Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 11 de julio de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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“Así como no hubo golpe de Estado cuando Gonzalo Sánchez de
Lozada renunció y huyó del país en 2003, tampoco hubo golpe de Estado cuando
Evo Morales decidió renunciar y huir apresuradamente a México”, sostiene José
Antonio Quiroga, excoordinador político nacional de Comunidad Ciudadana (CC),
que fue citado a declarar en calidad de testigo por el denominado caso
“golpe”.
La audiencia, que estaba programada para el pasado jueves,
fue suspendida. “Nosotros sostenemos que es un caso fabricado, que es un caso
armado artificialmente, pero vamos a cumplir con lo que la ley nos señala”,
sostuvo entonces Quiroga.
En entrevista con Página Siete, reafirma su posición: “Este
juicio tiene el propósito de resolver las disputas internas del MAS (...) Evo
Morales está procurando reposicionar su imagen pública que ha sido duramente
criticada por sectores de su propio partido, por su huida del país, pero
también por las decisiones que tomó desde el 21F hasta la pésima selección de
candidatos del MAS para las subnacionales”, sostiene.
Con mirada autocrítica también reflexiona sobre el rol de la
oposición después de la renuncia de Morales; a la distancia evalúa los hechos
de 2019 y cuestiona el actual papel de la justicia.
¿Cómo recuerda los 21 días de conflictos posteriores a la
elección del 20-O y, a la larga, cuál fue el resultado de esa
movilización?
Ahora que podemos apreciar las cosas con la perspectiva que
da el tiempo, creo que lo que sucedió en Bolivia en esos 21 días de
movilización fue algo muy parecido a lo que pasó hace una década en el norte de
África y en Oriente Medio durante la “primavera árabe”. La gente se sublevó
masiva y espontáneamente a lo largo de días y semanas, para poner fin a las
autocracias y dictaduras que llevaban gobernando esos países durante decenios y
que convirtieron a los ciudadanos en súbditos de unos regímenes
teocrático-militares o de caudillos populistas. No fueron movilizaciones
organizadas y tampoco tuvieron una representación política muy bien definida.
Fueron desbordes sociales que se produjeron por fuera del precario y
cuestionado sistema de partidos.
En el caso boliviano, la gente se movilizó porque no estaba
dispuesta a que el MAS desconozca una vez más la voluntad del soberano,
expresada en las urnas, como sucedió en el referendo del 21F. Cuando la
noche de las elecciones se interrumpió sin explicaciones el TREP, después
de conocer que las proyecciones aseguraban una segunda vuelta electoral entre
Evo Morales y Carlos Mesa, se encendieron las señales de alarma del sistema
inmunológico de la democracia boliviana y la gente salió a protestar masiva y
espontáneamente. Lo lamentable es que el resultado final fue también muy
parecido al de la primavera árabe: fueron derribadas algunas tiranías pero
luego no se pudo avanzar hacia la construcción de nuevo sistema
democrático.
El gobierno constitucional transitorio, perturbado por la
pandemia, cumplió con su mandato de asegurar nuevas elecciones, pero incurrió
en formas inaceptables de represión, decidió llevar adelante una candidatura ilegítima,
impuso un discurso ideológico confrontacional y hubo casos de corrupción, todo
lo cual contribuyó a relegitimar el corporativismo autoritario del MAS. Es una
historia que tiene una cara heroica y otra trágica: los ciudadanos hicieron su
trabajo, pero falló el sistema político.
Pero en ese análisis no aparece Comunidad Ciudadana.
¿Cuáles fueron las acciones de CC en ese período?
Una de las principales contribuciones de CC fue construir la
única opción electoral que tenía posibilidades de derrotar electoralmente al
MAS después de 14 años de deriva autoritaria y extravío programático. A
diferencia de lo que sucedió con los frentes electorales de 2009 y 2014, CC se
propuso construir una opción democrática de largo alcance. En algún momento la
definimos como “una institución para la democracia”. Si no se anulaban las
elecciones como resultado del fraude electoral y la crisis política de
noviembre de 2019, era previsible que Carlos Mesa hubiese ganado en la segunda
vuelta y llevado adelante un ambicioso programa de reformas institucionales,
comenzando por la justicia. Lo que la auditoría de la OEA (hay que recordar que
fue solicitada por el gobierno de Morales con carácter vinculante), definió
como una “manipulación dolosa de los resultados electorales”, estuvo destinada
justamente a evitar ese desenlace electoral.
