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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 07 de julio de 2021
Categoría: Autonomías
Subcategoría: Autonomía Indígena
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Contenido
La crisis del covid
en Bolivia está generando una amenaza que es casi invisible a la población
urbana: La depredación agresiva de áreas naturales. A medida que el precio de
venta del gas baja y el gobierno boliviano debe encontrar nuevas fuentes
económicas, el modelo extractivista se está endureciendo. Las noticias de
activación de proyectos de hidrovías, hidroeléctricas y otros tienen en alerta
a nuestros pueblos indígenas. Dado que Bolivia es uno de los países más
afectados por la crisis climática, la protección de nuestra biodiversidad
debería ser prioridad nacional, pero no lo es. El pueblo boliviano debe tener
la cordura que el gobierno no tiene y frenar la explotación suicida del
ambiente que garantiza nuestra comida, trabajo y misma existencia.
Organizaciones como
la Coordinadora Nacional de Defensa de los Territorios Indígenas Originarios
Campesinos y Áreas Protegidas de Bolivia (Contiocap) ya han denunciado
que muchos de estos megaproyectos se están realizando sin estudios ambientales
ni consultas previas a los pueblos indígenas. El proyecto de la hidroeléctrica
Rositas, frenado en 2018 debido a la resistencia de pueblos indígenas,
inundaría un área de 45.000 hectáreas de áreas protegidas y desplazaría a una
decena de pueblos indígenas de ser reactivado. De igual manera, el proyecto de
la hidroeléctrica Bala-Chepete desplazaría a más de 100 comunidades de pueblos
indígenas e inundaría más de 700 kilómetros cuadrados. Aunque estos dos
proyectos están en “pausa”, la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) ya está
ejecutando otros proyectos hidroeléctricos similares, uno en la cuenca del río
Ivirizu (Cochabamba) y otro en Quime y Cajuata (La Paz).
Los reportes de
impacto ambiental de estos proyectos no son transparentes y muchas veces no son
accesibles. Esto se debe al financiamiento de los mismos viene de créditos del
gobierno de China. Para recibir créditos de China, el Estado boliviano acepta
que la ejecución de los proyectos deberá ser hecha por empresas chinas. Estas
empresas usan sus propios recursos, tecnología y personal traído desde China.
Esto deja a la sociedad civil boliviana sin ningún tipo de material disponible
para fiscalizar ni controlar el desarrollo o impacto de estos megaproyectos.
Los más afectados de forma inmediata son los pueblos indígenas, pero será la
ciudadanía boliviana en su totalidad la que vivirá las consecuencias a largo
plazo de la destrucción de nuestro ecosistema.
La Constitución de
nuestro país indica en su capítulo 4 y artículo 30 que los pueblos indígenas
deben ser consultados sobre la explotación de sus recursos. El mismo artículo
reconoce su derecho a la territorialidad, a la protección de sus lugares
sagrados y a “vivir en un medio ambiente sano”. El desplazamiento forzoso de
comunidades indígenas para la creación de megarrepresas contradice no sólo
estos artículos de la Constitución, sino también los derechos humanos. Es por
ello que en Bolivia los activistas ambientalistas debemos asumir también la
defensa de derechos humanos, y sobre todo, apoyar y acompañar a organizaciones
indígenas como la Contiocap.
El falso “progreso económico” que justifica estas represas tampoco lo justifica. Estudios de la Fundación Solón han demostrado que no hay una ganancia económica real con la represa de Rositas. La energía producida por esta hidroeléctrica supera un costo normal, por lo que tendría que ser subsidiada o venderse a tarifas muy altas para el mercado. El único verdadero ganador de estos proyectos es el gobierno chino, mientras el gobierno boliviano deja una deuda económica y un daño ambiental que futuras generaciones, nuestras generaciones, tendremos que pagar. Por coherencia y sobrevivencia, la juventud boliviana y el pueblo boliviano en general debe apoyar a los pueblos indígenas que se oponen a megaproyectos del estado Chino en nuestras áreas protegidas. El gobierno de Arce no puede seguir regalando nuestro medio ambiente a un gobierno extranjero y dejando sequía e incendios para nuestro futuro.



