Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 16 de junio de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Asamblea Legislativa Plurinacional
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Las bolivianas y bolivianos hemos visto estupefactos la confrontación en
la Asamblea Legislativa Plurinacional el pasado 8 de junio. Antonio Colque
(MAS), Henry Montero (Creemos), Tatiana Añez (Creemos) y María Alanoca (MAS)
fueron protagonistas de una tensa confrontación que llegó a golpes. Las
reacciones no tardaron en llegar, pues medios de comunicación nacionales e
internacionales, además de las redes sociales, dieron cobertura a semejante
espectáculo.
En este escenario urge preguntarnos ¿qué nos retrata esta pelea? Este
show en el Congreso representa claramente la falta de gestión y de propuestas
por parte de la clase política que ha reducido su accionar a un espectáculo.
Cada golpe, insulto y grito de todos los frentes políticos en ese momento
figura la carencia de diálogo y consensos por parte de los y las
congresistas.
Ante la crisis multifactorial (económica, sanitaria, política,
educacional, etcétera) por la que estamos atravesando, cada espacio de decisión
tiene la responsabilidad de canalizar soluciones ante las problemáticas
bolivianas que cada vez se agudizan más por la pandemia. A cambio, nos
encontramos con discursos y actuaciones que fomentan una cultura revanchista
que únicamente se concentra en buscar culpables, es en esa búsqueda que
se pierde la oportunidad de gestión de las autoridades. En consecuencia,
lo político se ha convertido en politiquería; es por ello que la
población le ha restado legitimidad a los gobernantes y la democracia
representativa ha entrado en tela de juicio.
Este accionar en el Congreso es el claro retrato de una Bolivia
polarizada y agresiva, incapaz de dialogar que reproduce el discurso
confrontador de la clase política. En esta división están quienes son pro-MAS y
anti-MAS. Cada quien defiende su verdad, eliminando a su contraparte, lo que
nos aleja aún más de una posible reconstrucción de nuestro país.
La sociedad en este último tiempo se ha visto afectada por esta situación,
cada quien se salva como puede ante tantas carencias. En consecuencia, la
legitimidad del sistema político se va resquebrajando cada vez más y la
incertidumbre va ganando fuerza.
En este retrato también se encuentran los medios de comunicación que dan
una cobertura agigantada a este tipo de espectáculos y minimizan los problemas
estructurales. Pareciera que están a la espera de casos que puedan llegar más a
la gente y así tener mayor impacto. Y si llega más un espectáculo como el del
Congreso le dan mayor importancia, dejando de lado el tema de fondo, en este
caso la interpelación del Ministro de Gobierno ante el caso de Jeanine
Añez.
En este contexto, los retos son grandes para Bolivia. El Estado tiene un
rol preponderante en las decisiones que direccionen la recuperación del país,
pero cada vez esto va perdiendo sentido por el accionar de los políticos. Es
por ello que urge que la clase política reflexione su accionar político y
canalice las demandas sociales y no las de un frente político o una elite.
Como sociedad boliviana es necesario dejar de reproducir este discurso
confrontador e iniciar un proceso de reconciliación promoviendo la pluralidad
de pensamiento y la empatía sin entrar a espacios de confrontación e
intolerancia.
Los medios de comunicación podrían aportar en este proceso enfocándose en
los verdaderos problemas de la sociedad y promoviendo una cultura de paz.



