Medio: ANF
Fecha de la publicación: jueves 29 de abril de 2021
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones subnacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Al término de las elecciones subnacionales 2021 es oportuno analizar el comportamiento que han demostrado los aymaras votantes en el proceso electoral. Considero que el cuestionamiento y evaluación post elecciones no solo debe realizarse a los candidatos ganadores o perdedores sino también a quienes tuvieron el mayor protagonismo, los sufragantes.
Posiblemente desde la vigencia del llamado “proceso de cambio” el comportamiento de los aymaras dejó de tener claridad ideológica, y producto de ello empezaron a corromperse. El discurso de que en el mundo indígena existe la solidaridad, reciprocidad, lealtad, principio y consciencia parece disolverse porque los aymaras actuaron contrariamente a los imaginarios que pintaron los intelectuales y analistas afines al mundo indígena.
Quizás sea exagerado decir que los aymaras llegaron al punto de confundir al capacitado con el incapaz, al honesto con el corrupto, al conservador con el revolucionario de izquierda. Se ha observado actitudes aberrantes como castigar al mejor candidato y premiar con victoria a aquel que tiene antecedentes en la sociedad.
En la mayoría de las comunidades rurales se hizo una práctica recurrente convocar a reuniones y asambleas semanales para que todos los candidatos, sin importar el color de piel, color de partido, experiencia o inexperiencia, puedan “aparentemente” exponer sus propuestas de gobierno. Por supuesto los candidatos por costumbre no podían presentarse en las comunidades con las manos vacías sino más contrario tenían que llevar regalos para fraternizar. Como es de esperarse los comunarios exigían primordialmente los regalos y luego si hay interés o tiempo también escuchaban las propuestas. Los candidatos llevaron cajas de cerveza, regalos y como respuesta la población prometía su voto a favor del candidato en el día de las elecciones forjando de esa manera la lealtad y el “ayni” del típico aymara. Después de acumular bebidas y regalos de todos los candidatos el pueblo se emborrachaba y disfrutaba el momento para que al final solo uno gane y los demás aparezcan y engañados y decepcionados.
Solamente en épocas electorales los votantes se sienten como reyes y señores porque son buscados y respetados por los candidatos. En cierta manera los candidatos mendigan por los votos, es la única época donde el político está en los pisos y el votante en los cielos. Sin duda, los votantes ejercen el poder en épocas electorales y de esto se aprovechan para conseguir beneficios personales y colectivos, pero cuando se posesiona la nueva autoridad este se olvida de ellos y se voltea la tortilla, pues los que alguna vez fueron votantes son los que posteriormente están en el piso y estos ruegan a la autoridad electa con regalos y cervezas para conseguir un puesto laboral, comúnmente denominada “pega”, o un proyecto para la comunidad.
Otro asunto particular, como ejemplo podemos mencionar el caso de Félix Patzi que sacó un porcentaje de apoyo de 4.36% en las elecciones subnacionales. Un candidato se postula a la alcaldía u gobernación porque cree que tiene la posibilidad de ganar ya que aparentemente existen grupos que apoyan y enaltecen. Félix Patzi fue, sin duda, uno de los mejores gobernadores del departamento de La Paz, siendo ajeno al MAS, teniendo un mayor porcentaje de masistas en la asamblea legislativa y poca asignación presupuestaria por parte del gobierno central. Aun así, concentró centenares de pobladores en las entregas de obras, donde era proclamado como futuro gobernador reelecto. En ese sentido, el gobernador saliente puso más empeño a su gestión para llegar con proyectos a todas las provincias del departamento de La Paz con el fin de obtener una reelección.
Los hechos muestran que el aymara dice una cosa y hace otra. ¿Ya no se puede confiar plenamente en el aymara porque es cambiante, indeciso y confuso en su visión de cambio y desarrollo? Complicado la respuesta. En el año 2015, la ciudad más revolucionaria castiga al Movimiento al Socialismo (MAS) imponiendo a Soledad Chapetón como alcaldesa, proveniente de un partido liberal. ¿Quién podría pensar que Unidad Nacional de Samuel Doria Medina ganaría en la ciudad más revolucionaria y contestaria? Nadie. Sin embargo, en las elecciones nacionales anuladas de 2019 y las elecciones de 2020 gana el MAS de manera abrumadora.
Ahora bien, en las elecciones del 7 de marzo de este año nuevamente El Alto se rebela contra el MAS e impone como alcaldesa a la señora Eva Copa, ganadora por medio de una agrupación ciudadana ajena al partido oficialista. Pero los aymaras alteños olvidan que Eva Copa es ex masista y como se dice popularmente: “solo se cambió la camiseta y no el corazón”. Entonces votar por Eva Copa fue votar indirectamente por el MAS, pero la población aymara tiene la idea e ilusión de que es una nueva alternativa.
Finalmente, quizás para algunos estas acciones contradictorias de los aymaras sean aprobadas y aceptadas porque habría un empoderamiento para conseguir beneficios personales y colectivos, mientras que para otros puedan ser vistas como una práctica desleal y contraria a los principios aymaras. Bueno, con el fin no caer en la lógica de malo y bueno sencillamente se podría decir: “así es la política”. Después de todo se puede afirmar que los aymaras de hoy no son iguales a los aymaras de ayer, esto implica que los políticos e ideólogos tienen que conocer mejor al mundo aymara y renovar sus mecanismos y estrategias políticas para futuros procesos electorales.
Saúl Flores Calderón es sociólogo



