Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: lunes 26 de abril de 2021
Categoría: Institucional
Subcategoría: Tribunal Supremo Electoral (TSE)
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Podemos decir que la democracia boliviana está permanentemente sometida a un bombardeo, como si todos los esfuerzos que hizo el pueblo boliviano para recuperarla hacen ya más de 38 años, solo hubieran servido para entregar el país a roscas que no responden a la voluntad general.
El 2019, se realizó todo un “fraude quirúrgico” que incluyó, entre varios otros factores, el registro y traslado fraudulento de electores (el caso en Riberalta, Beni, es un ejemplo), hallazgo de miles de papeletas ya marcadas en favor del MAS, manipulación de actas, uso de servidores ajenos para “supervisar” la marcha del cómputo electoral, la interrupción del TREP cuando la tendencia empezó a “escaparse” de control y la “actualización” del conteo un día después, aunque con una tendencia distinta a la previamente registrada. La misión era ganar, no abrumadoramente, de modo que la fechoría pueda pasar desapercibida
Uno de los centros vitales para minar los cimientos de la democracia por dentro y ponerla a disposición de sus peores enemigos está constituido por el padrón electoral que hasta el presente ha sido objeto de múltiples dudas y observaciones, pero que mediante diversas depuraciones habría quedado completamente saneado y por tanto apto para servir de base de nuevos procesos electorales, según el TSE. Gran noticia, gran consuelo, pero gran falacia.
Antes de enumerar las fallas estructurales del padrón es necesario destacar que tiene la misión de señalar quiénes tienen derecho a votar y dónde, ya que no sólo importa registrar qué personas tienen derecho a ser incluidas en el padrón, sino también la edad y el lugar de residencia. En la medida que el padrón cumpla con dichos alcances, podríamos decir que cumple la función que se espera de él. Velar por la inviolabilidad del padrón electoral es una parte sustancial de la misión del TSE. Pero vamos al fondo del asunto.
Acarreo de gente
Si tomamos al pie de la letra la aseveración de Salvador Romero, de que “la construcción del padrón electoral es un proceso público que no admite indicios sobre acarreo de gente”, debemos decir que es falsa de toda falsedad. El padrón electoral no sólo admite la posibilidad de planear y ejecutar legalmente el acarreo de gente, sino que está diseñado para facilitarlo, a fin de poner la democracia al servicio de los sectores más reacios a todo orden basado en leyes, por los siguientes hechos:
1. En Bolivia no existe un registro oficial de lugar de residencia de sus ciudadanos. Por tanto, tampoco existe una sanción por dar o usar una dirección inexistente o desactualizada. En este marco, es indispensable señalar que en muchos países existen dichos registros y leyes que regulan la actuación estatal. Por ejemplo, en el caso de Alemania existe la Ley de Registro Federal, por la cual los ciudadanos de ese país tienen el deber de registrar su dirección.
2. Tampoco existe en Bolivia la obligación de actualizar el registro en el padrón electoral, ni de comprobar la dirección. El “empadronamiento permanente” facilita la labor de cambiar de dirección en cualquier momento, sin la obligación de respaldar la nueva dirección del domicilio. En el caso de Alemania, todo cambio de residencia debe comunicarse en dos semanas (otros países dan un plazo mucho más breve) y los propietarios de las viviendas también tienen la obligación de informar cualquier cambio de domicilio de los ciudadanos.
3. En Bolivia, al momento de votar, no se usa el padrón electoral (las huellas biométricas) para constatar la identidad del elector, por lo que los jurados de mesa efectúan dicha identificación a “simple vista”, la que puede ser suficiente, siempre que exista la voluntad de identificar a cada ciudadano correctamente.
Estos tres puntos nos están mostrando que el padrón puede ser descaradamente usado para incluir en los procesos electorales a connacionales que no radican en la circunscripción en que votan y ni siquiera en el territorio nacional, y que todo lo que requieren hacer es cambiar su dirección en el padrón en el momento que lo requieran, sin necesidad que realmente se trasladen a vivir donde señalan y sin que tengan que comprobarlo.
Dicho todo ello, puede advertirse que el padrón se ha convertido en un territorio en disputa entre los residentes y la población electoral flotante. Ya sabemos que unos miles de votos pueden alterar profundamente los resultados, mucho más cuando en Bolivia tenemos un carnaval de circunscripciones electorales de todo tamaño. Esta es una de las tantas aberraciones electorales que contribuye a hacer de la democracia boliviana una democracia de muy baja intensidad, híbrida o casi líquida, como diría Bauman.
Prevención de riesgos
Por lo que venimos observando, no ponemos en duda el cumplimiento de las leyes por parte del TSE actual. Ese no es el problema, sino la forma en que actúa y las aplica. Según mi apreciación, su manera de hacerlo es:
- Timorata, deja pasar diversas violaciones electorales.
- No hace una labor de prevención de riesgos: no advierte al electorado de los peligros que se ciernen sobre la democracia, debido a que el padrón se ha convertido en un peligro por la falta de instrumentos de soporte que le brinden mucha más consistencia y lo conviertan en un instrumento confiable.
- No propone una reforma judicial que fortalezca el padrón y disponga que sea usado en el momento de emitir los votos: Se ha observado una suerte de flojera institucional, de incomprensión sobre la necesidad de fortalecer sus bases y cimientos. El padrón electoral pierde su capacidad de organizar procesos electorales si no puede controlar el lugar de residencias y se constituye en un instrumento cómplice, al servicio de los sectores que buscan apoderarse de la conducción del país, sin respetar la voluntad popular ni el Estado de derecho.
Por todo ello, es crucial reformar los marcos y condiciones que acompañan al Padrón Electoral y le dan su peso y consistencia. Con urgencia, se requiere:
- Promulgar una Ley de Registro Nacional.
- Efectuar una reinscripción general en el padrón electoral.
-Certificar el lugar de residencia, bajo sanción.
- Usar la identificación biométrica en las elecciones.
Es hora de regular la obligación de certificar el lugar de residencia, de verificarlo y actualizarlo constantemente. Y de dejar de contarnos cuentos chinos sobre la “inviolabilidad” o la perfección del padrón electoral. Es tiempo de asegurarnos que de que este registro juegue en el equipo de la democracia y no en los equipos contrarios.



