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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: jueves 20 de mayo de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
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El expresidente Evo Morales no es un hombre de aceptar errores y mucho menos pedir disculpas. Lo hemos visto durante más de una década y ya se puede concluir que para él es humillante reconocer alguna culpa y es mucho más cómodo endilgarla a otros. Incluso cuando se trata de sus propias palabras o declaraciones.
El dicho más reciente fue lanzado en medio de un discurso llamando a la unidad en un MAS que se fracciona y se confronta entre sectores por diferentes visiones. En Oruro, en una alocución a sus correligionarios, Evo Morales dijo: “Si tenemos línea definida es cuestión de entendernos; siempre tiene que haber alguien que conduzca, no pelearse entre compañeros. Hay muchos grupos, aparecen Guevaristas, Marcelo Quiroga... hay que fortalecer esos grupos, deben ser todos unidos. Si no apoyamos a estos grupos van a ser pandilleros, en el oriente boliviano son pandilleros”.
Morales hacía referencia a los masistas que exigen una “purga” en el entorno que lo rodea, debido a que lo estarían mal asesorando en las decisiones que toma al interior de partido.
Es una de las corrientes dentro del partido que reclama cambios en la forma de conducir el mismo y que es el centro del conflicto que ahora enfrenta Morales, que apuesta más bien por la disciplina partidaria y por la unidad, es decir por no dar cabida a las voces reformistas dentro del MAS.
Este es un conflicto que pasó de ser sutil a tomar grandes proporciones y que es difícil saber cómo va a terminar.
Sin embargo, las palabras de Morales, en un clima tan polarizado, generaron reacciones de rechazo y acusaciones de regionalismo. “Mientras los bolivianos estamos trabajando para cuidar la salud y el empleo, Evo Morales sigue insultando a nuestra tierra y nuestra gente”, afirmó el gobernador cruceño Luis Fernando Camacho. Y le siguieron varios parlamentarios y líderes regionales que repudiaron estas aseveraciones. Incluso la alcaldesa de El Alto, Eva Copa, pidió que no se trate de “pandilleros” a las nuevas generaciones de jóvenes que piensan diferente y tienen una visión distinta de país.
Fiel a su estilo, Morales no se disculpa porque supuestamente tergiversaron sus declaraciones para “desprestigiarlo”.
Lo cierto es que, como ha pasado otras veces, Evo dijo lo que dijo pero, siendo más fácil disculparse por quizás una expresión sin mala intención que salió de sus labios, prefirió culpar a los mensajeros de siempre: los medios.
No ayuda esto a resolver el problema que lo preocupa: la división y las disidencias en su propio partido, y tampoco a dar un mensaje de respeto y unidad hacia los bolivianos, que es lo que se espera de un líder como él.



