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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 31 de marzo de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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Líderes de opinión en el país han escrito bastante sobre la necesidad de salir de la polarización actual. La dicotomía de buenos versus malos, gobierno versus oposición, o una región contra otra, más allá de ser dañina al tejido de nuestra sociedad, tampoco refleja la realidad vivida de bolivianos y bolivianas hoy. Sin embargo, muchas de las personas que hablan de salir de esta dicotomía enfermiza son luego prontas en atacar a quienes no comparten sus ideas, con adjetivos fuertes que deshumanizan a uno o más grupos.
Los llamados a salir de dicotomías o polarización en Bolivia deben venir acompañados con autocrítica. Pedir la unidad del país, pero luego seguir usando frases como “masistas ignorantes” o “pititas asesinos” es improductivo e hipócrita, ya que perpetúa el problema que se supone queremos solucionar. Sí, tenemos autoridades hoy de uno y otro partido que se benefician de narrativas de constante combate, ya sea de una guerrilla o una cruzada y, por lo tanto, empujan estos discursos. Pero si Bolivia desea salir de esta crisis social cómo lo hacemos, tenemos que dejar de actuar desde el ego.
Cuando miramos al mundo desde un lente de “yo soy bueno y ellos son todos malos”, eso es nuestro ego creando un falso sentimiento de superioridad. Estudios psicológicos demuestran cómo el ego necesita de un “enemigo” a quien enfrentarse para seguir creciendo. Es peligroso caer en ese falso sentimiento de superioridad porque nos nubla el análisis y crea ilusiones basadas en emociones (no en hechos) sólo para preservar el ego. En otras palabras: el ego se beneficia de creer que esta es una batalla de un bando (el mío, bueno) contra otro (ellos malos). Nada más lejos de la realidad boliviana, que es tan compleja, tan rica en matices y plural.
Es fácil para un líder político apelar a ese ego para ganarse votos. Pocas veces el apoyo a un partido o bando político es tan duro como cuando hay una amenaza externa a sus miembros. Lo hemos visto cuando el MAS se reunificó durante la torpe gestión de Murillo. Lo vimos cuando algunos partidos apelaron al regionalismo para subir sus votos en las elecciones pasadas. El problema es que muchos de esos líderes políticos no notaron que aunque dividir la sociedad hoy les suba votos, a la larga les quita la posibilidad de tener una ciudadanía unida y vibrante frente a intentos autoritarios de consolidar el poder, que pueden decantar en la persecución de ellos mismos. El predominio del ego sobre el análisis de la realidad hace que líderes políticos narcisistas se den tiros en el pie.
Y en este debate sobre cómo salir de dicotomías, los líderes de la sociedad civil debemos asumir la autocrítica que corresponde: comportémonos con la dignidad que exigimos. Es una vergüenza ver a quienes se consideran líderes políticos exponiendo sus argumentos a base de adjetivos e insultos: “ignorantes”, “salvajes”, “basura”. Tal comportamiento muestra inmadurez política y poco entendimiento de dónde yace el verdadero problema. Se le hace un daño muy grande a la democracia en Bolivia cuando se la defiende a base de insultos y no de las leyes establecidas en la Constitución.
Debemos hacer hincapié en la necesidad de cambiar ese discurso ególatra y divisivo incluso en líderes de sociedad civil y no sólo en los partidos, porque las redes sociales magnifican la llegada de muchos opinólogos e influencers que hablan de igual forma. Si queremos dejar de ser la sociedad víctima de los abusos de sus líderes ególatras, tenemos que empezar valorando nuestro propio análisis y no repitiendo lo que esos líderes ególatras dicen.
Estos años de tensión y conflictos ya nos han comprobado que a base de insultos en redes no solucionamos ni sanamos nada. El día que nuestra autoestima como bolivianos y bolivianas acepte y refleje el valor que realmente tenemos, que es muy alto, dejaremos de enmascarar esa baja autoestima con líderes políticos que acarician nuestro ego y nos dividen en el proceso.



