Medio: La Razón
Fecha de la publicación: domingo 11 de julio de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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La historia nunca deja de ser implacable; como dicen los
mayores, al final, siempre se sabe la verdad. El dirigente de Soberanía y
Libertad (Sol.bo) José Luis Bedregal, en varias oportunidades, propuso que para
esclarecer lo que pasó en la crisis de octubre-noviembre de 2019 acaso lo mejor
sea esperar a que pase el tiempo, a que se calmen los ánimos y que los hechos
se puedan ver con mayor objetividad. Es una posibilidad. Pero cabe preguntarse:
¿alguna vez se habría conocido “la verdad de los militares” si es que la Fiscalía
no les convocaba y se tenga por lo menos la versión de uno o dos comandantes?
Mejor saber así que nunca saber, se dirá. Y si algo tiene de ventaja la “verdad
judicial” (“la verdad y nada más que la verdad” con la mano en la Biblia) es
que causa Estado, por ella la gente va a prisión o sale libre. Siempre habrá
una versión distinta de otra, diferentes puntos de vista, de un mismo hecho.
Pues bien, acaso lo que toca a la actual generación sea ordenar los hechos y
determinar qué versiones se acercan más o menos a los mismos.
En lo que sigue (es necesario reiterarlo) se anota la mirada
y testimonio de dos ministros del último gobierno de Evo Morales, el de
Defensa, Javier Zavaleta, y de Gobierno, Carlos Romero (más del primero), a
propósito de la referida “verdad de los militares”.
El punto es si hubo, y cómo, insubordinación o un acto
consecuente de rebelión (legítima, según las oposiciones al MAS), y en últimas
quiénes fueron los responsables y, también, quiénes no.
“Cuando se habla de Fuerzas Armadas, siempre hago una
diferencia; si bien se habla de un acto de insubordinación y un golpe de
Estado, no hablamos de todas las Fuerzas Armadas, sino de un grupo de
oficiales”, remarcó Zavaleta en el programa de La Razón por internet Piedra,
papel y tinta del jueves 8; en ese momento hubo, dice, “oficiales
responsables y leales a la Constitución y al régimen establecido”, esos que,
por ejemplo, alertaron que en el occidente del país estaban sobrevolando
aviones caza sin que ni el Presidente ni el ministro lo hubieran ordenado; peor
cuando luego se supo que en la frontera entre Oruro y Potosí habrían disparado
a manifestantes. La explicación que dieron los militares, cuenta Zavaleta, fue
que se trataba de “vuelos de rutina”.
Y aquí, el exministro propone identificar quién se
insubordinó, algo que debe esclarecer la actual investigación fiscal: “hay que
determinar quién es el responsable, si los pilotos se insubordinaron, si el
comandante del grupo aéreo o el comandante de la Fuerza Aérea, ¿quién tomó la
decisión?”
Y como una forma de relativizar la responsabilidad de las
Fuerzas Armadas en la insubordinación, Zavaleta insiste en dejar sentado que,
por ejemplo, no se constató movimiento de tropas terrestres: sobre unas
imágenes (de video) del ejército por tierra que se difundieron luego, afirma el
exministro, “no hay evidencia de eso; no hemos encontrado evidencia de que se
haya movilizado tropa; por eso, cuando sale este comunicado (en que las FFAA
anuncian que saldrán a reprimir cualquier movilización en que se use armas),
verificamos si alguna unidad militar iba a salir, y ninguna lo hizo”.
Un hecho que reitera Zavaleta es que “hasta el último
momento” los jefes militares le decían que estaban a sus órdenes y a las del
Presidente, y que desconocían o no eran responsables de ciertos hechos, como el
referido comunicado de que las FFAA iban a salir a reprimir a la gente armada:
“Hablamos con (Williams) Kaliman sobre este comunicado y él responsabilizó al
jefe de Comunicaciones, que lo habría hecho sin autorización…”
“Hasta el final, en todas las conversaciones que yo he
tenido con ellos, ellos insistían en que no fueron parte del golpe; que fueron
otros que lo hicieron, o que lo que hicieron no era un golpe, sino simplemente,
como dice el general Jorge Terceros en su declaración, hacer quedar bien a las
Fuerzas Armadas en un momento de quiebre”.
