Medio: Opinión
Fecha de la publicación: sábado 12 de junio de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Asamblea Legislativa Plurinacional
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La Asamblea Legislativa Plurinacional se convirtió
repentinamente en un cuadrilátero de boxeo. Los contendientes, nada menos que
legisladores del oficialismo y de la oposición, quienes prefirieron reemplazar
el edificador debate por los golpes de puño, aún sin haberse siquiera colocado
los guantes reglamentarios.
Lamentablemente, esta bochornosa noticia fue reflejada por
medios internacionales, que hicieron eco del pugilato que protagonizaron
autoridades que deberían predicar con el ejemplo, pero que prefieren tomar un
atajo y resolver sus desacuerdos mediante el expediente más fácil, por la
fuerza de los golpes.
Medios de países vecinos y de otros no tan cercanos como
Estados Unidos, Reino Unido, India o Pakistán, le dedicaron a esta noticia
espacios importantes, con imágenes del hecho en cuestión.
Solo como ejemplo, en el Reino Unido, el Daily Mail tituló:
“Políticos bolivianos intercambian golpes, se tiran de los pelos y ruedan por
el piso mientras estalla la pelea”.
Esta trifulca se desató el pasado martes 8 de junio, durante
la interpelación de la Asamblea Legislativa al ministro de Gobierno, Eduardo
del Castillo, por la detención de la exmandataria interina Jeanine Áñez.
La refriega comenzó con algunos gritos e insultos entre
oficialistas y opositores en el hemiciclo parlamentario, hasta que la situación
alcanzó su culmen en el momento en el que el diputado del MAS Antonio Colque y
el senador de Creemos Henry Montero empezaron a disparar golpes. Ambos cayeron
al piso, donde siguieron intercambiando puñetes, pese al intento de sus colegas
por separarlos.
Pero eso no quedó ahí, dos mujeres asambleístas se
enfrentaron, a pocos metros del primer cuadrilátero, entre jalones de pelo y rasguños.
Después de varios minutos, y tal vez presionados por sus
respectivas bancadas, ambos asambleístas pidieron disculpas, cada uno por su
lado, pero dejaron en claro la posibilidad de iniciar procesos.
Sin embargo, y sin importar que las disculpas de los
asambleístas hayan sido sinceras, la imagen de dos legisladores repartiendo
golpes a diestra y siniestra quedará no solo en la retina de todos los que
fueron ocasionales testigos, sino también en las páginas de los periódicos, en
las imágenes de los canales de televisión y en el internet, en cientos de
sitios.
Esta no es la primera vez que autoridades elegidas por la
población protagonizan hechos lamentables, cuando deberían trabajar para
elaborar normas que posibiliten una mejor calidad de vida para los más de 11
millones de bolivianos, lo único que hacen es insultarse entre ellos y, como
ocurrió el pasado martes, agarrarse a golpes para demostrar quién es el más
fuerte. Esta actitud no debería repetirse más. Ojalá que los diputados hayan
reflexionado y cambien su actitud.



