Medio: El Diario
Fecha de la publicación: martes 15 de junio de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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“Han elegido a bolivianos que no son dignos de ser llamados jueces y
vocales”. La frase corresponde al ministro Lima, al tiempo que anunciaba,
nuevamente, “juicio de Responsabilidades” contra los magistrados del Tribunal
Supremo, magistrados “electores” de esa treintena de “indignos” vocales
departamentales que, finalmente, han quedado sin efecto.
Ese fue el nuevo escandalete judicial de la semana que grafica una crisis que, más bien, no parece tener fondo y cuyo encaramiento no debe postergarse.
La propuesta de Reforma judicial vía Referendo modificatorio de la
Constitución, promovido desde la sociedad y la gente, apunta a esa ciénega sin
fondo. Como ya se dijo, tres temas están planteados para la Reforma
Constitucional: la elección de los Jueces Supremos para garantizar
independencia, el presupuesto judicial y su administración para acabar con la
justicia “miserable”, y el acceso universal a la justicia para resolver
conflictos sin necesidad de jueces ni abogados.
He conocido tres criterios importantes, ahora que parece iniciarse el
debate: El primero, que “si se va a generar todo un Referendo, no sea para
poco” ya que el problema de la administración de justicia va más allá del
Órgano Judicial, abarcando especialmente al Ministerio Público, al Régimen
Penitenciario, la policía de investigaciones y la Defensoría del Pueblo,
instituciones necesitadas también urgentemente de Reforma. Coincido con la
dimensión de la problemática judicial y por eso considero, como otros abogados,
que debemos fijar el corto, el mediano y el largo plazo de la Reforma, donde el
punto de partida sería una distinta manera de elegir a jueces, un presupuesto
digno y una verdadera justicia comunitaria, reformas todas aprobadas por
Referendo ciudadano que debe y puede inaugurar bien este largo camino donde,
además de la Constitución tienen que reformarse leyes, instituciones, formación
académica de los abogados y la propia “cultura pleitista” de los bolivianos.
Ello podría dotarnos como país de una estrategia estatal de transformación
judicial más allá de los gobiernos, que es una de las carencias centenarias que
explican el pantano.
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El segundo criterio es más político y por ello más integral. Se considera
que “no es este el momento, porque la gente está angustiada por la salud y la
economía”, que es lo que habría que atender, también desde la sociedad como
demanda, porque tampoco en ese plano se puede esperar nada del gobierno.
Coincido que la pandemia ha cambiado la agenda y las prioridades nacionales
pero el virus ni ha sustituido los problemas, ni su solución aparejará la de
las otras problemáticas. Es más, varios expertos consideran que, lograda la
vacunación masiva, la inmunidad durará entre 7 y 12 meses y después tendrá que
volverse a vacunar a todos. Tendremos que “acostumbrarnos” al “coronavirus” y a
una “nueva normalidad” donde los problemas viejos, como la justicia, no pueden
esperar su encaramiento.
El tercer criterio es más concreto y es el de poner en marcha, de
inmediato, dos tareas en relación con la “Reforma-Referendo”: Avanzar en la
formulación de la propuesta “técnica” y, al mismo tiempo, iniciar la
organización de lo que debería ser una cruzada nacional por la Justicia. Y son
dos tareas muy complejas. Por un lado, en el Referendo, frente a las urnas, la
población debería tener propuestas y preguntas claras, sencillas y profundas, y
por el otro se tiene que movilizar primero más de 1 millón y medio de firmas y
después más del 51% de los votos.
Varios abogados de conocida solvencia profesional y personal han
comprometido su concurso y algunos núcleos organizados de la sociedad han
iniciado coordinación e intercambio de criterios para generar una base
organizacional que defina bien la agenda de esa cruzada nacional, con precisión
de actores, pasos y momentos que no deberían ir más allá del 1er semestre de 2023,
porque en el 2do semestre de ese año deberán producirse nuevas “elecciones”
judiciales que, sin Reforma, repetirían la ya vieja práctica de suplantación y
manipulación del voto.
Coincido más con este 3er criterio porque a partir de él podemos efectivamente
dimensionar mejor la problemática nacional de la justicia y, al mismo tiempo,
constatar si es o no el momento en el que la gente, abrumada por la pandemia y
las carencias materiales, tiene suficiente energía para batallar, además por la
justicia, sabiendo que esa batalla es por la plena vigencia democrática.
Si no lo hacemos, es posible que se vuelva a nombrar vocales indignos,
jueces con prontuario y que los juicios de Responsabilidades anunciados se
conviertan, otra vez, en acuerdos oscuros de caballeros poco dignos.