Luego de que a Morales se le negara el uso del avión
presidencial para ir a Chimoré, otra vez hubo la actitud de eludir la
responsabilidad, detalla. Después de que el oficial a cargo le dice que él ya
no recibía órdenes ni del ministro ni del Presidente, Zavaleta indaga con
Kaliman y Terceros: “Ahí es donde me dicen que ellos no habían dado ninguna
orden, que no sabían de ese incidente y que no tenían nada que ver con eso,
dándome a entender que eran otras las personas que estaban tomando decisiones
por ellos; eso dijeron Kaliman y Terceros”.
Y, claro, esto ya toca el plano personal, del honor,
cuestiona Zavaleta: “Es una falta de seriedad para con tu propio cargo, con tu
uniforme y con tu institución”. Para este momento, recuerda, se había instruido
a la guardia presidencial “tener las armas cargadas”, por si la situación
empeoraba. “No podíamos permitir ningún tipo de agresión contra el Presidente
ni contra nadie, e íbamos a reaccionar también; y se lo planteé yo a ellos y
finalmente no sé quién da la instrucción para que ese oficial transporte al
Presidente para llevarlo a Chimoré”.
Zavaleta también propone sopesar el rol de las Fuerzas
Armadas y la Policía en el derrocamiento del gobierno del MAS; la que
verdaderamente cambió el rumbo de la historia fue la Policía, sostiene: “Yo
creo que el papel de las Fuerzas Armadas en todo este golpe, si bien ha sido
importante, no ha sido ni definitivo ni desequilibrante; si se evalúa lo que
desde hace días estaba pasando, lo desequilibrante es el motín policial; ese es
el momento en que la movilización (de sectores sociales) toma otras
características”; ya no se trata solo de ciudadanos movilizados. Es más, el
motín policial ya no es solo el clásico motín, el acuartelamiento, encerrarse y
exigir que se les cumpla alguna demanda; sino que “de civiles y, como se ha
visto en algunas imágenes, salen con sus uniformes y con sus armas de fuego, y
emitiendo declaraciones amenazantes contra el presidente Evo Morales”.
En lo relativo a la conferencia de prensa del Alto Mando de
las Fuerzas Armadas, el domingo 10 de noviembre (cuando Morales y García Linera
renuncian), en la que “sugieren” al Presidente que renuncie, el general
Terceros en su declaración ante la Fiscalía da a entender que se trató de una
idea del general Kaliman, que a las 15.30 ya sabía que Morales iba a renunciar,
y “para hacer quedar bien a las FFAA”, había que elaborar una nota de prensa,
y, otra vez la práctica de delegar, se encomendó su redacción al director de
Comunicación y a un abogado. Luego de que se cambió “pedir” por “sugerir”,
Terceros de nuevo deslinda responsabilidad, suya y la de los jefes que
acompañan a Kaliman en la lectura del comunicado: (Kaliman) “nos ordenó que
salgamos afuera, que él daría lectura a ese comunicado de prensa; ya estando
afuera, él ordena que nos pusiéramos detrás de él y dio lectura al comunicado”.
Y como “solo el Comandante de Fuerza (Kaliman)” puede emitir tal comunicado,
remarca Terceros, “no hubo reunión, no hubo deliberación, simplemente fue el
criterio del comandante”.
Para Zavaleta, sugerencia o demanda es irrelevante. Es aquí
cuando el exministro ubica la insubordinación ya pública del Alto Mando. “Lo
cierto es que ahí tomaron una decisión política; todos los de la foto, Kaliman
y su Estado Mayor y los tres comandantes de Fuerza tomaron una decisión
política y la hicieron pública”. Esto implicaba dos hechos punibles, acusa:
deliberaron, “tomaron posición política”; y, convocaron a conferencia de prensa
sin la debida autorización del Ministro o del Presidente, “siempre ha sido así,
en este caso no lo hacen, saltan la cadena de mando, se insubordinan; son dos
actos por los cuales tienen que dar cuenta”.
