Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: viernes 02 de julio de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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En los últimos días hemos ido leyendo noticias que merecen
comentario porque tienen que ver con la concepción de lo que es el Estado.
Resulta que el actual Presidente del Estado Plurinacional
entrega 5 vehículos, 3 computadoras y 3 televisores a la Confederación Sindical
Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, donación equivalente a la que ya
había hecho a la Federación de “Bartolinas”, a los “Ponchos Rojos”, a los
Colonizadores (ahora llamados “Interculturales”) y a la Federación de
Constructores, a la Federación de Mineros y a la Federación de Cooperativas
Mineras; sin olvidar que en mayo pasado le entregó a la Federación de Mineros
un edificio de 9 plantas (que por lo visto había costado 13 millones de
bolivianos). Y casualmente resulta que todas las organizaciones mencionadas
están dirigidas por militantes del MAS.
Llama la atención, en primer lugar, que todos estos gastos se
hagan en momentos de crisis económica (nacional y mundial, gracias al famoso
Covid), cuando en el mundo entero, y por supuesto en nuestro país, hay cada vez
más población que no tiene trabajo y que está haciendo milagros para sobrevivir
(y por supuesto esa masa no tiene nada que ver con las organizaciones que
mencionábamos). Concretamente, en Bolivia se sabe que las reservas fiscales
están muy disminuidas, y que nuestra estabilidad monetaria se debe a fuentes
que lo menos que podemos llamar son “ilegales”.
Pero además está el componente partidario de la directiva de
dichas organizaciones. Los “partidos” políticos parecen ser un mal inevitable
de los sistemas democráticos (sólo Libia se dio el lujo de tener una democracia
sin partidos, con participación directa de las diferentes organizaciones
civiles, pero fue una experiencia que duró poco), y por tanto parece que
también para nosotros son un mal inevitable.
Y en nuestro caso tenemos un Presidente elegido con el 55 por
ciento de los votos, por tanto una mayoría “absoluta” e indiscutible. Pero,
para empezar, el actual Presidente debe tener claro que muchos de esos votos no
son por sus propios méritos y capacidades, sino por la sana convicción de que no
nos interesaba un Presidente que ganara con mayoría relativa, y que entráramos
en una segunda vuelta y nos condenáramos a una democracia de mayorías
relativas, y por tanto inestable.
Pero al margen de todo eso, lo que no debería olvidar nuestro
Presidente es que, una vez elegido, se debe a todos los bolivianos y
bolivianas, y no sólo a los y las masistas. El Presidente pertenece a un
partido, y por supuesto tiene que ser consecuente con la línea política de ese
partido, y nadie se puede quejar de que la aplique. Pero no por eso deja de ser
Presidente de todos los bolivianos y bolivianas, y tiene que gobernar para
todos y todas, y preocuparse de los problemas que a todos aquejan. Nuestro
gobierno es del MAS (así lo decidieron las últimas elecciones) pero no es para
el MAS sino para el conjunto de la población. Y este principio se hace más
imperativo cuando el Estado en su conjunto vive una crisis que incluye falta de
puestos de trabajo y problemas de producción, de comercio y de transporte.
No se justifica gastar millones en favorecer a determinadas
organizaciones políticamente afines al gobierno, no se puede perder de vista la
gravedad de la pandemia que nos aflige (ahí está la carencia de hospitales y
otros centros de salud, que lleva a que muchas personas enfermas se tengan que
echar en el suelo de los hospitales, ya que no hay camas disponibles, e incluso
en plena calle).
Compañero Presidente del Estado Plurinacional, nadie duda de
su capacidad profesional (además es de profesión precisamente economista), pero
no parece ser consciente de la gravedad de la crisis que vivimos, y de que
tiene que preocuparse de toda la población (y responder a todas las demandas y
necesidades de toda la ciudadanía). Y por supuesto no le corresponde apoyar, ni
directa ni indirectamente, una futura candidatura de Evo Morales, y menos
cuando faltan más de cuatro años para esas elecciones.
Esos son los dos horizontes que Ud. no puede olvidar:
disminuir los gastos estatales en tiempos de crisis, y gobernar para todos y
todas los bolivianos, al margen de por quién votó cada uno y cada una… Esa es
la verdadera “demo-cracia”.
¿No lo cree Ud. así, compañero Presidente?