CC participó activamente en la movilización ciudadana
pacífica –no hay que olvidar que uno de los componentes más importantes de ese
frente fueron las plataformas ciudadanas del 21F– y buscó en todo momento una
salida pacífica y constitucional a la crisis política. No fuimos parte del
gobierno de Añez, al que criticamos por los desaciertos de su gestión política,
sanitaria y ambiental. Pero no logramos consolidar el centro democrático en un
momento de polarización entre dos bloques sociales, regionales, corporativos e
ideológicos antagónicos: el representado por el MAS y el representado por el
gobierno de Añez y la candidatura de Camacho. El resultado fue que en 2020
recibimos una votación más baja que en 2019. Obviamente, no es correcto
responsabilizar a nuestros adversarios por ese resultado: tenemos que sacar las
lecciones de nuestras propias opciones, de nuestros aciertos o desaciertos
estratégicos y políticos.
Dos investigaciones periodísticas -“La pacificación del país se operó tras bambalinas” de Raúl Peñaranda en La Revolución de las pititas y 21 días de resistencia de Robert Brockmann- coinciden en que el domingo 10 de noviembre de 2020, usted, como dirigente de CC, recibió de parte del entonces ministro de Comunicación, Manuel Canelas, la solicitud de una reunión para conocer la posición de CC sobre la posibilidad de que Adriana Salvatierra asumiera la Presidencia ante la inminente renuncia de Morales. ¿Quiénes participaron en esa reunión, en qué circunstancias se realizó y qué temas se abordaron?
Bueno, creo que ése es el tema principal por el que la
Fiscalía me citó a prestar declaraciones como testigo en el caso del supuesto
golpe de Estado. Lo que sucedió en esa reunión está recogido con bastante
fidelidad en los dos libros que menciona.
La expresidenta Añez expresó recientemente en su
declaración al Ministerio Público: “En esa reunión Adriana Salvatierra plantea
y anticipa ante una posible renuncia de Evo Morales, que ella accedería a la
Presidencia en sucesión constitucional y llamaría a elecciones con un nuevo
Tribunal Constitucional (sic). Y le consulta si eso sería aceptado por el señor
Carlos Mesa. El señor Quiroga llama a Carlos Mesa por teléfono para
consultarle y éste le responde que la ciudadanía no aceptaría esa sucesión
(porque) las protestas continuarían”. ¿Es cierto que hubo esa llamada y
esa respuesta?
La señora Añez reprodujo de manera incompleta la
respuesta que recibí de Carlos Mesa. En el artículo que ella citó en su
declaración informativa, el autor dice textualmente (permíteme leer): “Mesa le
dijo a Quiroga que la Constitución establecía esa sucesión, y que debía darse,
pero que seguramente la ciudadanía no la aceptaría. Que las protestas
continuarían con ella en la Presidencia”. Añez omite la primera parte de la
respuesta que confirma el apego de Mesa a una salida constitucional. Por lo
demás, Salvatierra misma creía que no existían condiciones para hacerlo: lo
repitió en varias declaraciones públicas y ante la misma Fiscalía.
Pero aquí viene lo más interesante: el secretario general de
la Fiscalía, el señor Edwin Quispe, falsifica las declaraciones de
Añez con el propósito de incriminarnos. En una declaración a los medios, Quispe
dijo que, según el testimonio de Añez (leo otra vez para citar fielmente),
“habría tenido reuniones con Carlos Mesa, José Antonio Quiroga, Ricardo Paz”.
Pues bien, Jeanine Añez jamás declaró eso. Semejante falsificación de una
declaración judicial puede ser explicable si la comete uno de los cronistas del
golpe de Estado, pero es inadmisible en uno de los patrocinadores de este caso,
nada menos que el secretario general de la Fiscalía. Eso da una idea de cómo se
manipula la justicia para someterla a los designios del partido de gobierno.
Según las publicaciones citadas, tras la renuncia de
Morales, usted recibió la llamada del novelista mexicano Pedro Miguel, a nombre
del presidente Andrés Manuel López Obrador. ¿Qué le expuso Miguel?
Efectivamente, la noche del 10 de noviembre recibí la
llamada del escritor y periodista mexicano Pedro Miguel, a quien conozco
desde mis tiempos de estudiante en el exilio mexicano. Él es parte del equipo
político que acompaña a López Obrador pero la llamada no la hizo a nombre del
Presidente mexicano. Me dijo que querían enviar un avión para recoger a
Morales, a quien ya habían ofrecido asilo, pero que perdieron contacto con él y
sus ministros a raíz del estado de convulsión en el que estaba nuestro país. Le
transmití el mensaje a Manuel Canelas. Ahí terminó mi intervención en ese
incidente, pero no me sorprendería que alguno de los fiscales o algún cronista
del golpe diga ahora: “Quiroga reconoció que trajo un avión para provocar la
salida involuntaria de Morales”.
