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Medio: La Razón
Fecha de la publicación: jueves 08 de julio de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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En coincidencia con la “sugerencia” de renuncia planteada
por las Fuerzas Armadas al presidente Evo Morales en 2019, el secretario
ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB), Juan Carlos Huarachi, también
se sumó a la iniciativa.
Entonces, la declaración del líder de los trabajadores
resultó una estocada clave. La decisión causó un quiebre entre el dirigente,
que antes de esa petición era aliado del mandatario, y el expresidente.
Entonces, Huarachi declaró ante los periodistas: “Compañero
presidente (Morales), le llamamos a la reflexión de que pueda asumir esta
responsabilidad. Si hay la necesidad de renunciar, por pacificar al pueblo, lo
hacemos, lo decimos desde la COB para pacificar al país”.
En su libro de memorias Volveremos y seremos
millones, Morales recuerda ese pasaje de su salida del poder el 10 de
noviembre de 2019. Expresa su desazón con la decisión de Huarachi y devela que
la conferencia del dirigente era para avisar de la convocatoria de una
movilización para “recuperar el Palacio”.
“La última reunión con la COB había sido la mañana del
domingo, de desayuno, y quedamos así: que ellos iban a convocar que al día
siguiente salgan en movilización para recuperar el Palacio”, recuerda Morales.
Para entonces, la movilización contra el gobierno de Morales
había copado el centro de la ciudad de La Paz. Incluso Adriana Salvatierra,
entonces presidenta de la Cámara de Senadores, recordó a La Razón que el sábado
previo no se podía ingresar a la plaza Murillo, donde está asentado el Palacio
de Gobierno y la Asamblea Legislativa.
Morales dice que le sorprendió la respuesta de Huarachi a un
periodista: “Debe renunciar Evo”. Y dice “que venía bien la conferencia, como
planificamos”, hasta que el dirigente pidió la renuncia del mandatario.
Estaba “coincidiendo con algunos dirigentes de la COB, con
las Fuerzas Armadas, con la Policía y la derecha fascista, racista”, lamenta el
expresidente en sus memorias.
Cuenta que luego intentó comunicarse con Huarachi. “No me
contestó”, dice.
Entonces tuvo que hablar con otro dirigente, que no
menciona, “pero no se quiso comunicar”.
“¿Cómo es esto de renuncia?”, digo, según cita.
“Entonces se quedó callado”. “¿Es decisión orgánica a
institucional, su comité podía aprobar?”, dice que insistió.
“No dijo nada tampoco”, recuerda.
Incluso afirma que había sugerido a su interlocutor hacer
una conferencia de prensa conjunta. “Claro, la decisión orgánica de comunicar,
pues. Se calló ahí”, relata.
En otro pasaje del libro, Morales recuerda que incluso el
entonces presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia
(CEPB), Luis Barbery, lo respaldaba. “Había llamado a Adriana Salvatierra y le
había dicho: ‘Tienen nuestro apoyo”.
“Y aquí, mira, la CEPB apoyándonos contra el golpe y la COB;
ciertos liderazgos de la COB; contra nosotros. Entonces viene la renuncia”,
rememora el exmandatario.
Morales y el vicepresidente Álvaro García renunciaron horas
después, a las 16.50, en Chimoré, presionados por un paro sostenido desde el 21
de octubre, por las denuncias de presunto fraude en las elecciones del 20 de
octubre, un motín policial y la “sugerencia” de renuncia de parte de las Fuerzas
Armadas planteada por el entonces comandante de la institución castrense,
Williams Kaliman, acompañado de su Alto Mando.
Huarachi es aún el secretario ejecutivo de la COB.



