Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: sábado 12 de junio de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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“Han elegido a bolivianos que no son dignos de ser llamados
jueces y vocales”. La frase corresponde al ministro Lima, al tiempo que
anunciaba, nuevamente, “juicio de responsabilidades” contra los magistrados del
Tribunal Supremo, magistrados“electores” de esa treintena de “indignos” vocales
departamentales que, finalmente, han quedado sin efecto.
Ese fue el nuevo escándalete judicial de la semana que
grafica una crisis que, más bien, no parece tener fondo y cuyo encaramiento no
debe postergarse.
La propuesta de reforma judicial vía referendo modificatorio
de la Constitución, promovido desde la sociedad y la gente, apunta a esa
ciénega sin fondo.Como ya se dijo, tres temas están planteados para la reforma
constitucional: la elección de los jueces supremos para garantizar
independencia, el presupuesto judicial y su administración para acabar con la
justicia “miserable”, y el acceso universal a la justicia para resolver
conflictos sin necesidad de jueces ni abogados.
He conocido tres criterios importantes, ahora que parece
iniciarse el debate:El primero, que “si se va a generar todo un referendo, no
sea para poco” ya que el problema de la administración de justicia va más allá
del Órgano Judicial, abarcando especialmente al Ministerio Público, al Régimen
Penitenciario, la Policía de investigaciones y la Defensoría del Pueblo,
instituciones necesitadas también urgentemente de reforma. Coincido con la dimensión de la problemática judicial
y por eso considero, como otros abogados, que debemos fijar el corto, el
mediano y el largo plazo de la reforma, donde el punto de partida sería una
distinta manera de elegir a jueces, un presupuesto digno y una verdadera
justicia comunitaria, reformas todas aprobadas por referendo ciudadano que debe
y puede inaugurar bien este largo camino donde, además de la Constitución
tienen que reformarse leyes, instituciones, formación académica de los abogados
y la propia “cultura pleitista” de los bolivianos. Ello podría dotarnos como
país de una estrategia estatal de transformación judicial más allá de los
gobiernos, que es una de las carencias centenarias que explican el pantano.
El segundo criterio es más político y por ello más integral.
Se considera que “no es este el momento, porque la gente está angustiada por la
salud y la economía”, que es lo que habría que atender, también desde la
sociedad como demanda,porque tampoco en ese plano se puede esperar nada del
gobierno.Coincido que la pandemia ha cambiado la agenda y las prioridades
nacionales pero el virus ni ha sustituido los problemas, ni su solución
aparejará la de las otras problemáticas. Es más, varios expertos consideran que
lograda la vacunación masiva, la inmunidad durará entre 7 y 12 meses y después
tendrá que volverse a vacunar a todos.Tendremos que “acostumbrarnos” al
“coronavirus” y a una “nueva normalidad” dónde los problemas viejos, como la
justicia, no pueden esperar su encaramiento.
El tercer criterio es más concreto y es el de poner en
marcha, de inmediato, dos tareas en relación a la “Reforma-referendo”: Avanzar
en la formulación de la propuesta “técnica” y, al mismo tiempo, iniciar la
organización de lo que debería ser una cruzada nacional por la justicia. Y son
dos tareas muy complejas. Por un lado en el referendo, frente a las urnas, la
población debería tener propuestas y preguntas claras, sencillas y profundas, y
por el otro se tiene que movilizar primero mas de 1 millón y medio de firmas y
después mas del 51% de los votos.
Varios abogados de conocida solvencia profesional y personal
han comprometido su concurso y algunos núcleos organizados de la sociedad han
iniciado coordinación e intercambiode criterios para generar una base
organizacional que defina bien la agenda de esa cruzada nacional, con precisión
de actores, pasos y momentos que no deberían ir más allá del primer semestre de
2023, porque en el segundo semestre de ese año deberán producirse nuevas
“elecciones” judiciales que, sin reforma, repetirían la ya vieja práctica de
suplantación y manipulación del voto.
Coincido más con este tercer
criterio porque a partir de él podemos efectivamente dimensionar mejor
la problemática nacional de la justicia y, al mismo tiempo, constatar si es o
no el momento en el que la gente, abrumada por la pandemia y las carencias
materiales, tiene suficiente energía para batallar, además por la justicia,
sabiendo que esa batalla es por la plena vigencia democrática.
Si no lo hacemos, es posible que se vuelvan a nombrar
vocales indignos, jueces con prontuario y que los juicios de responsabilidades
anunciados se conviertan, otra vez, en acuerdos oscuros de caballeros poco
dignos.



