Medio: El Deber
Fecha de la publicación: lunes 14 de junio de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Nadie sabe, y poco importa, cómo está el cocalero Morales, o
cómo avanza el bloque Choquehuanca, o si operan los Luchistas entre los
empleados públicos, pero todos los bolivianos quisieran saber quién está a
cargo del país.
Ya se sabe que la idea es sancionar con penas de cárcel a
quienes osaron ocupar los cargos públicos que, según el MAS, sólo pueden ser
ocupados por los masistas, por derecho divino. Nadie puede suplantar a los
masistas en esos cargos ni siquiera si los titulares hubieran huido como ratas
dejándolos vacantes.
Si el cocalero ha de ser expulsado con o sin ignominia, a
pocos les importa. Si será o no el próximo candidato del MAS, o el Lucho irá a
la reelección, tampoco es algo que preocupe a los bolivianos ahora que el
fraude se ha consolidado.
Pero hay temas que a los bolivianos les gustaría conocer en
detalle, como por ejemplo si alguien se ocupa de las vacunas contra el virus
chino, si vamos a pagar por esas vacunas entregando territorios a Rusia y si
algún masista tiene la idea de lo que se debe hacer cuando se haya terminado de
agotar el gas natural.
Si vamos a importar los 14 millones de metros cúbicos de gas
natural que consume el ahora el país, sería bueno preguntar de dónde llegará
ese gas, por qué conducto y a qué precio.
Faltan dos, tres o seis años para la llegada de ese momento
fatídico en que haya que importar el gas, pero nadie se ha puesto a pensar en
lo que se deberá hacer en ese momento.
Hay que descartar que el país retorne al uso de la “taquia”,
el abono de llama que se usaba hace un siglo.
Ahora que la Agencia Internacional de Energía ha decidido
que nadie haga trabajos de exploración en busca de petróleo o gas en el mundo,
para que el planeta pueda librarse de las emisiones del CO2 para el año 2050,
tampoco podemos esperar que se hagan exploraciones en Bolivia.
¿Vamos a recibir el gas argentino de Vaca Muerta? Alguien lo
sugirió. El gas vendría desde Neuquén hasta Yacuiba y entraría al país para
atender la demanda interna, e incluso pasar a Brasil en los volúmenes
necesarios.
Pero según Decio Oddone, quien fue gerente de
Petrobrás-Bolivia, la era de los gasoductos ha pasado. Ahora vivimos en la era
de los “gasoductos virtuales”, aquellos que llevan el gas natural licuado en
barcos, algo conveniente para los proveedores, que ponen los precios para cada envío.
Entonces, es poco probable que el gas de Vaca Muerta
atraviese territorio boliviano para llegar a Brasil: usaría el gasoducto
virtual para llevar el gas licuado hasta Brasil por barco, con un recorrido
corto por el Atlántico.
Entonces, ¿qué haremos para comprar el gas que necesitaremos
para el consumo interno? Si no tenemos puertos marítimos, ¿cómo haremos para
comprar el gas natural licuado que viaja en barcos por todos los mares del
mundo?
Son estos detalles los que tendrían que estar en el interés
más urgente de las autoridades, ya sea que apoyen a las autocracias rusas y
chinas o recuerden que el país pertenece a la comunidad occidental y cristiana.
La alternativa sería que el país contase con fuentes de
generación de energía limpia, es decir no de origen fósil. ¿Se ha hecho algo
para desarrollar la energía eólica o la solar?
A la energía nuclear habría que descartarla. Si ni siquiera
se puede garantizar la seguridad de la planta de combustibles de Senkata, que
es atacada por los empleados de las fábricas de droga de la zona cada vez que
lo desean, ¿cómo se podría dar garantías a una planta nuclear?
Los chilenos tienen un bosque de hélices eólicas en los
desiertos que nos robaron, pero en Bolivia no se ha avanzado un milímetro en
esa dirección, que permitiría aprovechar los mismos vientos. Ni se ha hecho
nada en energía solar.
Como van las cosas, la única esperanza es que el gobierno
actual, ya desocupado de su afán de revancha contra quienes llenaron en la
administración del Estado los espacios dejados vacíos por la fuga de los masistas,
se ocupe de gobernar.
Primero tendrá que ocuparse de las vacunas, porque es
necesario garantizar que seguirá habiendo bolivianos con vida. Y luego, igual
de urgente, hay que atender el problema del déficit energético.



