Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: martes 15 de junio de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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No voy a calificar el nivel de violencia, el valor humano y
social agredido, el volumen de dolor generado, el desconocimiento del otro, la
imposición con agresividad, las vidas involucradas y el número de ellas que han
sido segadas... Las campanas doblan por todos. Trataré de compartir un listado
de los sucesos que en este momento generan rupturas y sobre los que tenemos que
trabajar para vivir en una sociedad más justa y distinta.
Sin olvidar, sin desconocer responsabilidades, en el marco
del Estado de derecho y con los instrumentos de una justicia independiente de
por medio, necesitamos definir, como sociedad, hasta dónde llevaremos a cuesta
esta sucesión de agravios que agotan nuestra creatividad y en un momento en que
la agenda de la gente demanda enfrentar la pandemia y superar la crisis
económica. Reconozco que no resulta muy ortodoxo realizar un listado simple.
Sin embargo, todas son situaciones conocidas y, por otro lado, no hay otra
manera de reconocer el volumen de problemas que tenemos en frente:
1. El referéndum del 21 de febrero de 2016.
2. Las movilizaciones por el Código Penal Boliviano.
3. El absurdo fallo constitucional que reconoce la
reelección de las autoridades como un derecho humano
4. Los cinco millones de hectáreas calcinadas en la
Chiquitania.
5. El fraude electoral de 2019
6. Los 21 días de las pititas.
7. La presión y las renuncias de las autoridades del MAS,
contrastado con el “golpe de Estado” que sostiene el Gobierno.
8. Las víctimas de Sacaba, Senkata, Montero...
9. El Gobierno constitucional de transición.
10. Las persecuciones políticas/los asilos/los exilios/los
juicios contra autoridades del MAS.
11. La instrucción de cerco a las ciudades, primero, el
bloqueo del oxígeno médico después.
12. La corrupción en la compra de respiradores.
13. La crisis de la salud y la economía durante el Gobierno
de transición.
14. El resultado de las elecciones nacionales y
territoriales y la gobernabilidad.
15. Los nuevos juicios y el apresamiento de Jeanine Áñez, el
proceso a Arturo Murillo y los demás ministros y autoridades del Gobierno de
transición, las nuevas persecuciones.
16. El recrudecimiento de la pandemia, las vacunas
insuficientes, la falta de oxígeno médico y de infraestructura hospitalaria.
17. La ausencia de diálogo, de encuentro, de soluciones
concertadas para la crisis económica...
Por otro lado, constatamos que se necesita una
reconciliación dialéctica que –partiendo, otra vez, de la justicia y el Estado
de derecho– concentre la energía mayor en las urgencias y en la construcción de
alianzas, pactos y consensos para enfrentar la pandemia, la crisis económica,
la gobernabilidad territorial; recordemos que en las capacidades de la sociedad
boliviana está el instrumento del acuerdo, desde la Tesis de Ayopaya,
planteada en 1946 por Walter Guevara Arce.
En ese marco de necesidades y demandas, no ha pasado
desapercibido el encuentro de empresarios cruceños con el expresidente Morales
en el Chapare. Ni la visita de Eva Copa a la Cainco, las iniciativas que lleva
adelante el Vicepresidente para establecer espacios de reconciliación, la
reunión entre el gobernador masista de Cochabamba con su adversario político,
Manfred Reyes Villa y, finalmente, el encuentro entre el Gobierno,
gobernaciones y alcaldías, para facilitar la compra de vacunas que salven
vidas.
¿No será que por ahí viene el camino? Otro país está
emergiendo, silencioso, despacito... ayudado por una crítica y creciente
ciudadanía digital.
Parece, por las respuestas recibidas en las redes, que los
niveles de desconfianza son muy altos. No creemos en el otro, ni en sus
intenciones ni en sus palabras, lo que es un mal augurio si queremos superar el
escenario de la confrontación.
Y una reflexión desde la política. ¿Todos estos temas se
resolvieron definitivamente con el triunfo electoral del 55% recibido por el MAS
en 2020? La respuesta es no, y, además, aunque el otro 45% carezca de una
expresión partidaria única que lo conduzca, no resultaría una ecuación
democrática el pretender desconocerlo; recordemos que ya ha existido una
respuesta con el número de ciudades principales y gobernaciones administradas
por las diferentes organizaciones de la oposición.
Estamos condenados a dialogar.



