Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: viernes 18 de junio de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Las últimas movidas del MAS que conllevan elementos de
ruptura interna nos vienen a mostrar que los partidos políticos en Bolivia van
perdiendo fuerza y consistencia, y que por lo menos ya no hay partidos cuya
mayoría garantice el triunfo automático de ninguno. En el MAS sigue habiendo un
sector (parece que mayoritario) que sigue soñando con el retorno de Evo Morales
a la Presidencia, pero Evo (cuyo primer gobierno sigo pensando que fue el mejor
que tuvo nuestro país en toda su historia) a estas alturas ya es un hombre del
pasado. El ejercicio prolongado del poder le produjo daño cerebral (tal como se
ha confirmado con investigaciones coincidentes realizadas en Estados Unidos y
en la Unión Europea), y a estas alturas no está en condiciones de presidir este
país nuestro, que siempre fue muy difícil de gobernar (es la otra cara de la
amplia voluntad participativa de nuestra población).
A primera vista parece una buena noticia, ya que siempre
hemos tenido claro que los partidos grandes siempre han tendido al ejercicio
del poder sin respeto real por la democracia (el disfrute del “poder” resulta
más gratificante y satisfactorio que escuchar y respetar las diferentes
visiones y los diferentes intereses de los diferente sectores sociales y
geográficos). El “partido” por definición (y por lo que significa ese
sustantivo) tiende al monopolio del control político y, por supuesto, al
desprecio por la opinión y los intereses de las minorías.
Por eso cabe afirmar que para que un sistema político sea
realmente democrático (y no partidocrático) tendría que prescindir de los
partidos. Pero hasta ahora la única experiencia democrática sin partidos (y con
participación directa de las masas) fue aquella Libia de Mohamad El Kadafi, que
duró muy poco. Y hasta ahora nadie ha inventado otra forma de democracia y, por
tanto, la verdadera democracia (gobierno del pueblo, no de quienes se apoderan
de la voluntad popular) se puede afirmar que no existe. Y que por tanto
—mientras no surja una nueva propuesta, que nadie parece en condiciones de
hacer— tendremos que aguantar la “democracia partidaria” (lo que no deja de ser
un concepto contradictorio).
Pero además ocurre que en estos momentos en Bolivia no hay
partidos sólidos ya que ni el propio MAS presenta una unidad interna sólida ni
nos ofrece propuestas políticas mínimamente consistentes. Por tanto, nuestra
“demo-cracia” se encuentra condenada al fraccionamiento, a la multiplicación de
diferente minorías y a la falta de claridad y consistencia. Y en los tiempos
que corren —de pandemia y de las consecuencias económicas de ésta— como que
estuviéramos condenados a la incertidumbre.
El actual gobierno, que ganó las elecciones en primera
vuelta y con mayoría más que absoluta, no acaba de entender que esa mayoría de
electores no son precisamente “masistas”, sino ciudadanas y ciudadanos
partidarios de la estabilidad política y de un Presidente capaz de tomar las
difíciles decisiones que exige el actual momento económico que padecemos. Ese
55% está expresando la madurez del electorado, no la capacidad y consecuencia
del actual Presidente. De hecho el actual Presidente, en lugar de hacerse eco
de esa sabiduría política popular, se dedica a peleas políticas internas, a
descalificar a sus opositores, a inventarse la teoría del “golpe de Estado” y
como que apunta a recuperar la vigencia de Evo Morales, que es definitivamente
un hombre del pasado y que no garantizaría nada en el presente ni en el futuro.
Y entonces ¿qué hacer? No creo que nadie lo tiene claro. Lo
que sí, muchas y muchos pueden tener claro es que estamos en el momento menos
adecuado para gastar energías en peleas políticas. Lo que nos corresponde es
hacer lo posible para enfrentar la pandemia.



