Medio: El Día
Fecha de la publicación: lunes 05 de julio de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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El MAS tuvo 14 años para instalar una dictadura y no lo consiguió. Sabemos qué pasó con el cocalero cuando intentó dar el zarpazo final. Durante ese tiempo tuvo todas las condiciones para hacerlo. Contó con el asesoramiento de los cubanos, al igual que Venezuela, recursos de sobra para montar un aparato represivo, para comprar conciencias, bombardear con cuentos, leyendas y lo humanamente imaginable para torcer la historia y lavarles el cerebro a los bolivianos, pero lo ocurrido en octubre y noviembre de 2019 les demostró que están muy lejos de conseguir su ansiado propósito.
No vamos a negar que hicieron bien su tarea. Aplicaron viejas fórmulas y otras recetas modernas, pues las autocracias actuales ya no se valen de los clásicos cuartelazos que todavía se ven en naciones asiáticas y africanas, sino de complejos entramados jurídicos e institucionales que ayudan a disimular la mano dura. Manipulación de la justicia, persecución judicial de los opositores, cooptación de las instituciones que regulan las elecciones para camuflar sus falsas democracias fraudulentas, control de la educación, los medios masivos y el manejo de una plataforma discursiva cargada de buenas intenciones, conceptos indigenistas, ecologistas y el dominio cultural que les propone el neomarxismo.
El descarado fraude de octubre de 2019, los pésimos cálculos que hizo el MAS para tratar de disimularlo y finalmente, la cobarde reacción del cocalero no sólo pusieron al viejo proyecto dictatorial en evidencia, sino que mostraron todas sus debilidades, todos los huecos que tenía, empezando por la blandura de carácter de sus líderes que se escondieron detrás de las faldas de un grupo de mujeres y que mandaban a jóvenes humildes a pelear por ellos, tirando al demonio el aguerrido grito “patria o muerte” que tanto repetían.
El triunfo de Arce en las elecciones de 2020 los hizo volver pero con mucha menos fuerza. La gente ya no cree en sus gritos de guerra ni en los cuentos de que son la reserva moral y toda la sarta de cantaletas que crearon para engatusar a la gente. Ya no tienen los recursos de antes, encima deben hacerse cargo de la pandemia, un bulto que han tratado de esquivar sin conseguirlo y además de eso, restaurar la imagen del cocalero, continuar con el cuento de que es el ùnico líder que puede salvar a Bolivia, perorata que ya ni siquiera convence a los propios miembros del MAS que enfrentan una división cada vez más intensa y difícil de disimular.
En otras palabras, el MAS ha empezado de cero en la construcción de su dictadura, lo hace con un líder de barro a la cabeza, con la comunidad internacional en su contra y sin los medios suficientes para hacer creíble su narrativa del golpe de estado. Están persiguiendo, encarcelando, descabezando el Tribunal Electoral y haciendo de nuevo y en tiempo récord todo lo que hicieron en 14 años. Por eso es que las cosas le salen muy chuecas y chapuceras. La desesperación los lleva debajo y más que nada la incertidumbre por la situación del cocalero. Lo único claro es que ya saben que Bolivia no aceptará una dictadura.



