Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: lunes 24 de mayo de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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La actitud del oficialismo respecto de la lucha contra la
pandemia de Covid-19 evidencia ciertas incoherencias, cuyo efecto perjudica las
acciones emprendidas por las instancias estatales para frenar la escalada de
contagios que sufre el país.
Como se puede constatar por las cifras de nuevos casos de
infección, en alza casi permanente, de las últimas semanas, la tercera ola
pandémica está en pleno ascenso en todo el país, en especial en las ciudades de
Santa Cruz y Cochabamba. Debido al descontrol en la propagación de la Covid-19,
cuatro municipios: Cochabamba, Santa Cruz, Tarija y Oruro observaron ayer un
confinamiento rígido acompañado por medidas sanitarias como el rastrillaje de
casos nuevos y la aplicación de pruebas de diagnóstico.
Ese confinamiento lo imponen las instancias de operaciones
de emergencia respectivas, que reúnen a las autoridades administrativas y
sanitarias de cada municipio y cuya función es determinar las medidas
necesarias para mitigar el avance del flagelo. La ejecución de esas decisiones
es posible sólo con la asistencia de las fuerzas del orden, municipales y
policiales, encargadas de hacerlas cumplir. Si bien la mayor parte de la
población es consciente de la gravedad de la situación sanitaria y la necesidad
del confinamiento, y acatan las restricciones, su pleno cumplimiento depende
del control ejercido especialmente por la Policía Boliviana, cuyos efectivos se
despliegan por las ciudades.
Eso ocurre en todas las ocasiones en las que se imponen
prohibiciones de circulación, como ayer en los mencionados municipios. Lo que
no había sucedido hasta ayer es que el Ministerio de Gobierno emita un
comunicado público informando que la Policía no hará cumplir las medidas
impuestas por los Gobiernos subnacionales “encaminadas a estipular multas
económicas o detenciones indebidas”.
Ese mensaje, emitido en pleno inicio del confinamiento y con
el agregado ambiguo de que “debemos aplicar planes que nos permitan atenuar la
enfermedad que estén enmarcados en la reactivación económica”, no sólo podría
interpretarse como una invitación a desacatar las medidas determinadas por los
Comités de Operaciones de Emergencia Municipales, sino que crea una manifiesta
ambigüedad sobre su pertinencia.
Y poner en duda la pertinencia de restricciones, cuyo fin es
reducir las posibilidades de contagio evitando las aglomeraciones y otras
circunstancias favorables a la transmisión de la Covid, es condenable. Tan
condenable como mostrarse por las redes sociales sin barbijo y con claras
muestras de resfrío en la cabina de una emisora de radio, cerrada y sin
ventilación, durante una entrevista de más de una hora, como lo hizo ayer el
jefe nacional del Movimiento al Socialismo (MAS) y expresidente del Estado.



