Medio: El Día
Fecha de la publicación: miércoles 21 de abril de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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De haber permitido que las hormonas del cocalero actúen con libertad (cosa que ocurre casi siempre), David Choquehuanca no hubiera sido incluido en la dupla del MAS para las elecciones de octubre de 2020. Evo Morales sólo admite chupamedias a su alrededor, individuos que le digan que sí a todo, incluyendo las locas aventuras que sepultaron su imagen, como el referéndum de 2016, la ridiculez de la reelección y los derechos humanos, el gigantesco fraude de 2019 y finalmente, su alocada huida del país, pensando que dos días después iba a ser traído en andas desde México.
Morales odia a Eva Copa porque ella es la mejor evidencia de que no hubo golpe de estado en el país. La exalcaldesa electa de El Alto fue la encargada de sellar la legalidad de la transición constitucional de noviembre de 2019 y ahora no tiene tapujos en llamar mentiroso y cobarde al ex presidente. De a poco ha ido largando algunos detalles sobre el modo cómo se negoció la huida del cocalero, cómo se pactó la renuncia de las demás autoridades y seguramente ella sabe al dedillo sobre el plan siniestro que habían diseñado para el retorno del “escapista”.
En su afán de purgar, de vengarse y de buscar lo imposible, Evo Morales ya le echó barro al gobierno de Luis Arce. En menos de seis meses lo ha dejado a la altura del lodo, tal como estaba cuando él era presidente y mucho peor, pues las estrepitosas derrotas del 7 de marzo y del 11 de abril le han provocado una herida irreparable.
Esas demostraciones deberían ser motivo de una reflexión profunda y honesta dentro del MAS sobre lo que está ocurriendo y decida tomar el toro por las astas, lo que equivale a admitir con sinceridad quién está sobrando, quién pone los palos en la rueda y quien perjudica en lugar de aportar. Y no es que nos interese el futuro del partido, para eso están ellos, sino que estamos hablando de quienes han ganado las elecciones generales, han asumido la conducción del país y tienen la obligación de hacerse cargo de los principales desafíos nacionales, como la gestión de la pandemia y de la reactivación económica, dos aspectos que están relegados, pues en primer lugar están los amores y los odios del cocalero, que ahora quiere borrar a cualquiera que hable mal de él.
El rumbo del MAS es autodestructivo y, por supuesto, altamente perjudicial para el país. Se trata de insistir en un partido fallido, en un plan que ya no funciona y en una forma de actuar que ya no convence. Si la agrupación quiere demostrar su patriotismo, si todavía cree que es una alternativa viable para el desarrollo de Bolivia y considera que puede aportar para salir de los graves problemas que nos aquejan, no tiene otra salida más que obedecer al pueblo, que le está señalando el camino correcto. A Morales no le gusta eso, él tiene la costumbre de desconocer el mandato soberano, quiere seguir la línea de Fidel, la ruta de Chávez, la vía del desastre.
En su afán de purgar, de vengarse y de buscar lo imposible, Evo Morales ya le echó barro al gobierno de Luis Arce. En menos de seis meses lo ha dejado a la altura del lodo, tal como estaba cuando él era presidente y mucho peor, pues las estrepitosas derrotas del 7 de marzo y del 11 de abril le han provocado una herida irreparable.



