
Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: lunes 29 de marzo de 2021
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones subnacionales
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María Mena M. / Cochabamba
“Con el resultado de las elecciones se va a generar una situación difícil de gobernabilidad y inestabilidad. Hay una actitud, sobre todo después de las subnacionales, adversa por parte del Gobierno a generar espacios de concertación”, dice la analista María Teresa Zegada respecto al panorama que les espera a los partidos opositores que ganaron seis de las 47 alcaldías de Cochabamba.
El MAS se consolidó como la primera fuerza política de Cochabamba al ganar en 41 municipios. Sin embargo, en las ciudades más emblemáticas y pobladas, Cercado y Quillacollo, el poder edil está en manos de la oposición.
Según los resultados del Tribunal Departamental Electoral (TED) de Cochabamba, en Cercado ganó la alianza Súmate con más del 55%; en el municipio de Quillacollo, Unidad Nacional de Esperanza (UNE) con 35,82%; en Colcapirhua, Comunidad Ciudadana (CC) con 25,47%; en Villa Rivero, la agrupación Jesuca con 49%; en Cliza, el Movimiento Tercer Sistema (MTS) con 37% y en Tacachi, el Frente Para la Victoria (FPV) con más del 36%.
El voto cruzado
Un factor determinante para la inestabilidad e ingobernabilidad municipal, según Zegada, es que no todos los partidos opositores que ganaron alcaldías tendrán la mayoría en los concejos ediles debido al voto cruzado.
“Hay varios municipios, sobre todo en las ciudades capitales e intermedias, donde ha ganado la oposición, pero también ha habido situaciones de voto cruzado, por lo tanto, no hay una linealidad entre el éxito electoral de un alcalde y el acompañamiento de sus concejales. Esto ya se vio en otros procesos y genera muchísimos problemas. Incluso, genera inestabilidad en la gestión de la alcaldía porque suelen primar intereses políticos partidarios antes que los del propio municipio”, dijo la analista cochabambina.
En el caso de Colcapirhua, ganó el opositor Nelson Gallinate de CC, pero el MAS obtuvo más concejalías en el legislativo edil. De los nueve concejales, tres son del MAS, dos de CC, otros dos de Súmate, uno de MTS y uno de Unidad Cívica Solidaridad (UCS).
Lo mismo sucede en Villa Rivero, donde ganó Jesuca pero tiene sólo dos concejales, mientras que el partido azul tiene la mayoría con tres legisladores ediles.

En Cliza pasó algo diferente. En ese municipio del Valle Alto ganó el MTS, pero solo consiguió dos concejales, la mayoría de los escaños los tiene otro partido opositor, UPC, con tres representantes, mientras que el MAS tiene dos.
En los municipios de Quillacollo y Tacachi ningún partido obtuvo la mayoría. En la primera región ganó Héctor Cartagena de UNE, pero no logró la mayoría en el Concejo, ya que de los 11 concejales, tiene cinco, mientras que el MAS también ganó cinco y Súmate uno. En Tacachi dos concejales son del MTS, dos del MAS y uno de FPV.
Sólo en el municipio de Cercado la agrupación Súmate, de Manfred Reyes Villa, logró la mayoría de los escaños en el órgano deliberante con siete concejales, en tanto que el MAS obtuvo cuatro concejales.
Sin embargo, la mayoría de Súmate en el Concejo, a criterio de Zegada, podría “obstaculizar” la gestión municipal porque se carecería de fiscalización. En cambio, en las regiones donde el Ejecutivo está conformado por diferentes partidos se deberá acudir a las vías del “diálogo” y la “concertación” para la toma de decisiones.
Esta polarización en la conformación de los concejos donde ganaron partidos opositores, además de generar inestabilidad e ingobernabilidad, puede llevar a una pugna de poderes, advierte el analista Roberto Laserna.
“Si las pugnas por el poder absorben la labor de las autoridades a tal punto que no puedan cumplir con la gente, lo más probable es que sus gestiones sean entorpecidas por la agitación y las protestas. Es un panorama muy preocupante para los partidos opositores”, sostiene Laserna.
El rol del MAS
En la “sombra” de ingobernabilidad e inestabilidad municipal tiene mucho que ver el rol del partido oficialista que impulsa un discurso de división y confrontación a la oposición, dice Zegada.
La analista recuerda las palabras del vicepresidente de Bolivia, David Choquehuanca, en su posesión en noviembre pasado, cuando se refirió a un “equilibrio entre el ala derecha y el ala izquierda” y reprochó la “violencia y desestabilización” del gobierno transitorio. Ese discurso fue calificado de “conciliador” después de la convulsión social de 2019 y los efectos de la pandemia del coronavirus.
Sin embargo -apunta Zegada- ese mensaje quedó en el discurso. “Hay una actitud adversa del Gobierno en generar espacios de concertación. Inclusive, en las campañas electorales han dicho a las poblaciones que si votan por el MAS el Gobierno los va a ayudar, pero si votan por la oposición, olvídense de los proyectos y la ejecución de obras. Hay una suerte de confrontación que se genera desde el Gobierno central contra aquellos líderes opositores. No hay mucho optimismo respecto a que se pueda generar un escenario de gobernabilidad”, lamenta la analista.
Por pugnas de poder y procesos por corrupción
Cercado y Quillacollo, los más inestables en gestión municipal
Cercado y Quillacollo son las ciudades más pobladas de Cochabamba. Son también los municipios más conflictivos e inestables en gestión municipal por la serie de eventos de ingobernabilidad, pugnas de poder y denuncias de corrupción que vivieron en los últimos años.
Después de las elecciones subnacionales, el poder edil de ambos municipios está en manos de partidos opositores: Súmate en Cercado y UNE en Quillacollo.

