Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: sábado 12 de junio de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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En medio de las tragedias que acompañan a la pandemia de Covid-19, existe un triste consuelo para los bolivianos: estamos viviendo una etapa de relativa tranquilidad política. No se trata de una concesión del Gobierno sino, más bien, de la manifiesta inutilidad que ha demostrado la oposición para hacerle frente.
Y es que el desempeño de quienes están en la acera del frente del oficialismo no solo parece estéril sino, que sigue la lógica del enfrentamiento, el odio y la polarización propia de la estrategia política del MAS.
El partido azul ha vencido en las últimas cuatro elecciones generales válidas, y en la más reciente, a pesar de fraude de 2019. Es la única organización política con presencia real y permanente en todo el país.
Los partidos que le hacen frente parecen ignorarlo y en cada elección, cometen los mismos errores. El mayor de todos ellos es su incapacidad para formar un solo frente.
Las últimas elecciones, nacionales y subnacionales, han reconfirmado que las organizaciones políticas opositoras ienen mucho trabajo por delante para constituirse en actoras permanentes del sistema político boliviano.
Se trata de un desafío de fortalecimiento institucional que pasa por mucho más que asumir roles mediáticos de protesta y denuncia, pretender ocupar cargos públicos y participar en comicios.
El común denominador de la oposición, hasta ahora, ha sido la improvisación de frentes electorales para enfrentar al MAS con la menor debilidad posible y teniendo como único referente de unidad la intención común de vencerlo.
Ello ha conducido a un deterioro en el desempeño de sus bancadas parlamentarias, y en la posibilidad de aglutinación de militantes y simpatizantes que pudieran constituirse en sus estructuras dirigenciales, territoriales y cuadros políticos, que les permitirían enfrentar en mejor forma no sólo las campañas electorales, sino también el ejercicio efectivo de los mandatos de sus asambleístas.
Una organización política tendría que ser capaz de inspirar un sentido de identificación y pertenencia entre sus militantes y simpatizantes que trasciendas los periodos electorales.
Para lograrlo, las organizaciones políticas opositoras necesitan acompañar sus críticas al oficialismo con propuestas alternativas y creativas coincidentes con la visión de país que tendrían que tener –y pretenden alcanzar– así como con los principios democráticos que la sustentan, que deben ser el referente para toda acción.
Sin ello, la oposición desgastará sus energías y posibilidades políticas, como hasta ahora, frente a la estrategia masista de la confrontación y el victimismo, que recurre con la misma soltura al abuso de poder como a las acusaciones de discriminación.



