Medio: El País
Fecha de la publicación: miércoles 05 de mayo de 2021
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones subnacionales
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Como la política se ha simplificado mucho con esto de las redes sociales y la sobre exposición mediática, pero también por el perfil de los nuevos operadores y ejecutivos, las cartas parecen estar sobre la mesa desde el primero momento en el que se han asumido los nuevos cargos institucionales.
Comunidad Ciudadana no logró su objetivo de construir un partido de arriba hacia abajo, aprovechando un supuesto tirón parlamentario para lograr asentarse en diferentes puntos del territorio. Concretamente no logró resultados en ningún lugar, por lo que su papel como articulador de oposición en una Asamblea dominada por el MAS, aun sin los dos tercios, es irrelevante y lo condena prácticamente al ostracismo a una bancada que sí cuenta con un puñado de cuadros voluntariosos, pero poco cohesionados.
Caso distinto es el de Luis Fernando Camacho y su bancada de Creemos, que aun siendo minoritaria en la Asamblea Legislativa Plurinacional es la que suma tanto para hacer los dos tercios con el MAS o para hacer la minoría de bloqueo con Comunidad Ciudadana. Sin embargo, el Gobernador cruceño no parece estar dispuesto a repetir el rol jugado por su antecesor Rubén Costas ni perder energías en construir algo nacional que no le interesa.
En su discurso de asunción del cargo, Camacho debutó como se esperaba: respondiendo las amenazas – de cárcel por golpismo - con más amenazas – rebelión popular defensiva -, por lo que las líneas maestras ya están trazadas: Camacho es el Gobernador de Santa Cruz y buscará lo mejor para Santa Cruz, pero todo se enfocará desde el pulso MAS – antiMAS.
Algo ya se ha ensayado con el pedido de acelerar la realización del censo de población y vivienda, que ineludiblemente beneficiará a Santa Cruz – en este caso le hará justicia -, y que después se llevará al campo del Pacto Fiscal, en el que ya los conceptos de justicia social se deben manejar de otra forma.
Probablemente Bolivia está en la antesala de un nuevo conflicto de identificación nacional luego de que el camino de la plurinacionalidad tocara techo y también la vía de la autonomía mostrara sus costuras. Que esto pase apenas diez o doce años después de aprobar una Constitución da cuenta de que los consensos no fueron los más apropiados y que las taras siguen presentes.
Es evidente que en el siglo XXI todos los territorios deben gestionarse con proximidad, lo que no es de recibo es utilizar el discurso federal para ocultar entre sus pliegues las ansias secesionistas que, además, no reflejan el espíritu de un pueblo construido desde lo más hondo de la diversidad, sino las ambiciones de una élite que azuza el racismo para mayor lucro.
En este contexto tan polarizado, en el que todo se simplifica, las nuevas autoridades tendrán que ser capaces de liderar para discernir, pues no se trata de apoyar o detestar las propuestas dependiendo de donde vengan sin mirar el fondo de las cosas, pues la unidad de la Patria, al final de cuentas, no se negocia.



