Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 18 de julio de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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En las
últimas semanas, autoridades gubernamentales, entre ellas el ministro de
Justicia y el vocero presidencial, sugirieron erróneamente que un nuevo
recuento de actas de las elecciones de 2019 demostraría que no hubo fraude. Si
las actas fueron manipuladas, dicho recuento no resolvería las dudas en
absoluto.
En este
artículo propongo ir más allá y profundizar en tres temas que requieren más
atención: La paralización del Sistema de Transmisión de Resultados Electorales
Preliminares (TREP); los servidores no declarados; y los roles de Marcel Guzmán
de Rojas, dueño de la empresa Neotec y encargado del TREP, y Sergio Daniel
Martínez, asesor de los vocales durante el proceso electoral.
¿Una pausa planificada?
El 18 de
octubre de 2019, dos días antes de las elecciones, el portal Brújula Digital
alertó sobre un plan para “sabotear” el conteo preliminar. Una fuente anónima
del Órgano Electoral Plurinacional (OEP), deslizó que los vocales “más cercanos
al MAS”, paralizarían la publicación del TREP utilizando un “informe
preliminar” de Ethical Hacking. “Están intentando retener los resultados y en
vez de tener un 80% a las 19:30, el proceso será mucho más lento… Quieren que
todo se resuelva con el cómputo oficial”, afirmó la fuente. Entre el 20 de
octubre y el 4 de noviembre, la predicción se hizo realidad con asombrosa
precisión.
La parte
visible del “sabotaje” ocurrió en 36 minutos. A las 19:30 del 20 de octubre,
los técnicos de Ethical Hacking detectaron un servidor desconocido que
realizaba peticiones masivas de verificación de actas. Elevaron la alerta a los
vocales del TSE, al concluir la conferencia de prensa con el 83.76% de los
resultados (83.85% según la presidenta María E. Choque).
Los
vocales alineados con el MAS –por aprobar la repostulación de Evo Morales en
2018 más el vocal Edgar Gonzáles– ordenaron suspender el TREP sin consultar con
el exvocal Antonio Costas. A las 20:06, el personal de la DNTIC cumplió
el objetivo. Cortaron el internet y la energía eléctrica en el Servicio de
Registro Cívico (Sereci), donde 350 operadores verificaban las actas.
Marcel
Guzmán cambió su versión sobre el servidor tres veces, pero confirmó la segunda
parte del “sabotaje” en su informe complementario del 4 de noviembre, publicado
un mes más tarde por la OEA. Según Guzmán, ejecutó un “plan de contingencia”
por la “lentitud en la replicación de resultados”. Si no transfería los datos
de la elección al servidor no declarado, “la conferencia de prensa (del TSE) se
hubiera dado con menos del 60% de las actas procesadas, cuando ya se tenía el
83% de las actas verificadas”. Así, la denuncia de la fuente anónima se probó
cierta, o casi, porque los vocales sí reanudaron el TREP el 21 de octubre –por
presiones externas–, a espaldas del público y 19 horas después de la pausa.
¿Servidores innecesarios?
El TSE
fracasó en ofrecer elecciones limpias y transparentes. Dos servidores no
declarados, que duplicaron las funciones de servidores oficiales y rompieron la
estructura informática prediseñada, crearon el entorno para la manipulación de
resultados preliminares y oficiales. Entre el 20 y 21 de octubre personas
ajenas a la elección tuvieron 25 horas para, potencialmente, manipular datos y
fotografías de las actas del conteo preliminar, permitiendo que copias
fraguadas ingresaran más tarde en el cómputo oficial.
Tan grave
manipulación no ha sido comprobada, en parte, porque los metadatos (el día,
hora y procedencia) del 90% de las fotografías de las actas preliminares y los
registros de acceso a ambos servidores han desaparecido. Según Guzmán, un
defecto de programación –añadamos– negligente eliminó los metadatos. Una línea
de código adicional en la aplicación telefónica de los operadores de campo,
habría preservado los metadatos y la procedencia de las actas. Se sospecha que
los registros fueron eliminados intencionalmente. Tal vez, el Estado boliviano
o, dado el contexto, las bancadas opositoras, podrían solicitar los registros
de los servidores a la compañía que los alojó, Amazon.
¿Un asesor omnipotente?
Sergio
Martínez, supuesto asesor de los vocales, empezó funciones en la DNTIC a 12
días de las elecciones de 2019. Según un informe policial de octubre de 2020,
basado en más de 300 pruebas, Martínez pudo beneficiar al MAS antes, durante y
después de las elecciones de 2019. Por ejemplo, habría usado información
confidencial censal, cartográfica y electoral del INE y del OEP, para alimentar
el software de inteligencia electoral Territorial Visor, que el MAS adquirió
para las elecciones de 2019.
El 1 de
octubre, en la presentación del software a autoridades gubernamentales, dos
consultores mexicanos presentaron a Martínez como “encargado de sistemas del
MAS”. Siete días después, el asesor dejó el INE, fue contratado por el Sereci
de La Paz y declarado “en comisión” en la DNTIC. El exvocal Costas criticó su
contratación por el trabajo anterior deficiente que realizó en el cómputo de
las elecciones de 2014.
Martínez
influyó en decisiones clave. Como asesor de los vocales, trabajó sin
supervisión, demandó información a la empresa auditora y distribuyó el sensible
protocolo para poner a punto el conteo preliminar antes de las elecciones.
Además de sugerir la instalación del segundo servidor, se sospecha que Martínez
accedió al TREP remotamente a través de los servidores no declarados. Finalmente,
habría trasladado equipos a Chuquisaca para reanudar el cómputo final, luego de
la quema del Tribunal Electoral Departamental el 21 de octubre.
Tras el
informe preliminar de la OEA, Martínez se refugió en la Embajada de México en
La Paz junto a altas autoridades gubernamentales del MAS. Con nexos en la
Fiscalía, salió del país clandestinamente el 5 de diciembre, eludiendo una
orden de aprehensión que el fiscal Ronald Chávez –a la vez colega de la pareja
de Martínez– omitió ejecutar en su contra.
Semanas
después, el portal La Resistencia publicó una carta de Martínez que leyó él
mismo y en la que negó su rol como asesor de los vocales, deslindando
responsabilidad en los servidores ocultos y acusando a la DNTIC de utilizarlo
como “chivo expiatorio”.
Un año
después, la fiscalía rechazó la denuncia contra Marcel Guzmán porque
encontrarse fuera del país, pero mantuvo el proceso contra Martínez y los
vocales del TSE. En febrero de 2021, la representación legal de Martínez en
Bolivia solicitó la suspensión de las investigaciones. Aún espera respuesta.



