Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 07 de julio de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
En el afán de
sostener la retórica del golpe de Estado, el gobierno del MAS, con el apoyo de
jueces y fiscales afines, está llegando al punto de sacrificar a sus propios
amigos.
El fin de semana
fueron aprehendidos en Santa Cruz el excomandante de la FAB general
Gonzalo Terceros y el excomandante de la Armada Boliviana almirante
Gonzalo Jarjuri. Ambos fueron trasladados a La Paz, donde fueron puestos a
disposición de la justicia. Como era de esperarse, los dos exjefes militares
fueron enviados a prisión, pero antes de que eso ocurra uno de ellos, el
general Terceros, decidió contar su versión de la historia.
De su declaración
ante la Fiscalía y de una entrevista concedida a Página Siete en su celda, se
desprenden algunas afirmaciones relevantes que, si en Bolivia existiera una
justicia independiente, desmoronarían el denominado caso golpe.
Terceros dijo, por
ejemplo, que el entonces comandante en jefe de las FFAA Williams Kaliman
sugirió la renuncia de Evo Morales sólo después de estar seguro que el
exmandantario presentaría su dimisión. Tal es así que tres horas antes de que
se produzca la renuncia, Kaliman convocó a los integrantes de su alto mando
para comunicarles que Morales dimitiría y para informarles que sacarían un
pronunciamiento pidiendo la renuncia del mandatario “para hacer quedar bien a
las FFAA”.
Esta versión es
coincidente con el testimonio del propio Evo Morales, quien en su libro
Volveremos y seremos millones (2020) relata que barajó la posibilidad de
renunciar desde un día antes y que tomó la decisión antes de partir al Chapare
aquel 10 de noviembre de 2019.
Quienes sostienen
que Morales renunció presionado por las Fuerzas Armadas, ya pueden ir cambiando
el tenor del argumento porque, con este testimonio, queda claro que no hubo tal
presión. De hecho, hay que recordar que el alto mando militar era fiel a Evo
Morales y lo era aún más el general Kaliman, que no tomaba decisiones sin
consultarle.
Pero Terceros fue
mucho más allá y reveló que las Fuerzas Armadas siguieron recibiendo órdenes
del expresidente a través del exministro de Defensa Javier Zavaleta
incluso hasta 30 horas después de su renuncia. De hecho, la última
comunicación entre el comandante de la FAB y el exministro Zavaleta es el 11 de
noviembre, para dar parte que el avión mexicano con Morales a bordo ya estaba
abandonando espacio aéreo boliviano. “Cumplida su orden, ministro, cumplí mi
palabra de honor, el hermano presidente (Morales) ya abandonó espacio aéreo
boliviano sano y salvo’, él me dio las gracias y se despidió. Luego presentó su
renuncia”, le dijo Terceros a la Fiscalía.
¿Qué clase de
golpistas eran estos militares que seguían recibiendo órdenes del gobierno
saliente después de la dimisión? Nótese que Terceros se refería entonces a
Morales como “hermano presidente”, tal como lo hacían los sectores sociales,
ministros y su círculo más íntimo. Esta versión contradice al MAS, que sostiene
que el que se puso al frente de la FAB fue el expresidente Jorge Quiroga.
El general reveló
también el plan siniestro de Evo Morales y Álvaro García Linera para “quemar”
La Paz en caso de que no se garantizara su huida rumbo a México.
Sin importar lo que
signifiquen estas declaraciones, está claro que no cambiarán el curso del
proceso y que el MAS insistirá con su retórica del golpe de Estado.
Hasta la fecha
fueron detenidos cuatro de los seis miembros del alto mando militar de la
época, entre ellos Terceros, quien fue enviado a Palmasola; Jarjuri a la cárcel
de Patacamaya; además del comandante del Ejército general Jorge Pastor
Mendieta (a San Pedro), y el jefe del Estado Mayor almirante Flavio Gustavo
Arce (a San Pedro). En cambio, se desconoce el paradero del excomandante en
jefe general Williams Kaliman y del inspector general de las FFAA
general Jorge Elmer Fernández.
Mientras la retórica
prosigue, más exautoridades y líderes políticos se ven obligados a comparecer
ante la Fiscalía con el riesgo de terminar en la cárcel. ¿La pregunta es hasta
cuándo, hasta dónde y para qué? Armar un caso sobre un supuesto golpe solo
contribuye a limpiar la imagen de Evo Morales y no así a reparar a las víctimas
de la violencia política de 2019. Para ellas no hay justicia, al menos, no
todavía.



