Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: martes 20 de abril de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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La sociedad civil, la opinión pública de este atribulado país, se ha visto tristemente sorprendida con las nuevas violaciones a los derechos humanos perpetradas por el régimen del MAS. Todos, incluidos sus propios militantes, dirigentes y burócratas, miran estupefactos cómo se violan los más elementales derechos humanos y la dignidad humana con el único propósito de imponer un relato, una narrativa política que cambie los hechos, la realidad, la verdad por la mentira oficial.
En la forma de entender y vivir la política para ese minúsculo grupo que ha logrado incrustarse en la élite del MAS. Aspectos tan humanos y sociales que han tardado siglos en construirse y asentarse, como la cultura, los derechos humanos, la forma de relacionarse con la naturaleza de los indígenas de tierras bajas, las identidades culturales regionales, la democracia, la convivencia pacífica, los valores sociales y culturales, la historia, son minucias que se pueden modificar; insignificancias circunstanciales - como ellos dicen -, y no se cansan de repetir - y hacer repetir a su militancia y a los medios de comunicación - que son un producto del “colonialismo imperialista neoliberal, corrupto y asesino, de la cultura de la muerte, enemigo de la vida”. Por lo tanto, todos estos aspectos sociales e históricamente construidos se tienen que modificar y sustituir por otros; en síntesis, nos dicen que tenemos que cambiar nuestra forma de vida social por otra; ellos nos dirán cuál será esa forma y en qué consistirá esa nueva forma de vida social.
Todos estos cambios sociales y culturales no los podemos realizar por nosotros mismos porque somos una sociedad enferma, un “pueblo enfermo”, cuya mentalidad es colonizada, alienada y enajenada; adoramos lo externo y despreciamos lo propio, somos racistas, clasistas y machistas, por eso es que estos cambios deben ser impuestos por un partido fuerte y “hegemónico”, liderado por una élite firme y resuelta, decidida a imponer y “dirigir” estos cambios sociales. La sociedad civil, por su condición colonial y contradicciones propias, no puede hacerlo y menos el campo político, que al ser “un reflejo de la sociedad” prácticamente ha desaparecido.
Bajo esta forma de ver y entender la vida social y política boliviana se justifica (o atrapa) todo: la represión a los indígenas del Tipnis que defienden lo único que tienen; su hábitat; el encarcelamiento y persecución política a cívicos cruceños y benianos que proponían la autonomía; el encarcelamiento de la expresidenta Jeanine Añez, de exministros, ciudadanos, policías y militares, políticos de oposición, etcétera.
Esto constituye, brevemente descrito, los fundamentos ideológicos del terrorismo de Estado y la base moral e intrínsecamente corrupta de las prácticas políticas del régimen masista, que a estas alturas ya es una tradición. Como sociedad civil, como ciudadanos, desde la academia, el campo político, el mundo empresarial, nos toca frenar en seco esta ideología del terrorismo de Estado que cree que puede cambiar nuestra cultura e imponer su forma de entender la vida social.
Vasileiv Seoane Garcia es investigador social y autor de libros.



