Medio: La Razón
Fecha de la publicación: domingo 20 de junio de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Los acontecimientos de octubre y noviembre de 2019 en Bolivia son reveladores para las ciencias sociales, igual que los hechos del 21 de julio de 1946 que marcaron la caída del gobierno de Radepa- MNR (Razón de Patria-Movimiento Nacionalista Revolucionario) y el fin de la vida de Gualberto Villarroel. En julio de 1946, las protestas, que ya formaban parte de lo cotidiano, fueron en su momento eficazmente redireccionadas por el Frente Democrático Antifascista, bajo la consigna democracia versus fascismo, para dar el golpe final al gobierno de Villarroel.
Ya Vladimir Ilich Lenin había comprendido que las consignas democráticas tienen un gran poder de movilización. Se comprueba esta hipótesis con los hechos de octubre y noviembre de 2019, cuando el presidente constitucional Evo Morales (del Movimiento Al Socialismo, MAS) se ve obligado a renunciar ante la presión de sectores urbanos de clase media, cuya consigna de protesta fue de democracia versus dictadura; la movilización fue articulada por la oligarquía cruceña, partidos de oposición, el autodenominado Comité Nacional de Defensa de la Democracia (Conade), entre otros.
Para mayores elementos de conceptualización, por régimen democrático se entiende: “primeramente un conjunto de reglas de procedimiento para la formación de decisiones colectivas, en el que es prevista y facilitada la más amplia participación posible de los interesados” (Norberto Bobbio, 1986). En la misma línea, Hans Kelsen menciona que la democracia es un método de selección de autoridades cuya esencia es el sufragio. Entonces en base a los dos ejemplos históricos ya citados vemos un proceso de desustancializacion de la democracia hasta quedar en un simple mecanismo o dispositivo de control.
En base a estos antecedentes, la pregunta que orienta este debate es: ¿cómo poder diferenciar las verdaderas luchas democráticas de otras que solo persiguen intereses opuestos a las grandes mayorías? Para esto, una interesante genealogía histórica de la exclusión nos la presenta Michel Foucault, que ayudará a comprender la razón instrumental que adquiere la democracia. Foucault indica que hasta fines de la edad media el loco era parte del paisaje social, integrado en la sociedad; empero en el Renacimiento, los exleprosarios fueron ocupados por aquella masa que conformaron los que él llama la sinrazón: vagabundos, pobres, locos, prostitutas, jóvenes corruptos, libertinos y homosexuales; ellos habitaron el espacio de la exclusión social. Es decir, que si antes el loco desde su locura podía decir la verdad, posteriormente su discurso dejará de ser escuchado, su palabra será acallada, encerrada dentro de los muros, separada del territorio de la Razón “burguesa”. Entonces, si democracia significa que el pueblo se gobierna a sí mismo, es porque los seres humanos poseen una razón, que les confiere autonomía para forjar su propio destino.
Si contextualizamos este debate en la historia política de Bolivia, por ejemplo, con los hechos de 1971 y 1980 de Hugo Banzer y Luis García Meza, que marcaron un hito y reúnen elementos de caracterización de las dictaduras, ayudan a comprender y diferenciar una dictadura de una consigna política discursiva y momentánea que articula fines eminentemente políticos que detentan el poder del Estado. Es esclarecedor cuando recordamos que la consigna discursiva de Banzer para asaltar el poder era el de “salvar a la nación del comunismo”, increpando a la clase obrera (COB, Central Obrera Boliviana) de generar un clima de caos e inseguridad, criticando su estrategia de lucha. Banzer se mostraba como el hombre del destino, llamado a salvar la nación de su fatalidad. Esta consigna discursiva era el común denominador de los partidos tradicionales, para aplacar cualquier lucha social de las clases populares, para transformar y trasladar sus demandas al territorio de la sinrazón, categorizando dichas demandas de ilusiones demagógicas, extremistas, ignorantes, violentas, anarcosindicalistas, extremistas y contrarias al orden constitucional y democrático.
Para ir concluyendo, la conceptualización sobre la democracia asume una razón instrumental, que es manejada por las clases dominantes, la democracia como el gobierno del pueblo en tanto racional, es decir, que si el pueblo o las mayorías se desvían de los valores dominantes del sistema capitalista racional, necesariamente caen en la zona de la sinrazón, en la zona de la locura, territorio de exclusión social, cuyas voces son silenciadas y aisladas de la sociedad por representar un peligro. Y no habiendo un pueblo racional capaz de gobernarse a sí mismo (condición para el ejercicio de libertades políticas), no tiene sentido practicar los procedimientos democráticos. Es así como se comprueba que la situación de los gobiernos de Villarroel y Morales, donde sectores integrantes de la sociedad racional, con derechos políticos que los habilita al discurso para protestar contra una pseudodictadura o fascismo (campo de la sinrazón), demandando libertad en medio de libertades, democracia en condiciones democráticas.
Tales errores históricos se deben al trabajo teórico intencional, llevado a cabo por los grandes intelectuales que tuvieron éxito en separar la democracia de las condiciones de clase y hacerlas inherentes a simples procedimientos político-jurídicos, llegando al extremo de convertir la democracia en una consigna y slogan político, con tópicos como la alternabilidad o la renovación de autoridades, entre otros.
Si bien existe fallas en el sistema jurídico normativo y es necesario mejorarlo, eso no es suficiente para catalogarlo como antidemocrático y mucho menos justifica para apoyar golpes de Estado en contra suyo.
(*) Norma Juárez M. es trabajadora social, activista en DDHH



