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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: sábado 08 de mayo de 2021
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones subnacionales
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En mirada de analistas e intelectuales, el anunció en 2020
de que Manfred Reyes Villa correría por la Alcaldía de Cochabamba era una
plegaria en mitad de una tempestad, una aventura con las mismas expectativas de
éxito que cruzar el Pacífico en balsa, una batalla sin proporción entre un
exiliado repatriado y un Estado omnímodo; era –para usar una analogía de la
cultura pop– una pelea en Moscú, a 12 asaltos, entre Balboa y Drago.
Sin embargo, su candidatura sobrevivió a dos
inhabilitaciones, la reactivación de 15 juicios y una intensa guerra sucia que,
debido a las discrepancias en el MAS, a su pésimo manejo del timing y a haber
perdido la iniciativa discursiva, en vez de deteriorar a Reyes Villa terminaron
por agotar sus mitos estructurantes.
Señalarlo como edecán de García Meza, Yakuvende o aliado de
Goni, fuera del contexto de la insurrección indígena contra el neoliberalismo
salvaje de 2003, fue tan poco efectivo como guijarros contra un muro de
concreto.
Pero ¿qué definió que no sucediera lo predecible y ocurriera
lo improbable? Que la campaña de Reyes Villa importó un cambio inédito en el
paradigma político-estratégico, incorporando en el arsenal de su cuarto de
guerra el método de anticipación-encuadre.
En lo operativo su campaña tuvo dos ejes metodológicos:
acceso a información estratégica y estudio del comportamiento electoral del
rival durante el quindenio previo. Su mito de gobierno, sus narrativas y su
eterna tesis de movilización, la ruptura étnica/clasista/regional, permitieron
desarrollar un nuevo encuadre, alterno a la tesis de división y basado en el
opuesto binario de la fractura: la reunificación.
Su narrativa: la fórmula MAGA (acrónimo del “Hagamos América
Grande Otra Vez” de Ronald Reagan). La evocación del pasado glorioso de una
comunidad política, la utopía perfecta: la Cochabamba de los 1990, una ciudad
que superó una crisis sin precedentes para abrir una era de gestión pública que
se convertiría en el paradigma del municipalismo en Bolivia.
En términos de interpelar al ciudadano, la campaña de
Manfred “leyó” mejor el cuarto, analogía
que parangona una campaña con irrumpir en una habitación llena de individuos
diversos, interpretar rápidamente sus expectativas y seleccionar los códigos óptimos
y el mejor registro lingüístico para interpelarlos.
Tras la compleja crisis política y de salud, Cochabamba era
un auditorio poco proclive a abrazar discursos ideológicos reivindicativos de
la confrontación. La narrativa de “dos Bolivias” separadas por etnicidad y
clase fue sencillamente purgada por una sociedad hastiada de conflicto sin
resultados.
Tres fueron los momentos críticos de la campaña, en los que
la anticipación y encuadre le devolvieron a Reyes Villa la iniciativa y el
control de la narrativa:
Cuando se interceptó un audio en que el MAS instruía a sus
dirigentes arremeter contra las caravanas y escarmentar a cualquier vecino de
la zona sud que acogiera a Reyes Villa. Esto permitió anticiparnos en dibujar
el encuadre de “viene la violencia instruida por el MAS”, lo cual descalificó
los ataques que desde el día siguiente el evismo intentó justificar como
“reacción popular de una zona sud que no quiere a Manfred”.
Cuando se interceptó el audio del juez Apodaca
comprometiéndose con otro magistrado a usar una causa anulada para inhabilitar
a Reyes Villa. Esta nos dio oportunidad de anticiparnos al discurso de “la
justicia actuó de oficio” encuadrando las acciones de judicialización cual
parte de una conspiración entre el Ejecutivo y el Judicial para sacar de
carrera a Reyes Villa.
Cuando a pesar de sostener su inocencia, Reyes Villa se
anticipó en el pago del cargo coactivo total que se le adjudicó en el proceso
anulado por los vehículos prefecturales. Esto descolocó al Organismo Electoral que
forzó una inhabilitación sobre el argumento de que Reyes Villa “no había
proveído evidencia de pago a tiempo”, desatando una movilización sin
precedentes y a todos los niveles de la sociedad, que obligaría al TSE a
habilitar definitivamente a Reyes Villa.
En 2020 la sola habilitación de Reyes Villa era improbable.
Anticipar escenarios y re-encuadrar los eventos, cambió también el desenlace de
su historia.



