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Medio: El País
Fecha de la publicación: viernes 07 de mayo de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Contenido
El Movimiento Al Socialismo (MAS) tarijeño entra en periodo
de reflexión después de una nueva aventura electoral que acabó en fracaso,
aunque el resultado haya sido el mejor de la serie y el candidato Álvaro Ruíz
resultara competitivo hasta el final.
La última afrenta ha sido perder la Asamblea Legislativa
Departamental porque no se logró el apoyo de la bancada de los Pueblos
Indígenas, que finalmente pactó con Oscar Montes para garantizarle – si es que
tal término se puede usar en esta coyuntura – una legislatura no tan
tormentosa.
Es verdad que el MAS no tenía la mayoría absoluta, pero si
era la bancada más numerosa con 13 curules – aunque perdió uno por el camino -.
También es verdad que el propio presidente Luis Arce presidió un acto en el
Chaco en el que representantes indígenas – básicamente guaraníes – firmaron un
acuerdo de apoyo político en las Asambleas que ha quedado en papel mojado.
Quien firmó por el MAS fue el presidente del partido, Carlos
Acosta, que también ha quedado tocado y señalado por su particular forma de
hacer las cosas. Acosta es una “pega” de Álvaro Ruíz, el candidato derrotado, y
que no fue neutral en la batalla por la nominación librada entre Ruíz y Walter
Ferrufino, el subgobernador de O´Connor, que, aunque realizó su propia
autoproclamación en la plaza Luis de Fuentes, acabó cediendo.
Acosta es un buen cuadro sindical campesino, pero al que le
ha costado la estrategia. A él le tocó armar el bloque de organizaciones que
apoyaron a Ruíz en la interna y con quienes intentó quitarse el estigma de ser
el “elegido del jefe”, en este caso Evo Morales. Lo cierto es que tanto
Ferrufino como Ruíz y Acosta metieron toda la presión hasta que el dueño del
dedazo levantó las manos y dejó la decisión a las departamentales, que
controlada por Acosta no tardó en proclamar a Ruíz.
Las cosas del perfil
Hasta el electo Oscar Montes le dijo en campaña, en pleno
debate, que el candidato del MAS tenía que ser un campesino, aunque ciertamente
Walter Ferrufino, amigo de sus amigos, no encajaba a la perfección en esa
denominación.
El MAS tardó más de la cuenta en sumar fuerzas y las
asperezas no se acabaron de limar, pero se escenificó bien. La campaña fue
corta y con dos ideas clave que parecía encajaban en lo que los tarijeños querían:
lluvia de millones del Gobierno en forma de inversión y un bono de 500 dólares.
Estuvo cerca, pero no ganó.
Ruíz superó de largo el resultado de la segunda vuelta de
Pablo Canedo en 2015, que no llegó al 40 por ciento, y superó por menos el 44
por ciento de Carlos Cabrera en 2010. Aunque esencialmente el perfil era el
mismo – clase media alta y urbana – Ruíz no era un invitado sin más, pues,
aunque converso, había hecho más vida orgánica en la interna y representación
pública del partido, siendo incluso uno de los pilares relevantes en el año de
oposición a Áñez.
Lo curioso es que, aunque a nivel departamental no le esté
funcionando al MAS la figura del invitado converso, si lo hace en el Gran
Chaco, donde ha recuperado casi todas las instituciones con hombres de peso
como Rubén Vaca en Villa Montes y Carlos Brú en Yacuiba, y ha sabido meter
nuevos líderes como José Luis Ábrego.
Formas de resistir
Acabado el periodo electoral, los candidatos anteriores
hicieron sus maletas y desaparecieron. Carlos Cabrera volvió a su actividad
docente y Pablo Canedo probó las mieles de la política como cónsul en Estados
Unidos, pero la representación del MAS quedó en manos de los cuadros electos en
los municipios y, sobre todo, en la Asamblea, pero también en los dirigentes
del partido con más carisma y conocimiento popular: Luis Alfaro y Julia Ramos
en la primera época y los campesinos de Cercado en la segunda.
La oposición al Gobernador se ha hecho, sobre todo, desde la
Asamblea y desde las subgobernaciones y el tema central han sido los recursos.
La cuestión es qué papel están unos y otros dispuestos a jugar en este momento
en el que la situación económica no es boyante y probablemente el presidente
Luis Arce desaparecerá de la escena subnacional para no recordarlo.
Álvaro Ruíz no parece dispuesto a desaparecer de Tarija,
aunque sus buenas relaciones tanto con Luis Arce como con Evo Morales parecen
depararle un cargo en el gabinete ministerial, aunque las vacantes son escasas
y las peleas, muchas.
El riesgo para el MAS, como ha sucedido en otros
departamentos perdidos por el partido azul, es que de no articular de verdad
una base férrea puedan aparecer otros movimientos populares, pero con algún
matiz distinto – más urbano gremial como en el caso de El Alto – que siga
desangrando el partido.
De momento, los Congresos de las matrices están postergados
y el del MAS Tarija se espera en agosto, hasta entonces el MAS no contará con
un vocero realmente legitimado por arriba y por abajo.
El Gran Chaco como espacio de tensión política
Los malos resultados del MAS en Tarija a nivel orgánico
contrastan con los del Gran Chaco, donde gobernará en las principales
instituciones pese a tener una estrategia similar a la del valle central a la
hora de fichajes y dar galones a la clase media alta urbana.
Diferentes analistas advierten que en un escenario nacional
en el que el MAS va a transitar hacia un poder más totalitario por efectos de
la pandemia y la crisis, las tensiones regionales pueden utilizarse para
enrarecer el clima del acuerdo y el pacto.
Será el gobernador Oscar Montes quien calculará con
precisión los rendimientos de sostener una tensión de este tipo en un momento
de ajustes económicos.



