Medio: El Día
Fecha de la publicación: viernes 04 de junio de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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El trabajo de Luis Arce se ha quedado reducido a anunciar la llegada de vacunar y hacer acto de presencia cada vez que arriban las nuevas dosis. Con esto tiene para varios años más, pues las inyecciones suelen venir a cuentagotas, aunque los que ponen la cara para anunciar que ya se acabaron y que están obligados a cerrar los puntos de inmunización son las autoridades locales. Son también los que están correteando por oxígeno y los que se mueven para que no falten los medicamentos.
Arce no parece inmutarse con lo que está ocurriendo en Bolivia, con los números récords de contagiados y muertos, con el impacto que está causando el Covid en el país, que en siete meses ha causado más víctimas que todo el 2020, durante el “desastroso” gobierno de Jeanine Añez.
El ex presidente Carlos Mesa ha responsabilizado a Arce por la estela de dolor que está dejando la pandemia, que podría ser menor si es que el Gobierno le pusiera algo de empeño a la atención de la salud, se comportara un poco más compasivo con la población y reaccionara a tiempo para evitar el desastre.
El mandatario se muestra muy tranquilo, ni siquiera reacciona ante la escasez de oxígeno, pese a que, en el pasado el gobierno del que formaba parte, hizo gala de su capacidad de reacción al importar cientos de toneladas de azúcar vía aérea desde Colombia y llevar carne en aviones de la Fuerza Aérea del Beni a La Paz, sólo para perjudicar a los productores cruceños, a los que debe odiar con toda el alma, según lo ha demostrado en reiteradas ocasiones.
Algo raro debe pasar porque el mismo gobierno impasible frente a la pandemia, luce desesperado en lo que se refiere a la parte política. Nunca se ha había visto tanto despliegue de la maquinaria judicial, policiaca y mediática gubernamental como el que se está viendo con el caso Murillo, un golpe de suerte que le regaló el FBI al régimen, ante el agotamiento del “caballito de batalla” del “golpe de estado”, que se había convertido en un boomerang.
Semejante zafacoca y movilización por un hecho de corrupción que no es el más escandaloso ni el más dañino para el país desnuda una gran fragilidad. Es como si Arce estuviera escapando de algo y esté obligado a meter miedo constantemente, cuando no es necesario, pues nadie cuestiona su mandato, la oposición está dividida y desorganizada y no hay ninguna amenaza política fuerte en su contra, al menos no una que se pueda percibir a simple vista.
Por otro lado, Arce no deja de erosionar su propia administración, pues desatender la pandemia no sólo es un acto de suprema indolencia, sino una irresponsabilidad contra su propio partido, que ya perdió el control de las gobernaciones y alcaldías más importantes del país y ahora se expone al incremento del malestar ciudadano en un momento muy crítico que está generando episodios de ebullición en distintas partes del mundo, especialmente en América Latina, donde la política sigue dándole la espalda a la realidad del pueblo.
Algo raro debe pasar porque el mismo gobierno impasible frente a la pandemia, luce desesperado en lo que se refiere a la parte política. Nunca se ha había visto tanto despliegue de la maquinaria judicial, policiaca y mediática gubernamental como el que se está viendo con el caso Murillo, un golpe de suerte que le regaló el FBI al régimen, ante el agotamiento del “caballito de batalla” del “golpe de estado”, que se había convertido en un boomerang.