“Los municipios más emblemáticos por inconsistencias internas son Cercado y Quillacollo (…). Se caracterizan por la ingobernabilidad e inestabilidad debido al cambio de alcaldes e interinatos que perjudican a la gestión”, dice la analista María Teresa Zegada.
En Cercado, en 2015 José María Leyes ganó la Alcaldía con del partido opositor Movimiento Demócrata Social con más del 56% de los votos, dejando atrás al MAS. Sin embargo, la gestión de Leyes no fue continua y estuvo empañada por diversas denuncias de corrupción por las que el alcalde fue recluido preventivamente en un penal de Cochabamba.
Actualmente, Leyes enfrenta 17 procesos penales, entre los que destacan los casos Mochilas I, II y III; Cámaras I y II; la compra ficticia de vehículos para la Policía y las adquisiciones irregulares de morrales y comida para policías y militares.
En 9 de marzo de 2021, el Concejo edil restituyó a Leyes como alcalde después de cinco meses de suspensión por las denuncias en su contra. Dos semanas después, el 24 de marzo, el burgomaestre presentó su renuncia irrevocable luego de que quedara revocada la resolución que lo restituía.
“Hubo corrupción (en la gestión de Leyes) y no solo en el caso de las mochilas”, dijo el alcalde electo de Cercado, Manfred Reyes Villa a Página Siete.
En el caso de Quillacollo, la gestión municipal se vio empeñada por la presión interna que ejercía el partido azul y el cambio de alcaldes. En menos de tres años cinco autoridades asumieron interinamente la silla edil.
En 2018, Eduardo Mérida fue destituido y luego recluido en un penal acusado de falsificar su libreta militar. Zacarías Jayta lo remplazó en el cargo, luego asumió Antonio Montaño, después Willy López, Héctor Montaño, Angelina Zeballos y actualmente Héctor Montaño volvió a ser designado como burgomaestre.
Quillacollo es el municipio con más cambios de autoridades del ejecutivo y legislativo edil de todo el departamento cochabambino.
La verticalidad y el “dedazo” debilitan al MAS en el Chapare
El MAS consolidó su primacía en los cinco municipios del trópico cochabambino. No obstante, en algunas de estas regiones hay descontento por candidatos impuestos, advierten analistas.

“Se ha generado un escenario de descontento en ciertos municipios del Chapare por esta verticalidad en la elección de algunos candidatos del MAS”, asegura la analista María Teresa Zegada.
Según los resultados oficiales, en Villa Tunari el partido azul obtuvo el 100% de votación; en Puerto Villarroel ganó con el 90,72%; en Chimoré con el 85,37%; en Entre Ríos con el 84,07% y en Shinahota con el 89,65%. En Entre Ríos y Chimoré MTS obtuvo un escaño.
La silla que le lanzaron a Evo Morales -en un ampliado en diciembre de 2020 en la localidad de Lauca Ñ (Shinahota) cuando se elegía la lista de los candidatos- evidenció la disconformidad de algunos militantes del Chapare con las decisiones “verticales” del líder del MAS.
“No sé la suerte que corrió quien se expresó de esa manera violenta, pero no creo que fuera una acción aislada y puramente individual”, asegura el analista Roberto Laserna.
Zegada menciona otro hecho registrado en el periodo preelectoral de las subnacionales de 2015 en Shinaota.
“Fue un caso debatido y público. En Shinaota, la población eligió unos candidatos y Evo Morales (entonces era presidente de Bolivia) eligió a otros. Hubo conflictos internos porque no a respetó la decisión de las bases. Finalmente fueron sancionados por el partido de forma vertical. No es el único caso”, dice.
Otro factor, aunque no determinante según Zegada, es que a diferencia de otros comicios en las últimas subnacionales en el Chapare se presentaron partidos de la oposición.
La campaña electoral en esa región estuvo marcada por la violencia porque los militantes del partido azul rechazaban la presencia de otras agrupaciones políticas. El MT y Pan-Bol registraron candidatos en cuatro de los cinco municipios del trópico: Villa Tunari, Chimoré, Puerto Villarroel y Entre Ríos. En Shinaota había la intención de postular a un candidato opositor, pero por presión y amenazas obligaron al postulante desistir .
Pan-Bol denunció los actos violentos al Defensor del Pueblo y al TED Cochabamba, pero a la fecha el proceso no avanzó.



