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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: lunes 05 de julio de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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“El sistema judicial
en cualquier parte del mundo siempre tendrá una vinculación directa a una
determinación social ineludible. Por eso no es una institución celestial, sino
es parte del Estado (…) la llamada independencia de poderes, en este caso del
poder judicial, es una ilusión liberal creada para encubrir la dependencia real
de la justicia hacia el poder económico moderno (…) el Estado, como síntesis
del interés común no puede ni debe perder ante nadie.”
Esto escribió el ex
presidente García Linera en 2011, en su folleto “El onegismo, enfermedad
infantil del derechismo” (Págs. 117 y 118). Y fue esta “visión” la que
finalmente llevó al despeñadero el principio de la independencia judicial, que
siempre en nuestro país fue precario pero que fue demolido cuando desde la cima
del poder gubernamental se convirtió a la administración de justicia, de
servicio público a mecanismo de dominación de la sociedad para la imposición de
un proyecto político estatal.
Esa fue y es la
enorme responsabilidad histórica que pesa sobre el MAS en el agravamiento
extremo de la crisis judicial y el sometimiento absoluto de los jueces. Por eso
fracasaron las elecciones judiciales del 2011 y 2017, por eso el “gabinete
jurídico” que digitaba los procesos, por eso la impunidad de los delitos
cometidos por los gobernantes, por eso la persecución y enjuiciamiento de los
opositores y de los disidentes. Por eso, en fin, “la ilusión celestial” se
convirtió en el infierno cotidiano de la genuflexión de jueces y fiscales, de
la libre compra y venta de sentencias y cargos judiciales, del hacinamiento
inhumano de las cárceles y de la retardación interminable de los trámites. El
Estado autoritario nunca perdió ante nadie, pero el país entero perdió la
oportunidad de transformarse, y el sistema democrático perdió la posibilidad de
construir las bases del estado de derecho.
Y, después de una
década ¿esta visión totalitaria del MAS sobre el “sistema judicial” habrá
cambiado?
Los 4 meses de
ilegal encarcelamiento de la ex presidenta Añez, la violación recurrente del
debido proceso para enjuiciar a los ex gobernantes transitorios, la tesis de
“golpe de estado” para descalificar a los opositores, junto al comportamiento
vergonzoso de magistrados supremos que falsifican u ocultan sentencias y
nombran como jueces a conocidos delincuentes, todo ello y mucho más da cuenta
no sólo que el Estado nunca pierde, sino que, efectivamente, es casi una
ilusión pensar en independencia judicial porque los actuales gobernantes han
elegido la triste realidad terrenal de la dominación estatal en contra de una
verdadera administración judicial. Porque la independencia de los jueces ha
sido lapidada, es que estamos proponiendo una Reforma que tiene como punto
central su restablecimiento. Por eso la Reforma apunta a la cúpula judicial
porque desde allí se ha instalado el sometimiento de los jueces. Porque su
nombramiento, sin idoneidad ni méritos, está digitado por el gobierno y su
mayoría parlamentaria, y porque el voto popular es casi una farsa desnudada por
el mayoritario voto blanco y nulo. Por eso estamos planteando la modificación
de la Constitución Política vía Referendo Ciudadano, dónde la elección de
magistrados sólo tome en cuenta la calidad personal y profesional de
postulantes seleccionados, no por una Asamblea Legislativa anulada por el
sectarismo, sino por una Comisión Ciudadana cuyas ternas sean vinculantes para
una decisión parlamentaria, con 2/3 del total de sus miembros, que podría ser ad
referendo de una consulta popular definitiva.
Y no somos “ilusos
neoliberales”, sino convencidos que lo central de la reforma judicial debe
apuntar a tener como jueces a los mejores abogados y abogadas, no sólo por sus
conocimientos y su experiencia sino por su hoja de vida personal. La selección
y elección de jueces supremos, idóneos e independientes garantizará la
posterior selección y designación de vocales y jueces igualmente calificados.
El cambio cualitativo de la cúpula judicial viabilizará los otros cambios, ya
que los nuevos jueces supremos deberán ser los conductores de un proceso más
integral de reforma judicial que abarque a todo el sistema de justicia, en el
corto, mediano y largo plazo.
Y, si en este primer
momento de modificación parcial de la Constitución, agregamos una partida
presupuestaria constitucional del 3% con una renovada administración a cargo
del Consejo de la Magistratura, podríamos tener un inicial escenario
promisorio, donde no interesa que el Estado gane o pierda, sino que la gente
tenga tranquilidad luego de que sus conflictos sean resueltos, tenga seguridad
jurídica, derechos y garantías que preserven su libertad, dignidad y
patrimonio, y donde los gobernantes sepan que su ejercicio público no sólo
tiene límites temporales, sino barreras éticas, legales e institucionales
infranqueables que frenen al poder.



