Medio: El Deber
Fecha de la publicación: martes 29 de junio de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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La democracia es esencialmente un sistema que limita el
poder de los gobernantes, volviéndolo pasajero y sujetándolo a la rendición de
cuentas, tanto por su distribución del poder en distintos órganos y niveles del
Estado como por la noción de que la alternancia obligará a quienes gobiernan a
responder por sus actos frente a un gobierno distinto. Por ello, el intento de
perpetuación en el poder por encima de la Constitución y contra el referéndum
del 21F, constituía un gravísimo atentado al orden democrático boliviano, que
esperemos sea una vez más ratificado en los límites a la reelecciòn
presidencial mediante el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos
que se debe hacer público en los próximos días.
En realidad, más allá de la resolución que comunique la
Corte, en una decisión de tal importancia, el pueblo boliviano ya ha resuelto
esta discusión en varias oportunidades, por lo que, quienes aún ponen en duda
estos límites a la reelección actúan desconociendo la soberanía del pueblo
boliviano que al aprobar la Constitución vigente, determinó que los ciudadanos
bolivianos no podrían reelegirse de forma continua más de una vez en los cargos
de presidentes, gobernadores y alcaldes, así como tampoco para senadores,
diputados, asambleístas departamentales y concejales municipales.
Esta voluntad popular se expresó nuevamente en el referéndum
del 21 de febrero de 2016, en el que se rechazó la reforma de la Constitución,
que buscaba darle a Evo Morales la posibilidad de un cuarto mandato, con una
interpretación de la Constitución que en los hechos implicaba otorgarle la
opción de una reelección indefinida, violando la norma fundamental y burlando
el voto ciudadano.
Igualmente, tras la crisis política y social provocada por
el fraude electoral descubierto en las elecciones de octubre de 2019, se
aprobaron por unanimidad dos leyes que ratificaron los límites a la reelección
presidencial y de las autoridades electas de los tres niveles del gobierno.
Como presidente de la Comisión de Constitución del Senado, propuse y trabajé en
el consenso necesario para que la Asamblea Legislativa Plurinacional en su
conjunto, restablezca el respeto a la Constitución y al voto de los bolivianos.
El artículo 19 de la Ley 1266, aprobada el 24 de noviembre
de 2019, sobre las elecciones nacionales, establece en su parágrafo II, que las
y los ciudadanos que hubieran sido reelectos de forma continua a un cargo
electivo durante los dos períodos constitucionales anteriores, no podrán
postularse como candidatos al mismo cargo electivo. Igualmente, la Ley 1269,
Ley Excepcional para la convocatoria y realización de elecciones subnacionales,
promulgada el 23 de diciembre de 2019, establece en su artículo tercero que las
y los ciudadanos que hubieran sido reelectos de forma continua a un cargo
electivo durante los dos períodos constitucionales anteriores, no podrán
postularse como candidatos a un mismo cargo electivo. De esta forma, dos leyes,
vale la pena reiterar, aprobadas por unanimidad, ratificaron los límites
constitucionales a la reelección en Bolivia, no solo para el presidente sino
para todas las autoridades electas en los tres niveles del Estado.
Obviamente, la citada resolución de la Corte Interamericana,
sería trascendental para eliminar la posibilidad de manipulación legal promovida
por algunos gobiernos en contra de sus propias constituciones y devolver a los
ciudadanos su verdadero poder para controlar y limitar el gobierno que
temporalmente le entregan a sus representantes. De esta forma, se evitaría el
abuso a las mayorías legislativas y/o interpretaciones arbitrarias por parte de
tribunales constitucionales politizados.
De esta forma quedará claro que así como la democracia es el
sistema por el cual los ciudadanos votan y eligen a sus gobernantes, es también
el sistema que tiene como principio fundamental el de limitar el poder, siendo
uno de los principales instrumentos para ello, el de la alternancia en el
gobierno, pues de los contrario, en un sistema presidencialista es tan fuerte
la concentración del poder en el presidente, que este tenderá a perpetuarse y
eliminar toda competencia real, con lo que la democracia pasa a convertirse en
una fachada que ya no cumple sus verdaderos fines.