CC sostiene que el caso “golpe” está armado artificialmente. ¿Cuáles
son sus argumentos?
El argumento principal es que lo que sucedió en noviembre de
2109 no fue un golpe de Estado, sino una crisis política provocada por la
vulneración sistemática del orden constitucional –desde el 21F hasta el fraude
del 20 de octubre– por aquellos que consideraban que no se iban a rifar la
reelección por un apego abstracto a la norma, como dijo García Linera. Esa
crisis política desembocó en la renuncia de Morales y García y dio paso a la
conformación de un gobierno transitorio encargado de convocar a nuevas
elecciones. Es útil recordar la experiencia histórica: así como no hubo golpe
de Estado cuando Gonzalo Sánchez de Lozada renunció y huyó del país en 2003,
tampoco hubo golpe de Estado cuando Evo Morales decidió renunciar y huir
apresuradamente a México.
Pero también hay argumentos jurídicos: muchos de los
dirigentes, parlamentarios y operadores judiciales del MAS –comenzando por el
presidente Arce– reconocieron en su momento que en noviembre de 2019 hubo una
sucesión constitucional, pero ahora afirman lo contrario. Por ejemplo, el
actual ministro de Justicia, Iván Lima, publicó el 9 de enero de 2020 un
artículo titulado “¿Crisis del 22 de enero de 2020?” en el que afirmó que la
señora Añez ejercía la “Presidencia del Órgano Ejecutivo, por mandato del artículo
169 de la Constitución” y, para que no quepan dudas, afirmó que la Presidencia
del país fue asumida por “la Segunda Vicepresidenta del Senado, en funciones de
Presidenta del Senado en suplencia”. Pero Lima actúa ahora como un implacable
comisario del MAS, encargado de armar un caso sobre un golpe de Estado que no
existió.
Pero además, hay que recordar que se promulgaron dos leyes,
la de convocatoria a elecciones y la de prórroga de mandato, aprobadas por la
ALP controlada mayoritariamente por el MAS, que sancionaron la
constitucionalidad de la transición. Finalmente, nunca se ha visto que un
gobierno golpista organice unas elecciones en las que pueda ganar el régimen
depuesto.
Morales provocó la renuncia de todos los militantes de su
partido colocados en la línea de sucesión constitucional y llamó a sus bases a
incendiar el país mientras él se iba a México. Hugo Moldiz afirmó en su libro
sobre el golpe que “el presidente indígena” cometió un error estratégico al
haber tomado la decisión de provocar esas renuncias en cadena. ¿Por qué tienen
que enjuiciar a Jeanine Añez y a otros dirigentes de la oposición por un error
cometido por ellos mismos?
Además de sus objetivos amedrentadores, al estilo Nicaragua, este juicio tiene el propósito de resolver las disputas internas del MAS. Recordemos la dura acusación de Eva Copa: “Si de traidores hablamos, traidor es aquel que huye y deja abandonado e indefenso a su pueblo”. Evo Morales está procurando reposicionar su imagen pública que ha sido duramente criticada por sectores de su propio partido, por su huida del país pero también por las decisiones que tomó desde el 21F hasta la pésima selección de candidatos del MAS para las subnacionales.
Concluyo con esta reflexión: nada de lo que sucedió en noviembre de 2019 –ni el fraude, ni la movilización ciudadana, ni el cambio de gobierno– habría sucedido si Evo Morales y García Linera hubiesen respetado los resultados del referendo del 21F. Ése es el vicio más antiguo en el caso que nos ocupa. Ahora que la CIDH dará a conocer su Opinión Consultiva sobre el supuesto “derecho humano” a la reelección indefinida que utilizó el MAS para la habilitación inconstitucional de Morales y García para un cuarto período consecutivo de gobierno, se restablecerá la verdad histórica sobre una de las vulneraciones más graves al ordenamiento constitucional del país, cometida por los que ahora aparecen como “víctimas de un golpe de Estado”.
HOJA DE VIDA
- Estudios
El sobrino de Marcelo Quiroga es licenciado en filosofía,
egresado de la UNAM. Tiene un diplomado en periodismo en Conacyt, México.
- Plural
Es director ejecutivo de Plural editores (1994-2021), y
responsable de la edición de más de 1.200 títulos.



