Medio: La Razón
Fecha de la publicación: miércoles 23 de junio de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Víctor Borda, presidente de la Cámara de Diputados en la
crisis poselectoral de 2019, acaba de salir de su silencio. Devela que renunció
a sus funciones antes que el presidente Evo Morales, presionado por un grupo de
vándalos que estaba a punto de quemar a su hermano en Potosí.
Eran cerca de las 15.30 del domingo 10 de noviembre de 2019
cuando, luego de intentar hablar con radio Kollasuyo de aquella ciudad (el
dueño temía que iban a quemar la emisora tras la posible cobertura), comunicó
su decisión a través de la red Bolivisión, cuyo mensaje primero escucharon los
captores de su hermano Marco Borda para liberarlo.
Entonces, el país sufría una grave crisis política, con un
gobierno de Morales acechado por protestas, un motín policial y un informe
preliminar de la Organización de Estados Americanos (OEA) que desahuciaba las
elecciones del 20 de octubre.
Borda era la tercera persona en una eventual sucesión
constitucional. ”No ha sido casualidad; no querían que ningún masista asuma el
poder. Yo era el último eslabón constitucional”, cuenta a La Razón.
Fue el primero en abandonar, bajo presión, la línea de
sucesión, y lo había hecho de la peor manera; a las 08.30 le habían hecho saber
que secuestraron a su hermano. “’Han tomado de rehén a tu hermano’, me dice.
‘Ese grupo le está haciendo caminar desnudo”, recuerda en alusión al relato de
un vecino suyo en Potosí.
En medio de su preocupación, dice que después le llamó
Adriana Salvatierra, presidenta de la Cámara de Senadores, para avisarle que a
las 12.00 tendrían una reunión con Morales en el hangar presidencial de El
Alto.
“Entiendo que estaba junto con el presidente Evo, porque le
quita el celular el presidente Evo y me dice: ‘Víctor, te habla Evo; ¿qué ha
pasado?’. Le digo que están quemando mi casa. Y me dice que ‘en este momento
voy a hablar con el comandante de la Policía (que era el coronel Williams
Villa) para que baje refuerzo policial’. No había nadie”.
Borda recuerda que cinco minutos después le devuelve la
llamada el Presidente. “‘No me hacen caso’”, dice que respondió Morales.
La renuncia
Cuenta que por varias horas había sufrido primero la quema
de la casa de su mamá, el riesgo que enfrentaba su hermana y el secuestro de su
hermano. “Me llaman a las 10.00 de un celular y me dicen que renuncie al cargo;
me hacen hablar con mi hermano. Yo, escéptico, no acepto la renuncia. Mi plan
era refugiarme en la embajada de México”, afirma el exlegislador del Movimiento
Al Socialismo (MAS).
Recuerda que las 13.30 los captores de su hermano le vuelven
a llamar para decirle que lo estaban quemando. Eran vándalos que incluso
estaban borrachos. Hasta que un grupo de compañeros que se había infiltrado en
el incidente hace que a Marco Borda lo lleven a San Clemente, en el intento de
que el párroco del templo “pueda darle asilo y evitar que sigan golpeándole y
torturando”.
“Lamentablemente, el padre se niega a recibirlo”, dice
Borda.
“Me dan un ultimátum; si no, lo iban a quemar. Para que
presente mi renuncia. En ese interín lo llamo al presidente Morales. Le digo
llorando y acongojado: ‘Voy a tener que presentar mi renuncia’. El Presidente
me dice: ‘¿Tú crees que renunciando vas a salvar la vida de tu hermano? ‘No sé,
Presidente; pero mi conciencia va a estar tranquila de que he intentado algo
para salvar la vida de un persona que nada tiene que ver con temas políticos”,
relata.
“’Bueno’, me dice (Evo). Ahí termina la conversación”,
rememora Borda.
En una entrevista con La Razón, la otrora
presidenta de la Cámara de Senadores, Eva Copa dijo que los ataques no eran
casuales, fueron perpetrados justo a quienes, luego de la renuncia de Morales,
estaban en la línea de sucesión.
“Adriana (Salvatierra) nos dijo que la estaban esperando con
una citación de aprehensión en el aeropuerto y tuvo que irse a asilar a la
Embajada de México, a (Rubén) Medinaceli le pusieron dinamita en su casa de
Oruro, iban a hacer explotar si no renunciaba, y al hermano del diputado
(Víctor) Borda lo agarraron y corretearon en la plaza (en Potosí)”, contó la
ahora alcaldesa de El Alto.
Se trata de una “meticulosa planificación”, coincide Borda.
“Si yo asumía, mi único objetivo era convocar elecciones en
90 días”, supone el ahora exlegislador del MAS.
A las 16.50 de ese 10 de noviembre Morales y el
vicepresidente Álvaro García renunciaron a través de un mensaje de video desde
Chimoré.
Inmediatamente después, la Iglesia Católica y la Unión Europea iniciaron el
cabildeo por la pacificación del país y lo primero que hicieron fue proponerle
a la entonces segunda vicepresidenta de la Cámara de Senadores, Jeanine Áñez,
la sucesión.
Salvatierra había renunciado también, presionada por una
orden de aprehensión y vigilias en la casa de sus padres en Santa Cruz. La
entonces primera vicepresidenta de la Cámara de Senadores, Susana Rivero,
también acosada primero en su casa y luego en la casa de Teresa Morales, donde
se alojó para pasar los momentos de tensión, siguió el camino.
Según cuenta, Borda no tenía más opción; un grupo de
policías de civil lo esperaban en su casa de la calle Illimani en La Paz para
detenerlo. Tuvo que refugiarse en una villa de El Alto por unos 10 días después
de su renuncia.



