Medio: Jornada
Fecha de la publicación: martes 15 de junio de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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La Iglesia católica en Bolivia reafirmó este martes su rol de mediación
en la crisis política y social que afrontó el país en 2019 que derivó en la
constitución de un Gobierno transitorio y rechazó cualquier intento de
relacionarla con un «golpe de Estado».
«La Iglesia católica rechaza toda acusación relativa a conspiración,
propiciación, encubrimiento u otra forma de actuación que se relacione con un
supuesto golpe de Estado», se expresa en un documento hecho público por el
Episcopado.
El informe de unas 25 hojas, que se titula «Memoria de los hechos de
pacificación en Bolivia octubre 2019 – enero 2020», fue entregado al papa
Francisco, a distintas instancias de la Iglesia y a la Fiscalía.
La memoria describe situaciones como el momento en que debió decidirse
sobre la sucesión constitucional tras la renuncia del entonces presidente Evo
Morales el 10 de noviembre de 2019.
El texto menciona dos opciones que en ese momento se plantearon: «que
asumiera la presidencia la senadora Adriana Salvatierra o la diputada Susana
Rivero (ambas del oficialismo). Pero ellas se negaron alegando que sus vidas
corrían peligro» o la sucesión de Jeanine Áñez «para asumir la Presidencia».
«Recalcamos y damos fe en nuestro carácter de facilitadores de todo este
proceso de diálogo, que en ningún momento este grupo tuvo carácter de
decisión», asegura el Episcopado en la parte conclusiva del documento.
A finales de mayo de este año, la Fiscalía envió un requerimiento a la
Iglesia católica para que manifieste cuál fue su rol en los procesos de diálogo
que buscaban hallar soluciones a las tensiones que se activaron tras las
elecciones frustradas de 2019 señaladas como fraudulentas.
«Lo que se hizo fue facilitar un complejo proceso de diálogo, buscando el
bien común y la paz de todos», asevera la Iglesia católica en su informe.
Actualmente se desarrolla una investigación denominada como el caso
«golpe de Estado» a raíz de una denuncia de la exdiputada del gobernante
Movimiento al Socialismo (MAS) por supuestos hechos de terrorismo, sedición y
conspiración.
A raíz de esto guardan detención preventiva la expresidenta interina
Jeanine Áñez, dos de sus exministros y algunos exaltos jefes militares, además,
también hay procesos contra otros excolaboradores de la exmandataria y exjefes
de la Policía.
En el proceso también se incluye al gobernador de Santa Cruz, Luis
Fernando Camacho, y su padre José Luis Camacho Parada, sobre los que todavía no
se han iniciado acciones judiciales.
El Gobierno del presidente Luis Arce sostiene que los sucesos de 2019
fueron parte de un «golpe de Estado» y no de un fraude electoral y que esto provocó
una interrupción del orden constitucional.
Inclusive, funcionarios como el vocero presidencial, Jorge Richter,
manifestaron públicamente que la Fiscalía debía indagar el rol de los
mediadores en aquella crisis.



