Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: domingo 30 de mayo de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Los 21 días, entre octubre y noviembre 2019, no tienen nada que ver con corrupción de gobiernos o cosas parecidas.
Lo de los 21 días fue una manifestación libre de ciudadanos bolivianos que no salieron a imponer o a derrocar a un gobierno Salimos a frenar el fraude que se inició el 12 de agosto del mismo 2019, con la llegada al país de técnicos mexicanos especialistas en “inteligencia electoral”, que era la fachada para encubrir el fraude del 20 de octubre. Esto está respaldado por el Informe Investigativo Policial Caso “Tribunal Supremo Electoral 2, Nº 201102012000148, que debe estar en manos de “alguna” Fiscalía de La Paz.
El fraude se comenzó a trabajar en esa época, pero desde antes se reunían, “de manera privada los vocales electorales Lucy Cruz Villca, Lidia Iriarte Torrez, Idelfonso Mamani Romero y Edgar Gonzales Torres, todos ellos formaban parte del grupo del ‘Bloque Simón Bolívar’ del Movimiento al Socialismo-IPSP, demostrando afinidad al partido del Movimiento al Socialismo, incluso han participado de reuniones con los Sres. Juan Evo Morales Ayma, Álvaro Marcelo García Linera, Héctor Arce Zaconeta, Carlos Romero, y otros ministros aún no identificados, entre los meses de octubre y noviembre de 2019”, (página 28 del informe mencionado). El fraude se hizo efectivo el 20 de octubre, cuando a las 19:40, el cómputo de los resultados electorales llegaba al 83,79%, y se detuvo porque las “tendencias no eran favorables al MAS”; lo demás ya lo sabemos bien.
El mismo 20 de octubre la gente comenzó a reorganizarse para seguir defendiendo su voto y preservar la democracia. ¿Por qué se dice reorganizó? Porque es la misma gente que, aumentada, tomó las calles a inicios de 2016 para decir NO a la intención de Evo Morales de cambiar la CPE para ser candidato en una cuarta elección. La gente le dijo no; Morales dijo que faltaba jugar un segundo tiempo y decidió que sus empleados del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) lo habilitarían “sin tocar la reforma del artículo del artículo 168 de la Constitución Política del Estado”, argumentando que se le violaba su derecho humano de buscar la reelección. El TCP lo habilitó en noviembre de 2017 y desde entonces la gente “vivió con un pie en la calle”; atenta a cualquier convocatoria, no necesariamente de partidos, sino de sus iguales: plataformas, activistas y, si acaso valía la pena, de partidos.
Los 21 días fueron activados por el fraude y por un cúmulo de otros hechos que no perseguían imponer un gobierno; lo que se quería era tener un gobierno legal y legítimo; Evo Morales no iba a serlo.
Se habló en ese momento de segunda vuelta y la soberbia del fraudulento que huyó no la aceptó. Más bien habló de nuevas elecciones, cuando la OEA concluyó que hubo “acciones deliberadas que buscaron manipular el resultado de la elección. Son acciones dolosas que tuvieron la intención de afectar el transcurso del proceso electoral. Eso es lo que configura el fraude, son sinónimos, para quienes extrañen esa palabra.
Antes de que sus aliados le pidan que renuncie y las FFAA se lo sugirieran, él había sostenido reuniones con ellos y la Policía el 8 de noviembre, nadie dice qué pasó en esos encuentros, pero él ya había pensado en renunciar. Curiosamente, desde esa reunión, se suceden las renuncias de gobernadores, alcaldes, viceministros, parlamentarios, ministros, embajadores: uno detrás de otro, por montones, como si fuera parte de un plan político muy bien elaborado. (Los ministros renunciaron antes que el presidente).
¡Ese era el golpe del que Morales hablaba con tanta anticipación! La idea era “vaciar al Estado” dejarlo sin funcionarios, electos o no; el objetivo era generar un vacío institucional, que evite que el Estado funcione, por eso renunció en el Chapare, lo siguió García Linera, Adriana Salvatierra lo hizo una hora después, Borda, presidente de Diputados lo había hecho un día antes; el primer vicepresidente de Senadores tomó la misma decisión. El Estado estaba, en ese momento sin Poder Ejecutivo y sin Poder Legislativo. ¿Quién “tendría” que hacerse cargo de asumir el mando? ¿Sus amigos los militares? ¿Para eso había hablado con el general Kalimán? ¿Para eso, la “seguidilla de renuncias”?
No es disparatado pensar que esa era “la salida patriótica”; Morales seguramente confiaba que el poder volvería a él, pero tal vez no tomó en cuanta la presión interna que le hicieron los militares al Comandante de las FFAA, negándose a tomar decisiones de ese tipo, u otro, que implique salir a las calles; no estaba lejos en el recuerdo los más de 10 años de cárcel a los fueron que condenados quienes reprimieron en tiempos de Gonzalo Sánchez de Lozada, eso pesaba más que cualquier cosa.
Más de 40 horas sin presidente: el mismo 10de noviembre, Jeanine Áñez, segunda vicepresidenta del Senado, reclamó la presidencia luego de la renuncia de Adriana Salvatierra. Le correspondía, por sucesión presidencial, así lo dijo el TCP.
Pero de eso no se trata este recordatorio. Las calles no pusieron gabinete ministerial, las calles no repartieron cargos, la gente que estaba en las calles volvió a su casa; la democracia se había preservado; los 21 días no tienen responsabilidad del después: los robos, los gases, los respiradores, los viajes diversos no son responsabilidad sino de quienes gobernaron.
Entonces: ¡a otro perro con ese hueso!
El autor es periodista



