórmula resultó inmediata: producir cocaína en Bolivia, venderla
masivamente en EEUU y usar buena parte de las ganancias en la compra de armas
para los “contras” y otras fuerzas anticomunistas centroamericanas. El negocio
luego se ampliaría a la venta encubierta de armas a Irán para usar esos fondos
en la compra de cocaína. UNA NUEVA ERA El golpe de García Meza es considerado
en Bolivia el último manotazo de las dictaduras. Paradójicamente, a nivel
internacional, se convirtió en el “big bang” de una nueva era de operaciones
encubiertas. Por ello, la CIA juntó a varios de sus conocidos. El teniente
coronel Oliver North encabezaba todo el megaoperativo. Mientras tanto, grupos
de paramilitares y los militares más comprometidos con García Meza marcaban
literalmente a fuego las rutas de exportación de droga. El plan concentraba sus
contactos con Roberto Suárez Gómez y su sobrino Jorge Roca Suárez, alias “el
techo de paja”. Suárez trabajaba con el cártel de Medellín, de Pablo Escobar,
al que remitía pasta base. Roca optó por la producción completa propia y la
ruta del Golfo de México. Aquella opción potenció, según cita Hernández, a los
que con el tiempo se convertirían en los grandes cárteles mexicanos. A medida
que el mecanismo se fue perfeccionando, EEUU fue prescindiendo de sus
circunstanciales aliados. Y en 1986 una serie de revelaciones pusieron al
descubierto lo que se llamó el escándalo Irán-Contras. En menos de cuatro años
todas las cabezas del narcogolpe cayeron en desgracia. Galtieri que quiso pasar
a la historia como un héroe, renunció en 1982 y acabó procesado por la
justicia. Barbie, que quería articular un renacer nazi, fue deportado a Francia
en 1983 y murió en prisión en 1991. García Meza, que soñaba con gobernar por 20
años, duró 13 meses y murió cumpliendo condena, al igual que Arce Gómez. La
justicia también frustró los sueños de otros peones como Roberto Suárez, Pablo
Escobar y los fascistas italianos, y hasta del coronel North. Sólo un poder se
ha conservado incólume desde los tiempos del narcogolpe.



