Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: sábado 10 de julio de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Abandonan el cargo, huyen ante la ola masiva de indignación
que su inconducta electoral y fraude han levantado, azuzan el caos, la
ingobernabilidad y la confrontación incluso amenazando abiertamente a través de
sus teléfonos con producir un baño de sangre en el país –ahora hay ya
declaraciones y testificaciones legales y de prensa y varios
registros grabados y filmados dando cuenta de ello de modo incuestionable y
legalmente definitivo–, y precipitan, en un accionar despiadado de instigación
de violencia, cerca de una cuarentena de muertes en todo Bolivia, entre ellas
las muertes de Sacaba y Senkata, matanza de la que son los principales
responsables.
Nadie que tenga un mínimo de compasión puede dejar de
demandar justicia respecto de Sacaba y Senkata y de las otras muertes ocurridas
en todo el país a finales de 2019. Los culpables de esos trágicos hechos deben
ser enjuiciados y la investigación de lo ocurrido –en el marco del debido
proceso a quienes estuvieron involucrados con mayor y menor responsabilidad
directa en esos terribles sucesos–, es una cuestión básica primordial para la
vigencia del Estado de Derecho y de los derechos humanos en Bolivia. Parte de
los investigados deben ser, ahora esto ya es indiscutible y urgente, Evo
Morales, Álvaro García y seguramente una lista de operadores tanto a nivel de
la cúpula como a nivel de mandos medios de los equipos del MAS.
No es suficiente con investigar las responsabilidades en las
matanzas de Sacaba y Senkata de los ministros de gobierno y de defensa –Arturo
Murillo y Fernando López– y otros operadores represivos del gobierno de Jeanine
Añez. Eso debe hacerse de modo imprescindible, pero no basta. No es suficiente,
ni basta, ahora que Evo Morales aparece, lo que es un horror, incluso
filmado ante una concentración cocalera en Chimoré, el 11 de noviembre de 2020,
declarando él mismo con abierto cinismo que él y Álvaro García habían amenazado
al entonces comandante de la FAB, Gonzalo Terceros, previniéndole que ellos
tenían a mano y disponible, en octubre-noviembre de 2019, el potencial de masa
y operativo –“más de 10.000 compañeros concentrados” –, para hacer arder “el
aeropuerto” de Chimoré, en el Chapare, y para hacer “arder (a los) soldados “
de Terceros. Este último, por su parte, ha confesado en sus declaraciones ante
la Fiscalía que Morales y García lo amenazaron además con hacer arder La Paz,
espetándole que “usted será el culpable de que los 15.000 compañeros que están
bajando de El Alto a La Paz quemen la ciudad”. Así, en ese marco de
instigación abierta de la violencia por parte de Evo Morales y de Álvaro
García, ardió finalmente Sacaba y ardió Senkata.
Azuzaron, antes y tras huir a México, con discursos
incendiarios a sus bases en el Chapare hasta que estas optaron por intentar
invadir violentamente la ciudad de Cochabamba para precipitar en ella una
convulsión con riesgos inimaginables. Azuzaron o quizá incluso hicieron que se
pague a sus seguidores para convulsionar El Alto y La Paz. Evo Morales y Álvaro
García han sido los principales responsables de las muertes en Bolivia a fines
de 2019 y de las matanzas en Sacaba y Senkata, unas matanzas cuya investigación
debe realizarse sin encubrir la gravísima responsabilidad de parte de la más
alta cúpula del MAS en lo ocurrido. ¿Es que alguien olvida que Morales llegó
incluso a instruir –lo que está grabado, constituyendo un pavoroso extremo de
desprecio de los derechos humanos más elementales–, “cercar” a la ciudad de La
Paz para someterla al hambre?
Ocultar y tapar a como dé lugar la trágica
corresponsabilidad política y hasta operativa de Morales y García en esas
muertes y matanzas –otros miembros de la cúpula política del MAS y otros
dirigentes de las organizaciones sociales controladas por este partido deberán
igualmente ser investigados–, es obviamente uno de los objetivos de la ficción
del supuesto “golpe de Estado” al terminar 2019. Pero con esa ficción, hay que
remarcarlo, el MAS pretende encubrir no solamente su más que evidente rol como
gestor político primordial de la crisis de Estado ocurrida a fines de ese
año.
Esa crisis se produjo, como todos lo sabemos, por haber
desconocido el MAS los resultados del referendo del 21 de febrero de 2016 que
le prohibieron a Morales postularse otra vez como candidato presidencial en
2019 y por los intentos de Morales de hacerse de la presidencia de Bolivia por
tiempo ilimitado apelando con toda inmoralidad política a un supuesto “derecho
humano” a la “reelección indefinida”. El MAS produjo, alimentó y precipitó con
su inconducta electoral y la desbocada ambición de Morales el larvado de la
convulsión que sacudió a Bolivia en octubre y noviembre de 2019. La ficción del
“golpe de Estado” pretende encubrir la responsabilidad abierta de Evo Morales y
su partido en el larvado y estallido de esa crisis. Pero, peor aún, la ficción
del “golpe de Estado” busca ocultar y encubrir lo más trágico y pavoroso: la
responsabilidad directa por instigación a la violencia de Evo Morales y de
Álvaro García en las muertes de Sacaba y Senkata y en otras localidades y en el
sufrimiento y luto de toda Bolivia. Tal inmoral encubrimiento no puede ni debe
aceptarse. Que se haga justicia.