Otro espacio de insubordinación, destaca el exministro, fue
el aeropuerto de Chimoré, específicamente la terminal militar y el intento de
retener a Morales en la misma. La pregunta es, dice, “¿qué objetivo tenía
llevarlo al Presidente en ejercicio, porque no había renunciado todavía, contra
su voluntad a una unidad militar, insubordinada, además?; si eso no es un
secuestro, qué es”.
En cuanto a la demora del permiso para que ingrese el avión
mexicano, el general Terceros en su declaración a la Fiscalía en una larga
relación señala que el problema era que en la misión escrita de la aeronave
estaba “Transporte de militares y personal de Cancillería de México”, y que por
eso él no podía autorizar su ingreso, que eso estaba reservado a la Asamblea
Legislativa Plurinacional… Y, claro, como la Asamblea no estaba reunida, la
solución que dio Terceros, dice, es que la Embajada de México cambie la misión
a “Apoyo humanitario”.
Pero he aquí que ante la demora, según Terceros, surgió
aquello de la “amenaza” de Morales y García de que si no autorizaba al avión
mexicano, él sería “culpable de que los 15 mil compañeros que estaban bajando
de El Alto a La Paz quemen la ciudad” (Evo), a lo que Terceros le habría
respondido: “Por favor no hagan eso, cómo va a hacer eso, ordéneles que se
vuelvan, que no cometan eso…”
“En definitiva, había una intención de demorar el vuelo”,
cuestiona Zavaleta. Y toca a los comandantes, aclararlo. Pero he aquí un hecho
que Terceros sugiere en su declaración: otros “oficiales superiores querían
desconocer al Mando Militar”, que presionaban a que las Fuerzas Armadas “salgan
a las calles a defender al pueblo, que se estaban enfrentando unos a otros, que
rebasaron a la Policía” (declaración a la Fiscalía).
Si Terceros fue quien quería demorar el vuelo del avión
mexicano, debiera decirlo, fustiga Zavaleta, pero “si no fue, porque yo tengo
información de que había otros oficiales por detrás que presionaban a los
comandantes para hacer una u otra cosa (o incluso si eran civiles, como Luis
Fernando Camacho o Tuto Quiroga), que lo diga también”.
El exministro de Gobierno Carlos Romero, por su parte, de
plano afirma que no es cierto lo que dice Terceros en su declaración, de que él
(Romero) estaba a cargo de 2.000 personas para intevenir los bloqueos
callejeros en La Paz.
Para el exministro, la insubordinación en la Policía fue de
más largo aliento y más extendida.
“La Policía dejó de obedecer muchos días antes del motín, no
podría decir que se involucraba a toda la institución, pero sí a algunos
organismos y unidades”, destaca la exautoridad.
Más extendida geográficamente; siendo su labor la de
preservar el orden público, la insubordinación se la llevó adelante bien por
acción, bien por omisión.
Se trató de hechos recurrentes. “Se pudo ver que
sospechosamente en algunos lugares los policías fueron rebasados por grupos de
choque que tomaron tribunales electorales, que los incendiaron; que no se
prestó auxilio oportuno a autoridades agredidas, como la exalcaldesa de Vinto;
que hicieron una protección a Camacho sin pedir autorización absolutamente a
nadie, lo hicieron por cuenta propia; que cuando quemaron casas de autoridades
del MAS en Potosí no hicieron nada para preservar el orden; que efectuaron la
escolta a un bus de cooperativistas mineros que se dirigían a La Paz para
reforzar la movilización contra el gobierno del MAS”, entre otras acciones,
detalla Romero.
El exministro de Defensa Zavaleta concluye que dos hechos
completaron la insubordinación militar y policial. Lo nuevo, asegura, fue
(ciertamente con buena dosis de ingenuidad) la creencia en el secretario
general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, que no
creían que “iba a tomar posición, y decir que hubo fraude, actuar como un
interventor, violento, amenazante en el país”, cuando como diplomático lo único
que le correspondía era apaciguar, esperar al resultado final oficial del
cómputo.
Lo segundo que deplora es la actuación de Kaliman, un
general muy cercano a Evo Morales, “trabajó 10 años con Evo; a veces confiaba
más en él que en el ministro de Defensa”.



